LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

Andrés E. Miguel Velasco y otros

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CAPÍTULO IX. LAS MATEMÁTICAS DE LA CLASE MEDIA

Esa mañana Prometeo recordó como fue su captura. Esta inició cuando su nave se desplomó y un paracaídas lo lanzó hacia Monte Albán del Futuro, en la zona habitada por los Rubicundos. El objetivo de llegar allí lo fundamentaron los pequeños Corsarios en su preocupación por recuperar el Bienestar y la Armonía de sus regiones.

La primera sorpresa para Prometeo fue la superficie de la región donde llegó: parecía un mundo desolado. El 99% era arena y el resto pequeñas cordilleras de roca, lo que provocaba que en ese territorio, el clima fuera extremoso. Para colmo, en la misma también predominaba el color grisáceo.

Se escondió para observar una procesión que lentamente avanzaba en la arena del lugar donde cayó. Unos soldados Rubicundos que llevaban sus armas, formaban dos hileras. Parecía que estaban en alerta y a punto de atacar.

--Afortunadamente pude controlar mi caída, se dijo Prometeo.

Rápidamente trató de esconderse del desfile:

--¿Será este desierto Monte Albán de los Rubicundos?, se comentó con desilusión Prometeo, justo antes de sentir una descarga eléctrica en su cuerpo. El pequeño Corsario se sintió atontado, y eso lo tuvo más presente cuando fue cegado por un rayo de luz que lo envolvió.

Cuando reaccionó estaba seguro que su boca tenía un “sabor a cobre”. Nunca antes había probado un platillo de dicho metal, pero para él sabía a eso. Poco a poco reconstruyó los sucesos, hasta que se dio cuenta cabal de lo que sucedía a su alrededor. Se quedó desconcertado cuando se percató que era contemplado por varios soldados Rubicundos. Su descontrol se confirmó cuando descubrió que se encontraba prisionero en una jaula formada por luces finamente combinadas en la parte superior de un barco de guerra, que producía sonidos musicales que flotaban en el ambiente de la nave.

Monte Albán del Futuro había alcanzado un desarrollo científico y tecnológico muy avanzado, pero éste había sido especialmente adaptado a la vida subterránea. Antes de la “Guerra Fría” de la Ciencia en este lugar, la superficie de ese mundo estuvo poblado por una colorida y abundante vegetación y fauna, así como por lagos y mares. Todo esto se perdió, incluido el bienestar de sus habitantes, y lo que existía había sido adaptado al mundo subterráneo: todo era artificial, se desconocía el mundo natural, pues los árboles y animales eran de materiales plásticos que simulaban el verde de las hojas o el color de las flores. Hasta el agua que se consumía se producía por procedimientos físico-químicos.

En la superficie lo que predominaba era un mundo gris y desolado, donde reinaban los sistemas de defensa creados por los bandos contendientes en ese lugar. Precisamente, estos sistemas habían bloqueado el desplazamiento de Prometeo, quien al ser detectado fue atraído a la superficie para ser buscado por los Niños Rubicundos, quienes finalmente los atraparon. El barco en el cual se encontraba tenía la familiaridad de volar en la superficie, y también de sumergirse en el mundo subterráneo cuando ello era necesario, pues podía navegar en medios aéreos y acuáticos.

--Dan la impresión de ser caballerosos. Con seguridad seré sometido a todos los experimentos que se les ocurran. Espero que al menos no sean dolorosos, se dijo Prometeo.

Los Rubicundos que lo atraparon le comunicaron que debían entregarlo a sus autoridades, a quienes ya les había sido informado de su presencia. Uno de los Rubicundos se dirigió a Prometeo:

--Estamos en el “Imperio de los Rubicundos”, y ahora deberás sujetarte a las leyes de nuestro imperio.

--Es decir, junto con los deberes que me corresponden, ¿tendré derechos en este lugar?, preguntó Prometeo a sus captores.

Le fue comunicado que debía ser presentado a sus autoridades. Miró las luces de la celda en la cual se le obligó a permanecer, y suspiró cuando escuchó uno de los compases musicales que brotaba a su alrededor, mientras el capitán del barco Rubicundo le leía las obligaciones a que era acreedor en el lugar respectivo.

Por eso esa mañana, cuando el cielo lucía profundamente azul, Prometeo inició su discurso recordando su captura:

--Hoy reflexionaré acerca de los mecanismos sociales implícitos en los cambios de la determinación de los derechos y deberes que rige a las “sociedades democráticas”, la organización favorita de la clase media.

Y rápidamente comentó lo siguiente: