AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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11. El descenso de la fecundidad matrimonial en Francia en el siglo XIX: ¿Modelo o excepción?

11.1. Francia y sus vecinos

Nos ocuparemos del caso especial de la antigua Galia, en virtud de que existen notorios contrastes con el resto de los países europeos (1992: 370). Por otra parte, todavía no está demostrado si la ausencia de estrategias para el control de la fecundidad se debe al desconocimiento de las estrategias elementales, tal cual lo plantean demógrafos como Van de Walle y Knodel, o a una lógica malthusiana de crecimiento (1992: 369/370).

Si tomamos como referencia a Suecia, Alemania e Inglaterra, la población francesa del siglo XVIII creció sólo un 35 por ciento, en comparación con el 72 %, 43 por ciento y 71 % de las otras naciones (1992: 371). En el siglo XIX, mientras las cifras para los otros países treparon hasta el 119 por ciento, 172 % y 252 por ciento, Francia apenas llegó al 38 %. En los tres Estados-testigo hubo emigración neta. Por consiguiente, el bajo incremento demográfico en Francia se debió a un descenso de la mortalidad (1992: 373).

Desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII, en Francia la esperanza de vida al nacer era la más baja de todas (de 24 a 27 años). Luego sube con lentitud hasta la tercera década del siglo XIX, en que se eleva en 12, 5 años. Por ende, la mejora de la mortalidad en naciones como Inglaterra, aunque sustancial para ella misma, fue relativamente modesta si tenemos por horizonte lo acaecido en la antigua Galia. Ahora bien, quizá lo único que puede explicar que la población no adopte la figura de una pirámide con una base amplia, esto es, no registre desarrollo, en un contexto donde el índice de fallecidos se contrae, es que haya caído la fecundidad (1992: 375). Al menos, para 1790 estudios recientes explicitan que la declinación del porcentaje de nacimientos es general y que afectó en especial al campo (1992: nota 7 de pp. 379/380). Entre los siglos XVIII y XIX, la tasa de crecimiento de Francia nunca estuvo lejos de cero puesto que los cambios en la fecundidad y en el número de decesos se compensaron (1992: 377-378, 422, 425). A pesar de que las series construidas por el demógrafo Van de Walle principian en 1831, demuestran que la baja en los nacimientos fue una tendencia dominante incluso luego de que el índice de casamientos aumentara (1992: 380). Sin embargo, a raíz del caso/Colyton, sabemos que lo anterior no implica un control del alumbramiento en seno de la pareja (1992: 379, 426). Por ejemplo, la edad al casarse y la proporción de quienes permanecían célibes podía afectar, con sus oscilaciones, la fecundidad.

Si denominamos Fm al índice de “fecundidad matrimonial”, a fines del siglo XVIII aquél era del 75 por ciento del correspondiente a una comunidad conocida con el nombre “hutteritas”, id est, de 100 casados, 75 daban a luz. Como puede constatarse, el índice es importante lo que sugiere que la contracción en los nacimientos fue rápida, amplia y brusca, pudiéndose diferenciar entre la fase previa (en la que Francia seguía los patrones europeos) y la etapa posterior. Hacia 1870-1880, las otras naciones/testigo tuvieron Fm en descenso de manera que la antigua Galia no era muy distinta del resto de Europa. De ahí que haya que matizar la impresión, sostenida por Van de Walle y Knodel, respecto a que Francia era un caso particular (1992: 382). No obstante, se plantea una pregunta: ¿Francia era la “avanzada” de un proceso común que se extendería a toda Europa o era la protagonista de un fenómeno sui generis? (1992: 384).

11.2. El modelo en el conjunto de Francia

Uno de los mecanismos clásicos regulatorios en las poblaciones occidentales y europeas era el casamiento (1992: 385, 425). Si la mortalidad era muy alta o la fecundidad baja, la nupcialidad era elevada y viceversa, dando origen a tasas intrínsecas de crecimiento próximas a cero. Empero, en la Francia del siglo XVIII no se suscitó lo esperable y el número de casamientos fue reducido, por lo que la proporción de quienes no se matrimoniaban era significativa (1992: 386). La cantidad de solteros era abultada en las mujeres, las que además fueron aumentando la edad al primer compromiso (1992: 387). El resultado fue que Fm descendió, pero en la segunda mitad del siglo XVIII las restricciones al interior de la pareja menguaron y hubo una leve aceleración en el desarrollo demográfico, acompañado de una caída de los fallecimientos.