ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

ECONOMÍA DE MÉXICO Y DESARROLLO SUSTENTABLE

Ulises Castro Álvarez

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X. Desarrollo regional. Desigualdades y políticas públicas

El desarrollo económico y social del país se ha conformado históricamente con la influencia de múltiples factores tanto endógenos como exógenos que se reflejan en la ocupación y explotación del territorio de acuerdo a los dictados de la intereses económicos prevalecientes, desde el establecimiento de los fundos mineros y la construcción de caminos para la exportación de los metales, la creación de las grandes haciendas, la atomización de la tierra producto del reparto agrario, la concentración de capitales atraídos por la política de sustitución de importaciones, el auge de la producción industrial que estimuló la concentración de población en las ciudades, la migración a Estados Unidos, la apertura de bosques y selvas a la agricultura y la ganadería, la puesta en marcha de la apertura comercial, la liberalización de la inversión extranjera y financiera, han originado un territorio con grandes desigualdades, devastado, contaminado en todos sus recursos, deforestado, erosionado con una distribución de población que agudiza los desequilibrios regionales y la polarización económica y social, (Eibenschutz, 2007).

1. Desigualdades regionales. Evolución y tendencias.

Como se ha mencionado, el desarrollo económico y social en México se identifica con grandes desigualdades regionales donde se pueden observar regiones con gran dinámica donde la población encuentra condiciones adecuadas para su desenvolvimiento al igual que zonas donde la marginación reina y es común la escasez en el ingreso familiar, ausencia de servicios sociales, bajo grado de escolaridad y calificación laboral, alta concentración económica y poblacional, acentuado centralismo político y cultural y un débil ejercicio real de la soberanía de los estados y municipios, (Calva, 2007).

En las grandes ciudades se aprecian extensos cinturones de miseria que contrastan con imponentes construcciones y otras infraestructuras que demuestran la riqueza opulenta conformando un paisaje de grandes contrastes. Los conglomerados urbanos tienen como característica el crecimiento desordenado, que se reflejan en insuficiencia de vivienda, infraestructura y servicios sociales para amplios sectores de la población, graves problemas de transporte y vialidad, contaminación ambiental y profundas diferencias en niveles de ingreso y calidad de vida

Durante la vigencia del modelo sustitutivo de importaciones se originó la concentración de población en las zonas donde se asentaron las industrias creadas motivando el movimiento poblacional del campo a la ciudad en búsqueda de empleo y mejores condiciones de vida, en al actualidad la población se distribuye en tres áreas: a) la ubicada en nueve zonas metropolitanas con más de un millón de habitantes, donde se produce el 60% de la riqueza nacional y se enfrentan a los problemas señalados en el párrafo anterior, b) la ubicada en las ciudades medias y sobre todo pequeñas entre 2500 y un millón de habitantes que no tienen masa crítica para generar una dinámica de desarrollo propio que subsisten de una mezcla de actividades comerciales y de servicios, complementadas con enclaves industriales y turísticos que aprovechan los recursos naturales sin generar beneficios a la región y exportan las ganancias generadas, c) la ubicada en más de 150 000 localidades menores de 2500 habitantes que presentan patrones de economías de subsistencia, dispersas en grandes extensiones, sin acceso a infraestructura, servicios de equipamientos elementales, sobreviven con cultivos temporaleros, muy baja productividad, sin tecnología, cuando generan excedentes lo comercializan intermediarios que se quedan con los beneficios, (Eibenschutz, 2007).

Las relaciones económicas, sociales, políticas, culturales y medioambientales que se desarrollan en esas estructuras se han visto afectadas por la aplicación de políticas y estrategias de desarrollo suavizando en algunos casos las desigualdades ya señaladas y en otros agudizándolas o profundizándolas, Mendoza Pichardo (2007), hace una análisis de estas modificaciones -que se muestran en desigualdades-, a partir de la aplicación del modelo neoliberal en México utilizando como instrumento analítico el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

Parte del principio que desde el inicio de los años ochenta las tasas de crecimiento de la economía en México y del producto per cápita han sido bajas tanto en términos absolutos como en perspectiva histórica, después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, el crecimiento no mejoró, el comportamiento de la economía ha sido muy volátil y sectorialmente asimétrico, hay unas cuantas ramas ganadoras y muchas perdedoras por lo que de acuerdo a la localización territorial de estas ramas y sectores se pueden observar igualmente regiones ganadoras y regiones perdedoras.

Hasta antes de aplicar la política neoliberal y a pesar de la distribución de actividades perfilada por el surgimiento de la planta industrial se estaba produciendo un proceso de convergencia en los niveles per cápita y del bienestar entre algunas zonas del país, sin embargo, en los años ochenta este proceso se detuvo y pasó a ser un proceso de divergencia. Mendoza Pichardo (2007) demuestra empíricamente esta aseveración mediante el análisis del IDH calculado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por entidad federativa para varios años entre 1950 y 2000, encontrando que entre 1950 y 1980 hubo un crecimiento del índice de cada entidad y de convergencia entre entidades. En 1950, la media simple del índice era de 0.4731 con un coeficiente de variación de 19.2% y una distancia entre el valor mínimo y el máximo de 0.33, para 1980, la media había aumentado a 0.7062, el coeficiente de variación se había reducido a 8.8% y la distancia entre el valor mínimo y el máximo se había cerrado a 0.25. Entre 1980 y 2000 el crecimiento del índice y el proceso de convergencia se desaceleraron, en 1990, la media del índice alcanzó 0.7769, el coeficiente de variación sólo se redujo a 7.4% y la distancia entre el valor mínimo y el máximo se mantuvo en 0.25, en 2000, el índice medio sólo subió a 0.8073 y el coeficiente de variación bajó a 6.8% y la distancia entre el valor mínimo y el máximo fue de 0.24. (Mendoza, 2007).

El PNUD establece tres rangos de desarrollo humano: alto (IDH 0.800 a 1), medio (0.500 a 0.799) y bajo (menor de 0.499). Según el Informe sobre Desarrollo Humano de México 2002, nuestro país tendría 14 entidades con desarrollo humano alto, 18 en rango medio y ninguna en bajo, entre los países con nivel de desarrollo medio, México ocupa la mejor posición, en cambio entre los países miembros de la OCDE, obtiene casi la peor superando sólo a Turquía, (Alba, 2007).

En relación a la tasa de crecimiento del PIB per cápita en las regiones durante el periodo 1993-2003 fue muy diferenciado, en el Centro-Norte y la Frontera Norte creció en un promedio de 2.6% y 1.8% respectivamente, en el Pacífico y el Sur-Sureste la tasa de crecimiento media anual fue de sólo el 1.1% y en el Centro la tasa de crecimiento media fue de 0.7%, la Frontera Norte y el Centro Norte de México fueron las regiones que lograron mayores beneficios de la apertura comercial, mientras que el Centro ha tenido un desempeño muy desalentador y el Pacífico y el Sur-Sureste crecieron a un ritmo poco menor al promedio nacional. (Mendoza, 2007).

La desigualdad en la distribución del ingreso en México es una de las más altas de América Latina, en el año 2000 el 10% de la población con mayores ingresos concentraba el 40% de los ingresos totales, mientras que el 10% de la población de menos ingresos obtenía sólo el 1.1%. (Alba, 2007).

Estos aspectos de carácter económico y social, se agudiza al incorporar al análisis la parte ambiental que es complejo por la inequidad imperante en al distribución de la riqueza que pone en duda la posibilidad de la instrumentación de un desarrollo sustentable. La atención al problema ambiental en las diferentes regiones se complica porque no se reconoce que los costos del modelo de ocupación territorial y consumo ambiental ya son extremadamente altos y ponen en riesgo la viabilidad del país y su gobernabilidad, el Estado no ha asumido que el territorio y el ambiente son vitales y estratégicos para la seguridad nacional y son la base para mejorar las posibilidades de desarrollo, de convivencias comunitaria y de crecimiento económico hacia adentro y hacia fuera, deterioro en el cumplimiento de la ley que ha incrementado la discrecionalidad y corrupción en lo relativo a la urbanización y a los temas ambientales, (Iracheta, 2007).

El deterioro territorial-ambiental es producto del modelo de desarrollo adoptado que sobrepone el interés individual por encima del interés social lo que origina consecuencias graves en la calidad de vida de la población, en esta dinámica el territorio y la naturaleza se consideran como mercancías o insumos sin ningún sentido social, lo que lleva a la problemática a un nivel estructural, los retos a enfrentar para alcanzar un desarrollo territorial sustentable en México se pueden señalar en los siguientes aspectos: el cambio global y sus impactos territoriales y ambientales (apertura de mercados y globalización económica, cambio demográfico, revolución del conocimiento y comunicación, revolución política), baja productividad del territorio y las ciudades, pobreza y desigualdad en el campo y la ciudad, desorden generalizado en los asentamientos humanos ( problemas del suelo urbano, movilidad urbana, agua, destrucción del bosque, desechos sólidos, contaminación a la atmósfera), abandono de la planeación territorial-ambiental, (Iracheta, 2007).

En suma las desigualdades regionales son muy marcadas y acusan tendencias a agudizarse si no se toman las medidas y decisiones adecuadas bajo un marco de política de desarrollo regional que tenga como propósito la eliminación de las disparidades. Existe una relación complementaria entre crecimiento económico y desarrollo humano, el problema se presenta para las regiones pobres que dependen de pocas actividades económicas, generalmente de baja productividad y colocadas en una posición desventajosa para competir en igualdad de circunstancias en un contexto globalizado.