LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

LAS MATEMÁTICAS DE LA CIENCIA REGIONAL

Andrés E. Miguel Velasco y otros

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CAPÍTULO XI. EL IMPERIALISMO Y LA TEORÍA DE CUERDAS DE LAS REGIONES

Otra tarde, mientras completaba mi rondín de vigilancia Prometeo me preguntó:

--¿Existe alguna ventaja que tienda a demostrar que un sistema complejo es socialmente “superior” a un sistema “simple”?

Y rápidamente él mismo se respondió:

--Un sistema se concibe como simple cuando la explicación de su funcionamiento tiende al reduccionismo, es decir, su funcionamiento se ciñe a una “causa última” a como de lugar. Un sistema se piensa como complejo cuando se concibe como multifuncional, multidisciplinario y multifactorial, y pueden ser de dos tipos: armónicos e inarmónicos. No existe una causa definitiva que explique su funcionamiento: acepta más de una. Pero de entrada la experiencia indica que la simplicidad posee algunas ventajas metodológicas sobre la complejidad, como por ejemplo, la economía de tiempo, recursos y conocimientos. Pero también a priori se antoja que un sistema simple tiende a ser más vulnerable.

Antes de comparar un sistema simple con uno complejo, vale la pena recorrer las propiedades de un sistema complejo. Para comenzar, desde la perspectiva dialéctica la complejidad puede concebirse como un proceso cambiante debido a la interacción de sus elementos y estructuras sujetos a contradicciones y conflictos que la retroalimentan provocando su continua readaptación con respecto a su contexto. A veces la complejidad se entiende mejor a través de sus propiedades, las cuales mencionaré a continuación. Y entonces Prometeo dijo:

a. Las propiedades de la complejidad

Una propiedad fundamental de un sistema complejo es la de “inclusión–conflicto”. Ésta puede resumirse indicando que la complejidad se desarrolla al aumentar (incluir) más elementos, referentes o estructuras al sistema original de la región. Esta propiedad proporciona los atributos de heterogeneidad, multicausalidad, multifuncionalidad y multidisciplinariedad a los sistemas complejos. La inclusión puede antojarse algo infinito, más sin embargo, el conflicto delimita el alcance de la complejidad, poniendo límite al crecimiento indeterminado del consumo de los recursos, la economía, la migración, etcétera, de la región; entendiéndose por “conflicto” la tensión que los elementos regionales o las regiones mantienen o generan al estar sometidos, compararse o interactuar con otros elementos o regiones que se excluyen mutuamente.

Otra propiedad de la complejidad es la “unidad-diversidad” de sus elementos. Al respecto, puede decirse que la “homogeneidad” es la propiedad que el análisis clásico atribuye a las regiones de generar un todo agrupando o creando elementos de igual naturaleza o condición. Por su parte, la “heterogeneidad” es la propiedad de las regiones complejas de generar un todo integrando partes de diversa naturaleza o condición. La complejidad puede entenderse como la unidad e interacción nolineal de la diversidad.

La diversidad se retroalimenta y mantiene gracias a la unidad que la complejidad autogenera. Sin esta unidad la diversidad carecería de sentido. La región resulta ser una permanente unidad de la diversidad, y de esta interacción resulta la “conciencia” que proporciona la experiencia que de alguna manera todos contribuyen con el todo, y que gracias a esta cooperación el todo contribuye con todos. El resultado es la adaptación continua de los elementos del sistema complejo.

Cuando el cambio socioeconómico está contra la diversidad, esto implica una transformación, muchas veces hacia su destrucción. Este proceso se relaciona con la cualidad de “caos-armonía” de su comportamiento, lo cual preferentemente ocurre en los sistemas complejos inarmónicos. El caos se manifiesta a través de la evolución errática o el cambio brusco de los eventos o sucesos de los sistemas, y puede definirse como un conjunto de desórdenes o la manifestación de un desorden de gran magnitud en la región. La “Teoría del Caos” trata de explicar como sucede el rompimiento de la armonía de los sistemas, o en su defecto como puede recuperarse ésta, partiendo de la propuesta que el caos es una regla de la naturaleza tanto como el orden (predecibilidad).

La presencia del caos indica que los elementos del sistema regional están operando de manera inarmónica, y que la diversidad está en proceso de una nueva adaptación. Los desórdenes de los diversos espacios son indicadores de cambio, de una interacción inarmónica entre los mismos, y permiten: a) determinar las tendencias que deben corregirse para propiciar el comportamiento armónico de la diversidad regional; b) detectar que aspectos o elementos de la diversidad sufren las mayores desventajas o ventajas de dicha interacción; y c) detectar si el cambio tiende a ser parcial o global en la región, dependiendo si afecta o destruye la diversidad.

La “vulnerabilidad-autoregulación” es otra propiedad de la complejidad, pues mientras más complejo o especializado es un sistema, más frágil será, más posibilidades tiene que alguna de sus partes deje de funcionar y esto tiende a provocar desórdenes en las actividades o ejecuciones del resto del sistema. Esta cualidad refleja la vulnerabilidad que la complejidad proporciona a las regiones.

El “efecto mariposa” de la complejidad, es decir, la alegoría que propone que el aletear de una mariposa en el Sur de México puede provocar una tormenta en todo el país, refleja esta cualidad de la complejidad, pues la estabilidad, la resistencia, la capacidad de sobrevivencia y preservación aparentemente más consistentes en los sistemas complejos, en realidad son mas frágiles, pues cualquier cambio no previsto en ellos puede desestabilizar parcial o totalmente una región, es decir, generar “heterostasis”. La vulnerabilidad continuamente es puesta a la luz por los eventos humanos y los naturales, como los problemas de tráfico, los apagones de energía, los daños a las redes informáticas, los actos vandálicos, los sismos, las sequías, los incendios, etcétera, los cuales pueden ocurrir en una situación de aparente aislamiento, pero que finalmente terminan desquiciando ciudades, regiones o países lejanos.

Las propiedades de conflicto, caos y vulnerabilidad tienden a proporcionar la imagen de la región como un sistema que bajo cualquier circunstancia difícil tiende a desmoronarse. Sin embargo, la realidad muestra que las regiones son sistemas complejos sujetos a deterioro, a cambios graduales o a veces bruscos, pero que solamente se colapsan cuando son sometidos a condiciones extremas o totalmente fuera de su contexto. Las regiones complejas han desarrollado la propiedad de “auto-regularse” para adaptarse y sobrevivir a los cambios y circunstancias a las cuales se enfrentan. Lo anterior sugiere que la “autoregulación” es una propiedad que demuestra que las regiones son sistemas “homeostáticos” que generan “neguentropía” (entropía positiva) a partir de la actuación del caos. La “homeostasis” de la región es el proceso que se opone a la “heterostasis”, y por el cual las regiones mantienen las condiciones necesarias internas en armonía para asegurar su actividad cotidiana esencial. Esta capacidad de “autorregulación” asegura la sobrevivencia de las regiones al caos, y deviene porque el caos genera mecanismos de defensa u orden en las regiones (a veces en forma de reservas económicas, reafirmación de valores sociales, participación política, etcétera), que les permiten enfrentar las contingencias.

La propiedad de “irreversibilidad–adaptabilidad” de la complejidad de los sistemas complejos supone que las cualidades originales o deseables de la región son "algo" que puede sufrir alteraciones ocasionales, pero que con determinadas medidas o acciones de regeneración se puede recuperar el estado original de la región. Bajo este supuesto se pueden destruir o perder recursos naturales, flora, fauna, cultura u otras creaciones humanas, considerando esta perdida como algo temporal. En la realidad cotidiana de las regiones, la irreversibilidad se manifiesta como un cambio climático, aparición o desaparición de nuevas especies biológicas, creación de nuevas ciudades que alteran el equilibrio ecológico, etcétera; al mismo tiempo que estos procesos van generando nuevas formas y estructuras que obligan a todos y al todo a adaptarse al cambio para sobrevivir: la irreversibilidad da paso a la adaptabilidad para mantener la sobrevivencia.

La “entropía-neguentropía” es otra propiedad de los sistemas complejos. A diferencia de las otra propiedades que pueden regularse de alguna manera, la entropía es inevitable, pues aparece como el “conjunto sombra” que acompaña al orden generado en cualquier sistema complejo, reflejando el poder de acción que poseen los desórdenes del sistema. En un sistema urbano-regional la entropía representa el desgaste que el sistema requiere para mantener bajo control el desorden, y por consiguiente, entre más complejo es un sistema, más “neguentropía” genera o debe generar para mantener el orden.

La entropía es una medida de los desórdenes, y estos a su vez son una medida de la actividad de los atractores y activadores de caos del sistema: su magnitud indica hasta donde los sistemas complejos están llegando al límite de su funcionamiento, es decir, entre más alta es la entropía, los sistemas tienden a ser más vulnerables, se encuentran más cercanos a su “irreversibilidad”, y en su defecto a su colapso si este fuera el caso.

Prometeo dijo entonces:

--Con estas reflexiones tenemos una idea de lo que implica la complejidad. Para concluir, es importante señalar que también la “entropía” refleja el choque de las “supercuerdas” de la región.

--¿Las supercuerdas de la región?, pregunté, pero Prometeo no me dio tiempo de responder, pues inmediatamente continuó su disertación, hablándome de