CONCEPCIONES DE LOS ESTUDIANTES E HISTORIA DE LA CIENCIA: EL CASO DEL CONCEPTO DE VACÍO

CONCEPCIONES DE LOS ESTUDIANTES E HISTORIA DE LA CIENCIA: EL CASO DEL CONCEPTO DE VACÍO

Joan Josep Solaz-Portolés

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1.5.2. Ciencia Àrabe.

Los árabes fueron conocedores de las críticas a la dinámica aristotélica efectuadas por un cristiano, nacido en Alejandría (Bizancio) en siglo VI d.C, llamado Filopón. A pesar de que justificó el movimiento de los cuerpos celestes a partir de la fuerza motora inagotable con el tiempo que Dios les había conferido, fue condenado como hereje por la Iglesia. Afirmaba que un cuerpo en movimiento no precisaba estar en contacto físico constante con un motor ya que el instrumento que lo había proyectado transfería su fuerza motriz al cuerpo en cuestión. Esta fuerza motriz decrecía según las tendencias naturales del cuerpo y la resistencia del medio, e incluso en el vacío esta fuerza desaparecía progresivamente, de modo que cesaba el movimiento forzado. Puede observarse que con este razonamiento se ponía en cuestión uno de lo argumentos de Aristóteles para negar la existencia vacío, puesto que ya no se se necesitaba un continuo de materia para transmitir fuerzas por contacto físico.

Un árabe nacido en Zaragoza (España) de nombre Ibn Bagda, más conocido por su nombre en latín Avempace, se preocupó en el siglo XII d. C. de buscar la naturaleza y causa de los fenómenos no en los datos inmediatos de la experiencia sensible, sino a través de un análisis abstracto que le permitió dejar de lado los factores no esenciales. Se convirtió en valedor de las ideas de Filopón, como alternativa a la de Aristóteles, y añadió un argumento más a favor de la existencia del vacío: un cuerpo que se moviera en el vacío se movería con velocidad finita, no infinita como concluía Aristóteles, porque aunque no hubiera resistencia del medio, el cuerpo tendría que necesitar un tiempo finito para recorrer el espacio correspondiente.

1.5.3. Los escolásticos.

Este movimiento se caracterizó por la búsqueda de esquemas filosóficos en los que el dogma cristiano encontrara, si no una auténtica explicación, sí al menos una amplia justificación racional. Así, la filosofía aristotélica se integró en la teología católica gracias a Alberto Magno (1206-80) y a Santo Tomás de Aquino (1225-74). Ambos no fueron más allá del sistema de mundo aristotélico. Para ellos, el Universo era una esfera llena de materia, donde era imposible el vacío, porque todas las acciones exigían contacto físico directo o indirecto. Para Santo Tomás la primera prueba de la existencia de Dios era que los movimientos de los cielos exigían un primer motor: Dios.

La mayor parte de los filósofos escolásticos aceptaron las ideas de Aristóteles y rechazaron el vacío. Sin embargo, algunos llegaron a aceptar la descripción del vacío que dio Roger Bacon (1124-94) como cantidad matemática extendida en las tres dimensiones y sin ninguna cualidad natural. Este mismo autor defendió que la causa final de los fenómenos era el orden de la naturaleza, que no admitía el vacío. Gil de Roma (1243-1316), llegó a proponer que la succión del vacío era una fuerza de atracción universal que mantenía los cuerpos en contacto y evitaba las discontinuidades. Incluso afirmó que esta misma fuerza era la causante de que el imán atrajera al hierro.

En la Universidad de Oxford, William of Ockham (1295-1394) negó la validez de la primera prueba de Santo Tomás de la existencia de Dios. Según él, un cuerpo en movimiento no exige el contacto físico continuo con el motor, como es el caso de un imán que puede mover un trozo de hierro sin tocarlo. Este caso, representa un ejemplo de acción a distancia que se podría dar también presumiblemente en el vacío. En consecuencia, el espacio no tiene por qué estar lleno de materia para transmitir efectos físicos, el vacío es posible. Ockham estuvo de acuerdo con Filopón en que Dios confirió una fuerza motriz a los cuerpos celestes que no se agota con el tiempo, y por tanto elimina la necesidad de postular motores.

Jean Buridan (1300-66) ofreció dos argumentos de peso en contra de la tesis aristotélica de que los cuerpos en movimiento en el seno del aire eran propulsados por el propio aire desplazado que se precipitaba a la parte posterior del cuerpo, con el fin de evitar la formación de vacío. El primero es que si una peonza rota sin cambiar de posición, es imposible que se mueva por acción de aire desplazado. El segundo es que una jabalina con el extremo posterior plano no llega más lejos, aplicándole la misma fuerza, que una jabalina afilada por ambos extremos, en contra de los que cabría esperar si el aire fuera el propulsor. Buridan propuso la denominada teoría del ímpetus. El ímpetus que recibía un cuerpo por acción de una fuerza es el responsable del movimiento. La cantidad de ímpetus recibido por un cuerpo es proporcional a densidad y volumen del cuerpo y a su velocidad inicial. Los cuerpos celestes se mueven merced al ímpetus comunicado por Dios en un instante inicial. Este ímpetus no se agota porque no hay resistencia del aire en los Cielos.