AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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9.4. La población y la Revolución Industrial

En lo que podemos denominar “siglo XVIII ampliado” (1680/1820), Inglaterra:

a- había pasado de 5 millones a 11, 5 millones de almas (1992: 321);

b- tenía, en 1.680, el 22 por ciento de la población gala y el 38 % de la cantidad de habitantes franceses en 1820;

c- había crecido un 139 por ciento, mientras que Francia apenas un 39 % y Holanda un 8 por ciento.

Si tenemos en mente que Holanda y la vieja Galia eran las potencias rectoras en la Europa del siglo XVII, la espectacular expansión demográfica insular señalaba un fenómeno significativo. Sin embargo, frente a él no se tiene que creer que la esperanza de vida había sufrido importantes mejoras debidas f. e., a una mayor preocupación por la sanidad colectiva o por conocimientos médicos más eficaces. La tendencia secular era, sin duda, positiva, pero muy leve; la mortalidad no había retrocedido demasiado (1992: 322).

En cuanto a los nexos entre nupcialidad y curva de los salarios, no se puede afirmar simplemente que a una mejora en la renta había una mayor propensión al casamiento. F. i., la “protoindustrialización” y la proletarización consecuente, que supusieron un alza en los ingresos, no acentuaron el deseo de matrimoniarse (1992: 323). No obstante, en la Inglaterra pre/industrial o pre-moderna, había una interrelación negativa entre salarios, precios y casamientos, dado que si los ingresos eran buenos, la población se abultaba, los valores se disparaban y las rentas disminuían su poder adquisitivo (1992: 323/324).

El gráfico que sigue trata de diagramar lo precedente (1992: 324):

En general, las variables del recuadro interno punteado y las pertenecientes al recuadro externo tienen entre sí un feedback negativo. En las economías pre-industriales, el abandono de un estado inicial de equilibrio (por ejemplo, a causa de una mejora en los ingresos) reestablece el statu quo previo.

La interacción entre volumen de población, precio de los alimentos y mortalidad esquematiza un mecanismo de freno al crecimiento de tipo malthusiano y propio de localidades demasiado empobrecidas. El círculo interno de enlaces, describe una estrategia alternativa para solucionar las tensiones entre abultamiento demográfico y bienestar particular: en lugar de una elevación de la mortalidad, se reduce el número de casamientos o bien, si aumenta, se merma la fecundidad al interior de la pareja. Al contrario de la otra vía, que es atribuible a las sociedades no industriales, la última alternativa fue la que llevó adelante la Inglaterra del ‘800 (1992: 324, nota 24 de p. 394).

El sistema de retroinfluencias era homeostático en el nivel de la larga duración, ya que el ajuste del desequilibrio era muy lento, complejo y zigzagueante. De allí que a los contemporáneos les pareciera más perceptible el quiebre que la estabilidad (1992: 325).

Ahora bien, tal cual lo hemos repetido ya el grado de transformaciones y la magnitud del despegue económico, que le permitió a la isla generar una multiplicidad de bienes y servicios, fueron suficientes como para sostener una población en ascenso sin sacrificar el nivel de vida (1992: 326). Es decir, se rompieron los vínculos casi insuperables entre elevación del número de individuos y precios, y entre expansión demográfica y curva de las rentas. Pero otros elementos del viejo modelo continuaron hasta más allá de la segunda mitad del siglo XIX. Por ejemplo, el porcentaje de matrimonios y de nacimientos siguió de cerca el poder adquisitivo de los salarios (1992: 327).

9.5. Conclusión

El quiebre de los nexos de “hierro” mencionados supra, que conducía a que un periodo de progreso le siguiera uno de catástrofe (1992: 329) y a que actuara la ley de los rendimientos decrecientes (1992: 329/330, nota 48 de p. 330), ocasionó que el matrimonio se convirtiera en una bisagra clave y que tuviera un protagonismo más amplio que el de un mero factor demográfico (1992: 328-329).

El desarrollo poblacional se debió al número significativo de nuevas parejas (1992: 327-328). Sin embargo, esta tendencia no reflejaba una alteración de envergadura respecto al modo en que los jóvenes retrasaban las nupcias, etc.; indicaba que los incentivos para casarse aumentaban, mientras los escollos se reducían (1992: 328). Datos de esta naturaleza pueden contribuir a enfocar con más detalle las intrincadas relaciones entre población y economía.