AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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4.3. La fuerza del vapor

Pero las radicales alteraciones en las vías de transporte y la constitución de un mercado interno unificado no agotan un proceso industrializador. En efecto, el despliegue de una economía industrializada es más que una mejora de las comunicaciones y que la posibilidad de huir de las restricciones, que padecían los procesos productivos y que imponían las materias primas orgánicas (1992: 124).

Las máquinas de Savery y de Newcomen ya mencionadas (cf. supra) fueron esencialmente máquinas de bombeo, por lo que su campo más adecuado de aplicación era la minería. Por otra parte, la fuente de energía era el mineral que tanto se necesitaba entonces: tales máquinas son resultado de la “edad del carbón” más que de una “edad de la madera”. De hecho, en poco tiempo comenzaron a ser usadas para la expansión continua de la extracción en las minas (1992: 125, 130/131); desde allí su uso se multiplicó. Empero, esto motivó que se hicieran imprescindibles mejoras: la máquina de Watt le otorgó al vapor un relieve que empequeñecía la cantidad de energía que eran capaces de suscitar madera, animales, hombres y mecanismos hidráulicos (1992: 125-126).

4.4. La industria del algodón como caso paradigmático

La industria en juego tuvo las siguientes características:

a- creció mientras continuaba utilizando la energía tradicional en boga;

b- fue la primera rama productiva que se organizó en fábricas, suscitando poblaciones urbanas que vivían un tiempo alejado de los ciclos agrícolas, en una intensa red de intercambios y abiertas a la información proveniente de otros lugares del mundo;

c- la necesidad imperiosa de ensanchar el mercado aumentando la escala de la producción y estimulando la demanda, condujo a que las invenciones técnicas se adoptaran con celeridad;

d- los trabajadores eran empujados a especializarse y forzados a mantener un ritmo de producción;

e- el precio del artículo acabado descendió estimulando el consumo;

f- ninguna otra actividad amplió su escala de ventas como la del algodón (1992: 126).

Sin embargo, la nueva situación en el transporte y en el uso de energía no estuvo enlazada con la industria algodonera (1992: 127). El movimiento del algodón en bruto se medía por millones de libras y tenía un valor más alto que el mismo peso de carbón, de forma que podía soportar elevados costos de transporte (recién hacia 1800 se llegaron a producir 50 millones de libras ó 23.000 toneladas). Por lo demás, las ínfimas mejoras bastaron para impulsar la maquinaria típica de la industria hasta fines del siglo XVIII. De ahí que en el fondo, la industria algodonera haya sido la profundización de un camino tradicional antes que la inauguración de un camino inédito (1992: 128). F. i., el empleo de la energía hidráulica en el tejido y el agrupamiento de trabajadores textiles en un mismo edificio no eran cosas desconocidas antes del siglo XVIII. Por ello, la industria que se adentra en una vertiente de desarrollo insospechado es la del carbón por cuanto supone un cambio verdaderamente radical en el tipo de energía en escena (1992: 129). Así, lo que parece haber ocurrido es que, mientras el sector algodonero podía iniciar una expansión significativa sin alterar su base energética, otras ramas industriales debieron iniciar enormes modificaciones técnicas que luego redundaron en beneficio de una industria que al principio, se había mostrado conservadora. No obstante, los estudios de Marx y los de Thompson, indican que las ramas de actividad que fueron las que comenzaron a alterar sustantivamente los ritmos de génesis de valores de uso, fueron las industrias de la seda, las del algodón y el hilado en general, y la del vidrio.

4.5. Las comparaciones con el continente

Tradicionalmente, se han resaltado las diferencias entre la isla y el resto de Europa; no obstante, quizá sea ocasión de destacar sus semejanzas (1992: 130). Vg., la Bélgica del siglo XVIII contaba con una producción carbonífera análoga a la inglesa del mismo período. El sistema Sambre/Mosa hizo factible el desarrollo de un mercado amplio en fecha temprana; a fines de siglo, las minas se excavaban a grandes profundidades, utilizando máquinas Newcomen; a principios del siglo XIX, interviene la máquina de vapor para subir carbón, hombres y bombear agua; etc. Pero Bélgica no se conformó con importar los resultados británicos; también realizó innovaciones muy avanzadas. F. e., la iluminación de gas se empleaba en las fábricas en 1819; ya existían hornos capaces de resistir elevadísimas temperaturas; etc. (1992: 131). Otros lugares, como la región francesa de St. Étienne, mostraron rasgos similares.

Empero, acaso no haya que comparar Inglaterra como un todo con el resto de Europa sin más. El grado de integración alcanzado por el capitalismo no era tanto que se hubiera superado el fraccionamiento de las distintas regiones económicas. Por ende, la comparación justa es más bien entre tal o cual zona inglesa, con tal o cual región europea o incluso británica (1992: 132).