LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

Andrés E. Miguel Velasco y otros

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CAPÍTULO V. LAS MATEMÁTICAS DE LAS CLASES SOCIALES

De los bandos en que se habían dividido los Niños de la Ciencia, el de los Rubicundos era el que socialmente había desarrollado más desigualdades. A partir de la llegada del Gran Rubicundo la división social se hizo más notoria. Alrededor del mismo se agruparon los grupos influyentes, quienes se apoderaron del poder político, económico y aun socio-cultural.

Desde el “Cisma de la Ciencia”, el desarrollo político y social de los Niños de la Ciencia se había desfasado de su avance científico y tecnológico, de manera tal que la mayoría de ellos, a pesar de su sapiencia, vivían en condiciones de pobreza y marginación, salvo sus administradores, quienes gozaban de una condición escandalosa de opulencia, pues se aprovechaban de la ignorancia de sus subordinados acerca de que existía un bienestar que era necesario para ellos.

El poder del conocimiento se desarrolló centralizado en el Consejo de Científicos e Ingenieros, y finalmente en el “Gran Rubicundo de la Ciencia”, que se especializó en aprobar los dogmas de la Metodología de la Investigación positivista en Monte Albán del Futuro, dejando el manejo de los recursos en manos de los “administradores”. Cuando Prometeo fue atrapado en Monte Albán del Futuro, el manejo de los recursos financieros recaía en los administradores Marín, Murat y Ruiz.

Estos administradores habían inventado un sinnúmero de triquiñuelas para apoderarse de los recursos de los Niños de la Ciencia. Por ejemplo, ellos decidían quien ocupaba las carteras administrativas, y ellos asignaban el presupuesto a voluntad, incluyendo sus gastos personales, que nadie sabía cual era su monto. De este presupuesto, ellos todavía tomaban el treinta por ciento, que sus subordinados debían justificar a como diera lugar. Como consecuencia, las multas de cualquier tipo a los súbditos aumentaron, pues los subordinados debían obtener los recursos para que sus jefes no se molestaran.

Otro subterfugio consistía en inventar necesidades, como por ejemplo, de exportación de productos. Pedían prestado a los bancos para construcciones y mano de obra, y después quebraban los programas aludiendo una falta de mercado. Pero ellos se quedaban con las construcciones comprándolas a precios irrisorios a través de prestanombres. En consecuencia, poseían un sinnúmero de propiedades.

Otro subterfugio consistía en ordenarle a sus planificadores urbanos que decretaran zonas de reserva para el crecimiento de las ciudades, y así expropiarlas o comprarlas a precios muy bajos a sus dueños, para posteriormente exigir que se derogaran los decretos correspondientes, y reivindicar que hacia allí se canalizaran las inversiones públicas en equipamiento e infraestructura.

Su poder económico se había multiplicado a costa del erario público. Marín, Murat y Ruiz eran dueños de muchos negocios, y en este caso su influencia consistía en impedir cualquier competencia hacia sus empresas. También proponían programas de bienestar, y para esto formaba asociaciones que exigieran a través de revueltas y manifestaciones los recursos públicos. Marín, Murat y Ruiz los entregaban “bondadosamente” a sus solicitantes, pero se quedaban con un porcentaje previamente acordado con los líderes.

Ninguna otra autoridad les pedía cuentas a estos administradores, pues el Gran Rubicundo andaba en otros asuntos y todos los cercanos a él se hacían de la “vista gorda” a cambio de vivir bien. Los ciudadanos que podían exigirle algo estaban cooptados: les donaba relojes, computadoras, coches y hasta casas a costa del erario público. Éste grupo en el poder vivía muy bien, y para ellos no había necesidades ni problemas que resolver, pues todo aquél que se le oponía era deportado o perseguido: formaban parte de la clase social dominante gracias a la intervención de Marín, Murat y Ruiz y del Gran Rubicundo.

Además, Marín, Murat y Ruiz habían inventado un sistema de publicidad y mercadotecnia que todo el tiempo estaban indicando que lo hecho por ellos era lo mejor, incluso más allá de lo que daban sus fuerzas: la imagen se convirtió en la clave del manejo de los recursos de estos administradores.

Como consecuencia, la pobreza y la marginación se apoderaron de Monte Albán del Futuro, cuyos habitantes, para enfrentar sus penurias, se abocaron a explotar los recursos naturales de su alrededor, destruyendo la escasa flora y fauna existentes, alterando el ambiente natural, e induciendo más el mundo artificial. Las migraciones de las zonas pobres a las ciudades no se hicieron esperar, acrecentando las zonas de miseria y pobreza. En poco tiempo, en Monte Albán del Futuro desapareció el mundo natural, y todo en él se volvió artificial: las plantas, los animales, los lagos, ríos, hasta la mayoría de sus montañas.

Lo peor que resultó de lo anterior fue la consolidación de una sociedad clasista, en la cual quienes seguían fielmente al Gran Rubicundo vivían mejor –se convirtieron en la clase dominante-, y el resto de la población en las clases subordinadas.

Éste era el panorama que Prometeo conocía, y por eso esa mañana el pequeño Corsario dijo lo siguiente en alusión a la sociedad a la cual yo, Trinquete Secundino, pertenecía:

--Pequeño Rubicundo, qué bueno que eres puntual. En una ocasión a los miembros del Consejo de mi colectividad se les ocurrió razonar sobre el comportamiento colectivo. Hoy quiero recordar esa reflexión referida a las clases sociales existentes entre los Niños de la Ciencia.

Y como en las veces pasadas, sin decir nada más, inició su disertación.