AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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8.3. La cronología del matrimonio

Otro de los puntos de partida para armar los cuadros anteriores es que los porcentajes a favor o en contra expresaban la proporción en que una generación se redujo. Al mismo tiempo, tales porcentajes también indican la edad promedio de un varón al casarse. Por lo demás, la esperanza de vida del padre era igual a dichas cantidades. En el cuadro correspondiente a la posibilidad general de 1 a favor y 2 en contra (3 en total), la generación anterior se redujo, para el caso de una heredera mujer y de una familia de 4 hijos, en un 20 por ciento. De esta suerte, la edad promedio de un varón al contraer matrimonio era de 20 años y la esperanza de vida del padre era también de 2 (dos) décadas.

Pero en los hechos, la igualdad entre la esperanza de vida del padre y la edad promedio para la constitución de una pareja no tienen por qué ser iguales. Cuando la edad media para contraer nupcias es temprana en comparación con la esperanza de vida paterna, el número de matrimonios de la generación más joven será superior a la de la precedente. En consecuencia, se gestará una población mayor. Si la edad para formar un núcleo parental es más alta que la esperanza de vida del cabeza de familia, el número de nupcias de la generación joven será menor al de la anterior. Por consiguiente, habrá una población menos expansiva (1992: 277). Este caso es propio de situaciones en las que las expectativas de vida son considerables y en las que la mortalidad es baja: el matrimonio de los hijos se pospone (1992: 279). El retraso en la búsqueda de una pareja en los varones podía ir acompañado de un retraso similar en las mujeres, de manera que se controlaba la fecundidad en la cantidad capaz de evitar la sobrepoblación y sin tener que recurrir a métodos anticonceptivos dentro del matrimonio (1992: 280). Este panorama es atribuible a una población que responda a la posibilidad general, ordenada en el segundo cuadro, de 1 a favor y 1 en contra que se vincula con la que no es típica de las sociedades pre-modernas (1992: 281).

Empero, lo que advertimos con estos datos es que existe un mecanismo demográfico interno, homeostático de regulación según el cual una cantidad dada de habitantes se conserva en derredor de ciertos límites sin dar grandes saltos. Por ende, en las sociedades pre/industriales no intervienen necesariamente mecanismos externos de equilibrio, del tono de las graves y penosas crisis malthusianas de subsistencia (1992: 280).

En la población con probabilidad general de 1 a favor y 2 en contra, que corresponde al primer cuadro, observamos una elevada mortalidad, poca esperanza de vida, una elevada tasa de fecundidad, a los fines de compensar los decesos, y un fallecimiento del padre relativamente temprano mientras los hijos son todavía muy jóvenes para casarse (1992: 281). En una población de esta clase, el cabeza de familia muere alrededor de los 30 años y los descendientes contraen nupcias a los 16. Hombres y mujeres se emparejan poco después de alcanzar la madurez sexual y conviven mucho antes del deceso de sus padres, lo que da por resultado una familia extensa en la que hay varias generaciones (1992: 282). En dicha lógica poblacional, es imposible el mayorazgo y se practica la regla de la “ultimogenitura” (1992: 283).

En una dinámica que es la antípoda de la descrita en las oraciones anteriores, que corresponde a la población cuya probabilidad general es de 2 a favor y 1 en contra (ordenada en el tercer cuadro), la tasa de mortalidad es baja, existe una esperanza de vida alta, una moderada tasa de fecundidad, puesto que no es necesario compensar con urgencia los fallecimientos, y una muerte del padre tardía, lo que retrasa la edad de matrimonio (1992: 283-283). La mayoría de las localidades con esta lógica poblacional son lugares ricos, pudiéndose permitir el lujo de que las parejas recién constituidas vivan en sus propios hogares.

Entre los casos demográficos analizados existen situaciones más complejas y variadas, pero todos ellos demuestran que en las sociedades pre/industriales, los cabezas de familia tenían que encontrar un medio de asegurar un heredero varón y esquivar el peligro de una numerosa descendencia que provocara la subdivisión del patrimonio (1992: 283).