LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

Andrés E. Miguel Velasco y otros

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c. El conjunto sombra y la planificación

En el diseño de alternativas orientadas al desarrollo se encuentran inmersos factores "intangibles" como la educación no formal, las actitudes y patrones de comportamiento social ante el cambio, los problemas políticos, culturales y ambientales, nuevos valores y creencias, y otra serie de “variables” desconocidas, de tal manera que estos elementos forman el conjunto intangible o “conjunto sombra”. Este conjunto es el responsable de la “incertidumbre” en los procesos de desarrollo.

En este proceso los “atractores” y “activadores de caos” juegan un papel preponderante, pues actúan como reguladores del comportamiento armónico o inarmónico del sistema regional. Efectuando una analogía puede decirse que el atractor corresponde al escenario -a lo estático-, y el activador al actor -a lo dinámico-, de la trama socioeconómica. Ambos se requieren para originar el caos, ya que un activador sin atractor no tiene sentido, pero pueden existir atractores esperando un activador para manifestarse, pues un “atractor de caos” es un conjunto de desórdenes económico-sociales arraigados, que pueden llegar a operar o no en el sistema económico-social del cual depende, dificultando su operación normal. Se entiende por “activador de caos” el agente o conjunto de agentes dinámicos de carácter económico, social, político, cultural o ambiental que tienen la propiedad de poner en acción un atractor de caos. Los atractores son resultado de la acumulación de experiencias, situaciones, conocimientos y actitudes consecuencia de la interacción de la sociedad, la economía, la cultura, la ecología y el territorio de las propias regiones. Se convierten en “sistemas referentes” para ser puestos en operación por los “activadores de caos” de la propia región. A través de los atractores y activadores en interacción, las regiones confirman su carácter complejo, oscilante entre el orden y la inarmonía.

La dialéctica de esta interacción se refleja en la generación de conflictos, así como en la transformación de la diversidad y en la vulnerabilidad de los espacios geográficos. En las regiones cotidianamente se pasa de escenarios armónicos a inarmónicos y viceversa. El desarrollo es una secuencia de orden-caos. Las turbulencias de esta interacción provocan que el proceso de desarrollo de la región en ocasiones parezca encontrarse fuera de control. Este descontrol se refleja en desórdenes socioeconómicos, y a su vez éstos dan pie a los mecanismos de transformación de su diversidad natural y cultural, y a la auto-organización del sistema regional, para compensar los desequilibrios ocasionados por los propios desórdenes.

La aparición de los elementos “intangibles” para las teorías del orden son los encargados de demostrar que el desarrollo regional es un proceso complejo, y tarde o temprano, sujeto al caos. La forma de superar esta posibilidad en occidente consiste en utilizar la “planificación” como herramienta de futuro. La planificación es una metodología útil en situaciones en las cuales desea adelantarse a los hechos y/o tener un control de los mismos para alcanzar los objetivos propuestos, pero normalmente ello ocurre sobre aspectos conocidos, no oscuros o intangibles.

Este campo teórico y metodológico del desarrollo se complica debido a que el mismo contempla, o se ve impelido por la necesidad de tomar en consideración aspectos tanto cuantitativos como cualitativos.

Como el conjunto de los factores "intangibles" puede afectar las previsiones del desarrollo, no se sabrá con "exactitud", en tanto no se cuente con sistemas de evaluación "objetiva" de las realizaciones, o al menos mientras no se dé la importancia debida a "lo social", por ejemplo, en los programas de inversiones o en la planeación global. Es posible reflexionar la manera en la cual podría visualizarse el efecto del "conjunto intangible" en las expectativas planificadas del desarrollo.

Si se acepta que un proceso de planificación contribuye al logro de metas de bienestar social en un mínimo posible de tiempo, en comparación con la consecución de las mismas si éstos se dejaran a la espontaneidad de una "situación normal", puede proponerse un ejemplo como el indicado en la figura No.1. En ésta, desde el año 2 los niveles de bienestar que puede inducir la trayectoria del plan son superiores a las tendencias normales. No obstante, aun aceptando el impacto positivo de una previsión planificada, no siempre lo que "se prevé" equivale a lo que finalmente "se logra", cuya representación la constituye la "trayectoria inducida por el conjunto intangible" de la misma figura.

La figura también propone tres situaciones de mejoramiento posibles: a) una situación ideal, b) normal; y c) no deseada. Se acepta que en el proceso de planificación del desarrollo interesa lograr trayectorias de mejoramiento ideales.

Si:

Situación Ideal (100%) + Efecto de los factores intangibles (-)= Situación Real (R)

Cuantificando dichos elementos se tendrá que:

100% - () = R

Esta relación manifiesta que

0 R  100%

es decir, la situación real lograda por la previsión del desarrollo no solamente va a depender de la definición de los objetivos previstos y deseados, sino también del efecto del "conjunto intangible", el cual va a aparecer como "fuerza" que puede reducir los valores de la situación ideal.

Si los resultados deseados se encuentran en el rango de la "situación normal-situación ideal" (50-100%), entonces  puede considerarse “aceptable”, valoración que disminuye en el rango "situación normal-situación no deseada" (0-50%). En este caso, la incertidumbre en la planeación ocasiona un impacto francamente desfavorable.

El “principio de incertidumbre” en los sistemas regionales se basa entonces en el razonamiento que supone que existe una probabilidad, aunque sea mínima, de desconocer parte de la realidad regional; y también existe una probabilidad, aunque sea mínima, que esta realidad desconocida sea un desorden o esté fuera de control para los fines perseguidos (por ejemplo, cuando mejora la salud de los ciudadanos, aumenta la población, pero más adelante aumenta la basura, la contaminación o escasea el agua: estos efectos no se planearon).

Es posible “cuantificar” la efectividad de los procesos sociales a través de la valoración de la incertidumbre, tomando en cuenta la relatividad existente entre lo deseado y lo logrado en función del tiempo, recursos invertidos, avance de los proyectos según los objetivos previstos, etc., o de una combinación de todos los factores posibles. Ello dependerá en gran medida del criterio y experiencia de los analistas.

El problema vigente es si realmente a pesar de las previsiones estipuladas, los "factores intangibles", y dentro de ellos los relativos al desorden, son tomados en consideración en los análisis llevados a cabo. La magnitud de la incertidumbre se conocerá mejor al final del proceso, pero inicialmente los desórdenes conocidos pueden considerarse como un factor que “contrarresta” los valores esperados.

Los desórdenes y el caos también pueden contribuir a planificar el desarrollo regional, al tomar en cuenta como meta de la planificación los desórdenes que afectan los diversos espacios de la región, por ejemplo, en relación al tráfico, la contaminación, la delincuencia, la ausencia de centros de esparcimiento, etcétera. Es decir, el “conjunto intangible”, el caos, no es tan negativo en la conceptualización de la Ciencia Regional.

Lo anterior sugiere que si se desea lograr el “desarrollo armónico”, no basta únicamente planificar el bienestar socioeconómico tradicional, sino que también se requiere planificar el control de los elementos caóticos del desarrollo. Esto confirma que en las regiones, las políticas públicas no sólo tienden a activar el bienestar, sino que también pueden activar los desórdenes socioeconómicos, es decir, las políticas públicas pueden convertirse en activadores de caos, el cual está relacionado con el “conjunto intangible”.