AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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10.3. ¿Hubo limitación de nacimientos?

A pesar de que así lo hemos asumido, las pruebas no son decisivas por sí solas de manera que se vuelve imprescindible una argumentación en profundidad (1992: 357). En primera instancia, porque modificaciones en la fecundidad no implican restricciones en los alumbramientos. Por consiguiente, no sólo hay que mostrar que palpita una correlación entre ambos factores sino que anida un nexo causal (1992: 358).

En segundo término, si negamos dicha alternativa habría que imaginar f. i., que intervino una catástrofe económica de proporciones al punto de afectar la fecundidad, sea por desnutrición de las mujeres, sea por carencia de los elementos impostergables para una fertilidad elevada. Esta posibilidad podría explicar incluso por qué hacia fines del siglo XVII la mortalidad infantil fue aguda (1992: 357, nota 25 de p. 357, nota 28 de p. 359). Sin embargo, la hipótesis tiene algunos defectos. Por ejemplo, un cambio económico que provocara alteraciones tan sustanciales requiere de cierto ritmo y no puede actuar tan veloz (1992: 358). Otra insuficiencia consiste en que al menos un buen porcentaje de localidades tendría que verse afectada por la supuesta crisis; empero, lugares más o menos próximos a Colyton no muestran un descenso tan perceptible de la fecundidad en el mismo período constatado. Ahora bien, la retracción existió; las series de trigo de Exeter indican que en esta región la vida era cara y los precios abultados coinciden con la baja en nacimientos. De modo que, aunque no poseemos datos acerca de la situación económica en Colyton, es dable postular que pudo haber sido un poco mejor o peor que en el condado o en el conjunto de la isla (1992: nota 28 de p. 359).

En tercer lugar, si creemos junto con Malthus que la “pasión entre lo sexos” fue permanente a lo largo de la historia, entonces la frecuencia de contacto entre las parejas, sin los métodos químicos y mecánicos de control de nacimientos, tendría que haber más hijos de los que se alumbraron (1992: 359).

Cuarto, existe una desconcertante coincidencia entre la caída en la fecundidad y el incremento de la mortalidad infantil.

Sin embargo, a pesar de los reparos no se puede aceptar la idea de que las sociedades pre-industriales no fueran capaces de ninguna estrategia para regular el alumbramiento. Vastos estudios (1992: 359, 368) demostraron que en colectivos con un bajo despliegue de cultura material (como en caso de poblaciones rurales indias contemporáneas –1992: 358), inciden fuertes prejuicios o tabúes sobre las relaciones sexuales durante el matrimonio (1992: 359, 427, nota 54 de p. 427), llegándose a practicar el aborto, la adopción o el infanticidio (1992: 359, nota 51 de p. 427). Por añadidura, en dichas comunidades el delicado equilibrio entre cantidad de habitantes, recursos y deterioro del ecosistema se restablece de forma malthusiana (1992: 360/362, 368), id est, por fallecimientos o, entre otros mecanismos, por una natalidad encorsetada; en definitiva, de modo exógeno (1992: nota 32 de p. 362).

Otra manera de controlar la natalidad son las prácticas sexuales mismas (coitus interruptus o reservatus –1992: 363/364). Puede considerarse que tales métodos estaban disponibles desde muchos siglos antes en toda Europa (1992: 363, nota 35 de p. 363, nota 37 de p. 364) y que sólo se requerían los desencadenantes para utilizarlos.