AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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9.3. El marco general

Parece que los cultivadores alemanes y noruegos de los siglos XVIII y XIX, eran más propensos a contraer nupcias en edades más tempranas que los trabajadores. El contraste era más acusado en las edades de las esposas, las cuales eran muy jóvenes en el caso de los que realizaban tareas rurales (1992: nota 34 en p. 313). Quizá esto marque una tendencia: la mayoría de los hijos en edad de casarse preferían esperar y asegurar primero su éxito económico (1992: 313).

Simplificando los procesos, es viable creer que:

a- hubo una estrecho vínculo entre el comportamiento secular de los precios y el ritmo de crecimiento demográfico desde el siglo XVI hasta principios del XIX;

b- el costo de vida era estable si la población no se incrementaba en el mismo ritmo que el alza de precios;

c- igualmente, el poder adquisitivo de los salarios no se deterioraba.

Por ende, los jóvenes en edad de matrimoniarse gustaban retrasar el compromiso.

A fines del siglo XVIII y a partir de la Revolución Industrial, existe un corte entre el comportamiento de las variables demográficas, las tendencias en los precios y el movimiento de los salarios: a pesar del abultamiento del número de habitantes, los precios no se dispararon ni se contrajeron las rentas (1992: 315). Sin embargo, podía ocurrir que el casamiento se decidiera según el contexto general y particular de prosperidad. A veces, los descendientes en edad de formar pareja la constituían sin barreras (1992: 315, 322); otras, la situación económica imperante los desalentaba, de modo que muchos esperaban largo tiempo o incluso permanecían solteros.

Es decir, matrimonio y mercado operaron en Albión para que población y recursos disponibles pudieran tener tal dinámica, que se expresaran en un nivel de vida más o menos óptimo (1992: 320). Había un conjunto de condiciones económicas y de convenciones sociales en Inglaterra, que ocasionaban que las tasas de casamiento y evolución de las rentas (o más ampliamente, nivel de vida) se siguieran de manera permanente, lo que era muy raro en la Europa occidental de entonces. Este aspecto constituye lo que podemos denominar “ecología humana” del proceso industrializador.