AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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7.5. Conclusiones

Prosiguiendo con los contrastes, Inglaterra había incrementado su productividad un 75 por ciento entre 1600 y 1700. Entre mediados del siglo XVI y comienzos del XIX, la población británica se elevó un 280 %, en contraste con países como Alemania, Francia, Holanda, España e Italia que crecieron sólo entre un 50 y 80 por ciento (1992: 262/263). La parte principal del incremento global en la isla acaeció entre los habitantes que vivían al margen de la agricultura.

El estímulo al despegue económico inglés tiene sin duda, un estrecho vínculo con el formidable crecimiento de Londres (1992: 264). El efecto conjunto de la productividad en aumento, la urbanización, los intercambios comerciales, los medios de transporte, el crédito, y la diferenciación de bienes y servicios, incidió en la gran expansión de la actividad rural no agrícola. La expansión del sector secundario en el campo no fue un obstáculo para el crecimiento citadino, como fue el caso de las urbes en el continente (1992: 265).

La cantidad de gente que habitaba en el campo era:

a- en 1500 y en Inglaterra y Francia, de 100, 72 vivían en las zonas rurales y de ese grupo, 56 trabajaban la tierra;

b- en el mismo período, en Holanda, de 100, 72 personas se establecían en el campo y de ese conjunto, 50 laboraban la tierra;

c- en el siglo XVII, en Inglaterra, de 100, 72 individuos habitaban en el campo y de ellos, 31 personas se atareaban en la tierra;

d- en el ‘600, no hay registros ni para Holanda ni para Francia;

e- en 1700 y en la isla, de 100 personas, 72 se afincaban en las zonas no urbanas y de ese grupo, 30 se dedicaban a la tierra;

f- para el siglo XVIII, no hay cálculos referidos a Holanda y Francia;

g- en 1800 y en Inglaterra, de 100, 72 individuos vivían en regiones campestres y de esa muestra, 36 se atareaban en el sector primario;

h- para el siglo ‘800, en Francia, de 100 individuos, 51 preferían el campo y de ellos, 36 personas laboraban la tierra. En Holanda, de 100 personas, 44 vivían en espacios abiertos y de ese conjunto 26 individuos se atareaban en el trabajo de la tierra.

Durante el siglo XVIII, la jerarquía urbana de Inglaterra sufrió un completo trastorno a raíz de que las nuevas ciudades industriales (Sanderland, Liverpool, Manchester) y los puertos del norte se abrieron camino en desmedro de los centros más antiguos (1992: 264).

Ahora bien, ¿cómo fue que la ley ricardiana de los rendimientos decrecientes en las inversiones de capital y trabajo en la agricultura, pudo ser sorteada permitiendo el “boom” en la productividad de la tierra? (1992: 266/267). Una posible respuesta son las innovaciones técnicas y los métodos eficaces de cultivo que ocasionan que, con idéntico trabajo y capital, una parcela genere más bienes. Pero aunque esto pueda ser lógicamente consistente, no fue históricamente necesario debido a que las modificaciones adecuadas no siempre llegaban cuando era oportuno (1992: 267). Tal vez parte de la respuesta sea la relación regular, uniforme e inhibidora entre el crecimiento demográfico y el nivel de los precios de los alimentos: al tiempo que impedía una dinámica malthusiana, favorecía la estabilidad de los salarios, el consumo y por ende, las inversiones. Empero, lo más plausible es que la solución del enigma se encuentre en las características estructurales del conjunto. El economista E. Boserup argumentó que una salida de la ley ricardiana es imaginar un aumento demográfico que eleva la productividad anual per cápita. Pero la contrapartida es que se reducen las horas laboradas al año (1992: nota 52 de p. 268). Por ello, hay que sugerir que lo que tiene que elevarse de modo sustancial es la productividad por hora, junto a una reducción de los períodos en los que el trabajo es poco intensivo, escaso o nulo.