ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

Ulises Castro Álvarez

Volver al índice

 

 

3. El consenso de Washington: instrumentos de política económica y resultados: Países herejes al consenso de Washington y países sometidos.

Como ya se mencionó, los países han enfrentado el proceso de globalización desde dos perspectivas básicas: a) Aquellos que han tomado el camino de atender los lineamientos del Consenso de Washington y los que han dejado de lado estas prácticas y han diseñado sus propias estrategias de desarrollo de acuerdo a las características y condiciones propias.

El Consenso de Washington llamado así por la adopción de medidas de política económica como el camino para alcanzar el desarrollo en la visión de las instituciones financieras internacionales lideradas por Estados Unidos, concretamente el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones gubernamentales norteamericanas; ha sido impuesto vía la presión financiera a los países en vías de desarrollo localizados principalmente en Latinoamérica y en la zona sur del Sahara Africano, las medidas de política económica que se convirtieron en receta condicionada a los apoyos de los organismos financieros internacionales para estos países, fueron sintetizados por John Williamson en un decálogo que contiene los siguientes términos, (Calva,2003):

Primero. Una consistente disciplina fiscal, para evitar presiones de demanda (“manifiestas en una inflación creciente o en un déficit de balanza de pagos insostenible”), asó como para evitar “un secular incremento del porcentaje de la deuda gubernamental respecto al PIB”.

Segundo. Los desequilibrios fiscales mayores deben erradicarse, pero “los recortes en el gasto público son una forma mejor de reducir el déficit presupuestario que incrementar los impuestos”.

Tercero. El sistema tributario debe reformado, pero incluyendo reducciones de los impuestos a los ricos. “Existe el consenso generalizado de que un sistema fiscal eficiente es aquel que cuenta con una amplia base, reglas suficientemente simples como para permitir un eficiente cumplimiento y moderados porcentajes de impuestos marginales”.

Cuarto. Liberalización del sistema financiero, a fin de desembocar en un sistema de “tasas de interés determinadas por el mercado”. (En la práctica, la liberalización financiera comprendió, en la mayoría de los países, la supresión de los “encajes legales” y de los cajones de asignación selectiva de crédito, la liberalización de las tasas de interés y la liberalización de la cuenta de capital).

Quinto. Orientación de la economía hacia el exterior y, en contra de lo postulado por Williamson, un dualismo en política cambiaria. “El crecimiento basado en la exportación –escribió Williamson- es el único tipo de progreso que puede lograr América Lanita en el próxima década”. El “primer prerrequisito clave para este tipo de crecimiento (orientación hacia fuera) es un tipo de cambio competitivo (…) que promueva una alta tasa de crecimiento en las exportaciones”. En realidad, el Consenso de Washington ha cobijado un dualismo en materia de política cambiaria, puesto que también admite la utilización del tipo de cambio como ancla amtiinflacionaria. De hecho, “la opinión de que el tipo de cambio tienen que suministrar un anclaje nominal y que debe dejarse que la competitividad se cuide sola”, dice Williamson, estuvo también representada en la citada conferencia sobre el ajuste en América Latina.

Sexto. Una resuelta liberalización del comercio, como elemento esencial de la política económica orientada hacia el exterior.

Séptimo. Liberalización de la inversión extranjera directa. “La orientación hacia el exterior también implica la voluntad de recibir bien la inversión extranjera directa, en vez de resistirla sobre bases nacionalistas. Tal inversión puede traer el capital necesario, lo mismo que conocimientos y tecnología”.

Octavo. Privatización de las empresas públicas. “La motivación principal es la creencia de que la propiedad privada potencia los incentivos para un manejo eficiente y, por lo tanto, mejora el desempeño económico”. Pero un objetivo complementario consiste en “aliviar la carga de las finanzas públicas, tanto por el dinero efectivo que reportan las privatizaciones, como por la eliminación de requerimientos financieros para nuevas inversiones y a menudo para cubrir crecientes déficits”.

Noveno. Desregulación de las actividades económicas. “Se percibe que América Latina sufre de excesivas regulaciones”, lo que obstruye la eficiencia económica.

Décimo. Un adecuado marco legislativo e institucional para proteger los derechos de propiedad. “Unos derechos de propiedad bien asegurados constituyen un prerrequisito básico para la operación eficiente del sistema capitalista, cosa que generalmente falta en la región”.

Calva (2003), enfatiza que un aspecto sustancial que no se consigna en el decálogo del Consenso de Washington y que en la práctica se lleva a cabo en la aplicación de este tipo de medidas es el desmantelamiento de las políticas públicas de fomento industrial y agropecuario bajo el dogma liberal de la economía clásica, “ los agentes privados actuando en mercados libres logran la óptima asignación de los recursos productivos”, (Calva, 2003:147).

La aplicación de estas medidas traducidas como instrumentos de política económica, han dado como resultado rezagos que se pueden observar en los niveles de crecimiento económico registrados por los países que los han asumido, al comparar los resultados de los modelos precedentes al Consenso de Washington y éste en América Latina, se puede observar claramente el contraste. Durante el periodo de 1950 a 1960, el PIB per cápita fue de 2.2 por ciento, en 1960-1973 de 3.3 por ciento, de 1973 a 1980 el crecimiento fue de 2.3 por ciento, de 1980 a 1990 se muestra un decremento del orden de -0.9 por ciento y durante la década de 1990 a 2000, periodo que según los neoliberales sería la madurez de su modelo y se tendrían los resultados esperados el crecimiento del PIB per cápita solamente fue de 1.3 por ciento, (Calva, 2003:148). La década de los 80’s se consideró la “década perdida”, sin embargo, la aplicación obsesiva del Consenso de Washington en la región y sus resultados han llevado a que las décadas de los 90’s también sea perdida lo que significa que han pasado 20 años de retraso regional.

A diferencia de los países sometidos al Consenso de Washington, los países que tomaron el camino de la herejía a éste muestran resultados diametralmente opuestos. Estos países son principalmente los del Sureste Asiático que relegaron las presiones del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y de otros organismos internacionales promotores del Consenso de Washington desplegando estrategias económicas audaces, endógenas y pragmáticas, no dejándose llevar únicamente por las reglas del mercado sino aprovechando su inserción a la globalización en beneficio de sus sociedades, lo que les ha dado como resultado elevar aceleradamente sus niveles de ingreso y bienestar, (Calva, 2003).

Aunque cada país del sureste asiático tiene sus propias particularidades en general, el éxito económico se basa en la combinación de políticas sustitutivas de importaciones con una intensa promoción de las exportaciones, con el apoyo de una fuerte intervención del Estado en la economía, cumpliendo el rol – como lo consigna José Luis Calva- , de planificador, regulador y promotor de la industrialización a través de múltiples instrumentos: fiscales, crediticios, administrativos y promocionales específicos, desplegando un sólido impulso institucional al desarrollo tecnológico endógeno y adoptado, en la formación de recursos humanos y la capacitación laboral integrada a la política industrial, una sólida base de la acumulación interna con regulación de la inversión extranjera y en la subordinación de sus sistemas financieros a sus estrategias de industrialización, el cuadro comparativo que se muestra en seguida es muy objetivo de los resultados entre los países sometidos y los países herejes al Consenso de Washington, (Calva, 2003):

Cabe mencionar que el éxito de las economías asiáticas no ha sido automático, sus procesos de reforma estructural han sido tediosos y complejos, de hecho en la mayoría estas reformas no han terminado de construirse y además deben de adaptarse a la dinámica que requiere el proceso global. Igualmente a pesar de su crecimiento la dinámica económica que han desarrollado también ha generado problemas internos que deben de atender en tanto que se erigen como retos a vencer para poder mantener sus niveles de competitividad en el concierto mundial.