ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

Ulises Castro Álvarez

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3. Sector manufacturero. Desempeño y políticas industriales.

Sector clave en la estructura económica de cualquier sociedad por sus características de impacto en la mayoría de las actividades a través de un alto efecto multiplicador. En México durante más de cincuenta años se buscó como estrategia prioritaria lograr la industrialización manufacturera definiendo como estrategia la sustitución de importaciones apoyada en un intervencionismo significativo del Estado en el fomento de sectores estratégicos apoyados con una política económica proteccionista en el comercio exterior y fuertes apoyos en el interior que hicieron posible un crecimiento ininterrumpido de la industria manufacturera mexicana reflejada en un incremento de 21.1 veces entre 1934 y 1981 a una tasa media anual del 6.7%. (Calva, 2001).

La plataforma industrial creada con base a esta estrategia de desarrollo, durante los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta; continua siendo la parte sustantiva del tejido industrial existente en el país.

Sin embargo, el proceso no fue automático y sin tropiezos razón por la cual durante los años setenta la estrategia sustitutiva de importaciones inicia un proceso de debilitamiento originado principalmente por la característica secuencial de la sustitución de importaciones definida inicialmente con énfasis en los bienes de consumo no duradero, luego los duraderos y bienes intermedios, finalizando con el énfasis en la sustitución de los bienes de capital, lo que originó que no se fomentara los sectores manufactureros con potencial exportador en el corto y mediano plazo limitando las posibilidades de financiamiento de las importaciones necesarias de bienes de capital y bienes intermedios que inicialmente hicieron posible la sustitución, creando un desequilibrio externo de naturaleza estructural que para financiarlo se tuvo que recurrir a la generación de divisas de otros sectores como el agropecuario y el de servicios, mismos que en la medida en que estuvieron generando las suficientes divisas para cubrir el déficit externo provocado por la industrialización sirvieron de elementos soporte para continuar sin problema con la estrategia planteada, el problema surge cuando la agricultura dejó de crecer y por tanto de ser un pilar de financiamiento para la estrategia industrial, conduciendo a la necesidad de financiar el déficit externo estructural mediante el endeudamiento externo lo que perfiló la crisis financiera reflejada en la macrodevaluación de 1976.

Adicionalmente a los problemas propios de la estrategia de industrialización mediante la sustitución de importaciones, se agrega los fallos en el manejo de la política económica que incidieron en la siguiente crisis económica en México registrada en 1982 que creó las condiciones para justificar la modificación de la estrategia de desarrollo permitiendo la llegada de la tecnocracia neoliberal al gobierno mexicano.

El primer error de política económica se originó con el mantenimiento de la política cambiaria de sobrevaluación del tipo de cambio que agudizó el déficit en cuenta corriente y la decisión de financiarlo con endeudamiento externo, buscando corregirlo además con un proteccionismo excesivo que no dio el resultado esperado, sino por el contrario acentuó el sesgo antiexportador por la pérdida de competitividad de bienes y servicios.

La segunda falla en el manejo de la política económica fue el imprudente manejo de los recursos públicos que en el periodo de la administración de Luis Echeverría y José López Portillo se llevó a cabo con excesos en el gasto que aunque se orientó en importante proporción a la inversión pública cayó en el derroche produciendo un gran déficit fiscal financiado igualmente con endeudamiento público. El impacto sobre la sustitución de importaciones fue de regresión de los logros alcanzados durante los años setenta y primeros ochenta.

La política de ajuste y cambio estructural definida e instrumentada por el grupo de neoliberales en el gobierno se caracterizó por modificar radicalmente el rumbo, se suprimieron la mayoría de los instrumentos de fomento sectoriales y eficientar las exportaciones manufactureras para generar más divisas para cubrir las importaciones utilizando como principal instrumento la apertura comercial cuyo objetivo principal fue presionar a la industria nacional para que incrementara aceleradamente su productividad, enfrentándola a la competencia internacional otorgándole aparentemente acceso fácil a la importación de insumos, bienes de capital y tecnología requeridos para la modernización productiva, (Calva, 2001).

Se buscó la competitividad internacional mediante la reducción de costos ejerciendo una política salarial regresiva y se liberalizó la inversión extranjera directa a fin de potencializar las ventajas comparativas, creando -según la estrategia neoliberal- las condiciones para convertir a la industria manufacturera de exportación como la punta de lanza del desarrollo nacional.

Los resultados no son los que se tenían previstos, la apertura comercial y la política cambiaria de sobrevaluación de la moneda hizo crecer el déficit comercial manufacturero provocando el colapso financiero de 1994. Sin duda que se logró incrementar las exportaciones mexicanas sobre todo después de la entrada en vigor del TLCAN, sin embargo, las facilidades comerciales y el tipo de cambio incrementó las importaciones de materias primas y bienes de capital originando un efecto de desustitución de importaciones al crecer el contenido importado de la producción de bienes exportables de la industria manufacturera, la relación importaciones manufactureras con respecto al PIB manufacturero que en 1982 fue de 38.8% pasó al 75.6% en 1994 y al 91.4% en 1999 sin incluir a las maquiladoras. Al incorporar este rubro el indicador llega hasta 130.6% por los procesos in bond.

El proceso de desustitución de importaciones ha provocado el rompimiento de eslabones completos de las cadenas productivas y las exportaciones manufactureras han reducido progresivamente su efecto de arrastre sobre la industria nacional, trasladando los efectos multiplicadores sobre la producción, la inversión y el empleo fuera del país. La industria nacional se ve agobiada por la presencia de productos extranjeros con ventajas derivadas de la política cambiaria no competitiva, la diferencia en las tasas de interés y otros aspectos lo que limita sus posibilidades de acumulación, tecnificación y expansión. La estrategia del modelo neoliberal ha provocado un desarticulación entre los sectores exportadores y el resto de la estructura industrial, convirtiendo la economía en dos sectores, uno de enclave exportador en crecimiento y otro de economía interna de escaso desarrollo, lo primero involucra a lo sumo al 6% de mexicanos y lo segundo a alrededor del 94%.

Por otro lado, la liberalización de la inversión extranjera eliminó la posibilidad de orientarla hacia ramas y actividades de interés nacional permitiendo que tomara la pauta para adquisición de activos ya existentes y el crecimiento de la planta productiva no registrara beneficios, en otras palabras, la inversión extranjera directa se orientó a la compra de empresas que antes pertenecían a mexicanos, los registros muestran que del total de inversión extranjera directa que entró al país en 1997, el 62.3% se destinó a la adquisición de activos ya existentes y solamente el 37.7% se canalizó a la generación de capacidad instalada, (Calva, 2001).

El modelo neoliberal además de provocar la desarticulación interna de la planta industrial, profundizó las desigualdades en el aspecto tecnológico, se puede observar cuatro grandes estratos tecnológicos: a) empresas tradicionales (77.1%), b) empresas modernas pero vulnerables (19.6%), c) empresas en estadio tecnológico fuerte (2.9%) y, d) empresas en estadio tecnológico dominante (0.35%), se observa que la mayoría de las empresas se encuentran en alta vulnerabilidad ante los embates de la competencia internacional. A todo ello se debe agregar que la estructura empresarial del país está compuesta por el 95% de microempresas las cuales generan el 38% del empleo en la economía lo que tiene otras implicaciones en el fomento tecnológico y de la competitividad.

La información anterior sugiere muy bajo perfil de innovación, productividad y competitividad que se sustenta fuera de ventajas dinámicas, su base se encuentra en los bajos salarios y la disponibilidad de recursos naturales, la actual estructura productiva tiene una limitada capacidad de creación de empleos y no permite la absorción laboral de aquellos altamente calificados, (Capdevielle y Dutrénit, 2007).

Es claro la ineficiencia del modelo neoliberal el cual debe ser modificado si se pretende revertir la tendencia del desarrollo industrial en nuestro país, se debe estructurar una nueva estrategia con horizonte de largo plazo que tenga por objetivo lograr el financiamiento endógeno del desarrollo industrial -tal como lo han hecho Japón, Corea del Sur y Taiwán- fomentando las exportaciones manufactureras y consolidando la sustitución eficiente de las importaciones, incrementar la articulación interna de la planta productiva, promover el crecimiento del empleo manufacturero y cerrar la brecha tecnológica y de estructura industrial existente con los países líderes, impulsando industrias de alta tecnología.

Los instrumentos a utilizar serían una política cambiaria competitiva, una política crediticia de apoyo efectivo a la industria y una política de comercio exterior pragmática, políticas de fomento económico general, instrumentos horizontales de fomento industrial manufacturero, una estrategia sectorizada de desarrollo industrial e instrumentos sectoriales de política industrial, (Calva, 2001).