ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

Ulises Castro Álvarez

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3. Políticas cambiarias.

Reiterando que resulta difícil explicar la política económica de manera parcial, en tanto que el fenómeno económico es complejo y por tanto requiere de una visión integral, se puede decir que la política cambiaria es fundamental en el comportamiento de los resultados del sector externo y por consecuencia es un factor de gran influencia en los resultados que la economía genere en torno al estímulo a la producción, exportación e importación de bienes y servicios, en general, al crecimiento y dinámica económica, por todo ello, la política cambiaria deber ser analizada en conjunto con la política comercial y la política monetaria que guardan estrecha relación.

Si se considera una política cambiaria tendiente a apoyar el crecimiento de la economía, se tendrá como consecuencia una subvaluación de la moneda, lo que hace posible que los productos nacionales sean más baratos y competitivos en el mercado internacional y por lo tanto se estimule la exportación, favoreciendo los resultados del sector externo reflejado en superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, lo cual aunado a una política monetaria expansiva de bajas tasas de interés y ampliación del crédito, se tendrá como resultado un crecimiento de la actividad productiva y de la economía en su conjunto. Si por el contrario se decide mantener un tipo de cambio en donde la moneda nacional se mantenga sobrevaluada, el efecto será inverso; los productos nacionales serán más caros en el mercado internacional mientras que los productos extranjeros serán más baratos en el mercado doméstico, lo que motivará a incrementar las importaciones y desestimulará las exportaciones, hará menos competitivos los productos nacionales en el exterior, generando desequilibrios en cuenta corriente. En estos dos extremos se mueve la definición de la política cambiaria.

La política cambiaria de mantener sobrevaluado el peso mexicano con respecto del dólar estadounidense ha provocado abaratamiento de las importaciones y encarecimiento de las exportaciones lo que provoca déficit creciente en cuenta corriente de la balanza de pagos financiado con ahorro externo y repatriación de capitales que resultan insuficientes ocasionando un brusco ajuste cambiario (devaluación) para disminuir las importaciones y aumentar las exportaciones. El proceso devaluatorio genera crisis financiera y éxodo de capitales que empuja aún más a la devaluación más allá de la paridad de equilibrio real, (Calva, 2001).

La política cambiaria de paridad fija fue una característica del modelo estabilizador (1959-1970) y de años subsecuentes en los que la tasa de inflación en México fue muy superior a la de Estados Unidos, existiendo una sobrevaluación que originó la macrodevaluación de 1976, lo mismo ocurrió durante el sexenio 1977-1982 en donde se estableció formalmente un régimen cambiario de flotación que en la práctica fue de paridad casi fija que desembocó en la crisis y macrodevaluación de 1982.

Durante el modelo neoliberal, la política cambiaria ha estado atada a una política de reducción inflacionaria a ultranza, aunque se tomó la decisión de utilizar una política de subvaluación cambiaria inicialmente, posteriormente se pasó a una política de sobrevaluación utilizando el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria, manteniendo una paridad fija durante 1988 para luego pasar a la utilización de una banda de flotación con ajustes periódicos de la paridad cambiaria, pero siempre por debajo del diferencial inflacionario entre México y Estados Unidos lo que significó sobrevaluación con los resultados de déficit comercial, crecimiento de pasivos externos generando el peor desastre financiero en la historia del país y la macrodevaluación de diciembre de 1994, (Calva, 2001).

La política cambiaria ha tenido comportamientos diferenciales de acuerdo a los modelos de desarrollo que se han instrumentado en el país. Durante la aplicación del modelo anterior al neoliberal, en la etapa conocida como de crecimiento con devaluación-inflación -primera etapa del proceso de sustitución de importaciones-, como ya se mencionó se desarrolló el proteccionismo de la planta productiva con el objetivo de crear y consolidar la industria nacional, en ese sentido, la política comercial se caracterizó por un endurecimiento de las tarifas arancelarias como medida de protección, acompañándose de una política cambiaria de apoyo a este objetivo, en la que se registra devaluaciones en 1938 cuando el peso pasó de 3.60 pesos por dólar a 4.52 y en 1939 cuando el tipo de cambio llegó a 5.19 pesos por dólar, lo que significó un incremento del dólar de alrededor de 44% que significó una tasa adicional de protección a la industria, creándole condiciones para su crecimiento, posteriormente se registraron dos procesos devaluatorios; uno en 1948-1949 cuando el tipo de cambio pasó de 4.85 a 8.65 pesos por dólar y en 1954 cuando llegó a 12.50, (Villarreal, 1988). Las dos últimas devaluaciones tuvieron como objetivo además de proteger a la industria nacional, ajustar el desequilibrio externo originado por el proceso de sustitución de importaciones, lo cual no fue cubierto, financiando éste con emisión primaria de dinero que explica igualmente la inflación en ese periodo.

Durante la segunda etapa del modelo de sustitución de importaciones conocida como desarrollo estabilizador, la política comercial continuó siendo proteccionista pero la política cambiaria cambió, el tipo de cambio se mantuvo fijo desde 1954 hasta 1970 decidiéndose no devaluar y por tanto no utilizar la tasa de cambio como mecanismo de ajuste al desequilibrio externo y apoyarse principalmente en el capital extranjero como fuente de financiamiento del déficit de la cuenta corriente, (Villarreal, 1988).

“El 31 de agosto de 1976, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anunció el cambio de paridad del peso y la política de flotación de la moneda, así después de 22 años con un régimen de tasa fija (desde 1954), México devaluó su moneda de 12.50 a 19.70 pesos por dólar. Las razones aducidas para la devaluación fueron que, ante la relativa inflexibilidad para aumentar las exportaciones y reducir las importaciones, el tipo de cambio hasta entonces vigente amenazaba la situación de la balanza de pagos. Esto, a su vez, ponía en peligro la capacidad del aparato productivo para seguir creciendo y generando empleos.”, (Villarreal, 1988:391).

“En el periodo de 1977 a 1982, aunque formalmente se instrumentó un régimen cambiario de libre flotación, la paridad peso/dólar se mantuvo casi fija, pasando de 22.58 en 1977 a 22.95 en 1980 y a 24.51 en 1981”, (Calva, 2001:50).

A pesar de los problemas financieros y de desequilibrio externo, el modelo de sustitución de importaciones apuntalado con una política económica en la que el Estado tuvo intervención para el control utilizando los instrumentos que también se encontraban bajo su control, en general arrojó resultados favorables en el crecimiento económico y el bienestar social.

Bajo el modelo neoliberal se perdió el control de los instrumentos de política económica y la política cambiaria ha utilizado como instrumento la subvaluación cambiaria que incluye la estrategia macroeconómica de mediano plazo de la estabilización de los precios como su objetivo fundamental, utilizando la paridad cambiaria como ancla nominal de la inflación, estrategia que se ha mantenido hasta la actualidad. Inicialmente en 1988 la paridad cambiaria se mantuvo fija, adoptándose posteriormente una banda de flotación cuyo piso y techo cambiarios se ajustaban periódicamente frente al dólar a una tasa preestablecida, según sus metas inflacionarias, resultado un deslizamiento del peso siempre inferior al diferencial inflacionario entre México y Estados Unidos, entre 1989 y noviembre de 1994, la inflación acumulada en México fue de 155.7%, contra 26.4% en Estados Unidos, mientras que la depreciación del peso fue apenas de 50.2% provocándose una fuerte devaluación, (Calva, 2001).

El uso del tipo de cambio como instrumento para mantener el control de precios lleva indiscutiblemente a la sobrevaluación cambiaria, de ahí que como lo plantea Nadal (2002), entre en contradicción con el uso privilegiado del tipo de cambio como variable de ajuste para corregir los desequilibrios de la balanza comercial, en la medida en que el desequilibrio de la balanza comercial requiere ajuste cambiario, se vulnera el objetivo de la lucha contra la inflación y en tanto se proponga el ajuste cambiario para contener la inflación, se deteriora el saldo de la balanza comercial, (Nadal, 2002:173).

La relación entre la política cambiaria, monetaria y comercial, así como sus repercusiones en el contexto general de la economía a partir de la estrategia del modelo neoliberal, la explica de manera muy objetivo Arturo Huerta ( 2002).

Este autor señala que la relación existente entre la liberalización financiera, la estabilidad monetaria-cambiaria y la entrada de capitales, que motiva la libre movilidad de capitales deja a los países en una posición muy vulnerable por las fluctuaciones que implican en las bolsas de valores, el tipo de cambio y la tasa de interés. Esta relación la explica en la medida en que la internacionalización del mercado de capitales, de dinero y de divisas obliga a los gobiernos y bancos centrales a tomar medidas que garanticen la rentabilidad de los capitales extranjeros. La garantía de la rentabilidad garantiza a su vez que los capitales extranjeros estén más tiempo en los países lo que aparentemente ayuda a financiar el déficit en la balanza de pagos, configurar grandes reservas internacionales y mantener estable el tipo de cambio, sin embargo, los requerimientos del capital internacional son cada vez mayores lo que ha llevado a las autoridades monetarias y hacendarias a privilegiar la política económica a favor de la entrada de capitales.

La estabilidad monetaria-cambiaria es uno de estos requerimientos dado que esto asegura la rentabilidad en términos del dólar, se refleja en el anclaje del tipo de cambio en una paridad semifija que conlleva la apreciación de la moneda local. Esto se acompaña de políticas monetaria, fiscal y crediticia totalmente contraccionistas para evitar presiones sobre precios y sobre el sector externo que pudieran desestabilizar el tipo de cambio.

Complementariamente se incluye en la política económica, altas tasas de interés y la extranjerización de activos públicos y privados para estimular la entrada de capitales, en otras palabras, se subordina la política económica nacional a favor del capital financiero internacional para asegurar su ingreso al país. Sustentar el crecimiento económico con base al capital extranjero vulnera al país porque éste no se hace sobre bases productivas sólidas que lo mantengan en forma sostenida. Otra repercusión de esta política económica consiste en que las tasas de interés nacionales se fijan por arriba de las tasas de interés internacionales lo que atrae más capitales extranjeros, pero no obedecen a las condiciones de la esfera productiva local, la relación entre la tasa de interés y el tipo de cambio originada por la liberalización financiera, provoca que no exista política monetaria ni tasa de interés para el crecimiento ni política cambiaria para mejorar la posición competitiva de la producción nacional y ajustar el déficit de comercio exterior. Esta tendencia de favorecer al capital internacional lleva consigo un sacrificio de la competitividad de la producción nacional, (Huerta, 2002).

En este contexto es imperante la construcción de una política económica general alternativa que se defina a favor del crecimiento económico y el bienestar social de los mexicanos. En este sentido se propone seguir la pauta de las experiencias de los países exitosos que han estructurado su política económica alejados del Consenso de Washington y que en materia de política cambiaria se caracterizan por la subvaluación de su moneda lo que los hace competitivos en el mercado internacional y controlan el comportamiento del sector externo, eliminando el riesgo de crisis originadas por desequilibrios externos, sobre este aspecto, la propuesta es establecer una paridad cambiaria definida por los valores que hagan posible el equilibrio de la balanza comercial (sin incluir maquiladoras e ingresos petroleros extraordinarios), dado que a ese tipo de cambio se puede determinar que la planta productiva mexicana es competitiva globalmente, este tipo de cambio debe asumirse como piso cambiario. El Banco de México debe establecer un régimen de flotación evitando que el precio del dólar baje del piso de equilibrio cambiario el cual se debe ajustar en función de las tasas de inflación mexicana y estadounidense, un régimen de libre flotación tampoco garantiza un nivel de reservas adecuado que permita establecer la paridad de equilibrio, (Calva, 2001).