AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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Tercera Parte: Población: matrimonio y reproducción

8. Estrategias individual y colectiva ante la fecundidad

Wrigley se propone examinar los efectos relativos al número de hijos sobre el destino de una familia y de forma general, las consecuencias de los niveles de fecundidad sobre lo comunitario (1992: 217).

8.1. Racionalidad inconsciente

Denominamos “racionalidad inconsciente” a patrones de conducta que se siguen para proteger al colectivo de factores externos e internos, que lo coloquen en peligro de supervivencia en tanto que grupo. Qué duda cabe que tales estándares tienen que ser respaldados por una “racionalidad consciente” (1992: 272).

Consideramos que el tema de los patrones de orientación de la praxis, puede completar el enfoque clásico. Recordemos que Sir Robert Malthus postulaba que las poblaciones se abultan de modo irrefrenable, a no ser que existieran factores exteriores que las cercaran. Pero la “racionalidad” suscita formas de comportamiento que aseguran la estabilidad del “stock” demográfico (1992: 274).

En las sociedades pre-industriales parece haber sido una cuestión de “racionalidad inconsciente” que entre un nacimiento y otro haya existido un lapso de por lo menos 2 (dos) años. De igual modo, las familias de 10 (diez) miembros eran muy raras (1992: 273). Asimismo, las pautas de casamiento en la alta nobleza de Inglaterra eran diferentes a las costumbres de los grupos subalternos: la edad de las mujeres para el compromiso fue baja en el siglo XVI y se elevó poco a poco hasta que, a fines del siglo XVIII, constituían familia mucho más tarde que sus otras congéneres (1992: nota 47 en pp. 328/329).

En otro orden de cosas, la fecundidad natural, que consiste en que el número de hijos ya nacidos no afecta las probabilidades de un nuevo alumbramiento (1992: nota 4 de p. 273), puede ser más baja que la mortalidad mínima, es decir, que el porcentaje de embarazos puede ser menor que la cantidad de fallecidos al nacer o en los primeros años de vida (en realidad, la característica de la especie Homo es que su tasa de fecundidad natural es modesta en comparación con el resto de los animales). Ahora bien, lo que sucedió en algunos de los colectivos pre-industriales es que la fecundidad natural fue menor que la tasa de mortalidad. Aquéllos hubieran entrado en peligro si no hubiesen recibido un continuo aporte de personas. No obstante, en la mayoría de las comunidades en liza el nivel de fecundidad fue suficiente, sin que acarreara el peligro de una “crisis malthusiana”.

Empero, lo que sí es evidente es que cuando la tasa de mortalidad crecía era porque la cantidad de individuos existentes tendía a volver más difícil la satisfacción de las necesidades alimentarias, y en virtud de que la exposición a las enfermedades con riesgo de fenecimiento aumenta con la densidad (1992: 273).