AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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8.5. Control social y elección individual

En los colectivos pre/modernos, la fecundidad era modesta, mas el cambio verdaderamente llamativo fue que el control de los nacimientos pasó de ser efectuado de manera “difusa”, a través de la tradición y de mecanismos sociales, a ser realizado al interior de la pareja (1992: 288, 291).

El espectro básico consistía en proporciones variables entre herederos, descendientes “sobrantes”, familias numerosas, medianas y pequeñas, y tasas de fecundidad, mortalidad y natalidad desiguales. Pero dentro de la gama de alternativas, predominaban localidades con índices de decesos que podían ofrecer bruscas modificaciones, en especial, en el sentido destructor, en un contexto de nacimientos frecuentes a los fines de evitar el peligro de la caída demográfica. Si bien existía cierta preocupación por conservar el patrimonio, asegurar un heredero masculino y tener un número racional de niños (acorde a la perspectiva de la unidad parental), el crecimiento global no estaba tan inhibido (1992: 289). Id est, lo que prevaleció en calidad de estrategia óptima fue asegurar un gran número de nacimientos en lugar de elevar los beneficios a quienes restringieran su fecundidad.

La esperanza de vida para los varones era de 25, 30 y 45 años (para las mujeres, de 2 años más). Las sociedades con promedios de fallecimientos de 25 y 30 años eran las mayorías de las comunidades pre-modernas; las de 45 eran de la clase de algunas zonas rurales y ciudades inglesas del siglo XVIII (también había entre ellas ciertas localidades de Norteamérica –1992: 290). En el mismo orden de cuestiones, cabe aclarar que estudios recientes acerca de las edades para el matrimonio parecen señalar que en la Inglaterra ubicada entre los siglos XVI y mediados del XVIII, la mortalidad de la alta nobleza respondía a la media de la población (1992: nota 47 en pp. 328/329).

En el fondo, la Europa pre-industrial se iba aproximando a una media entre la población 2 y el tipo 1: entre 244 y 298 familias tienen al menos un hijo vivo al morir el padre; entre 384 y 564 núcleos parentales con más de dos hijos; entre 677 ó 1.242 niños “segundones”. El promedio era entonces de 393 familias que cuentan con un heredero, y 474 unidades de descendientes con dos o más de dos (1992: 291). Buena parte del continente se encaminó por ese sendero inglés, lo que contribuyó a gestar una sociedad fluida, inestable, en crecimiento incesante, con rentas en aumento y con una fecundidad atemperada. No obstante, lo indicado en último término sólo comenzó a ser universal a fines del siglo XIX; antes había una variedad regional significativa.

Para concluir este capítulo, podemos sostener que los colectivos pre/modernos debían eludir dos puntos críticos: i) hacia “arriba”, a partir del cual no controlar la natalidad conducía a que el mecanismo malthusiano de la mortalidad por la escasez de recursos actuara; ii) hacia “abajo”, en donde inhibir la fecundidad, si era racional desde la perspectiva de los individuos, podía colocar en peligro la comunidad (1992: 292-293). La Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX creó nuevas estructuras demográficas, al amortiguar el peso de tales barreras (1992: 293).