DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD RURAL AL DESPUNTAR EL SIGLO XXI. ECONOMÍA Y POLÍTICA

DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD RURAL AL DESPUNTAR EL SIGLO XXI. ECONOMÍA Y POLÍTICA

Compiladora: Irma Lorena Acosta Reveles

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IV. LAS PENOSAS CONDICIONES DE LA ECONOMÍA ESTATAL

A) LA PERSISTENCIA DE LO LIMITADO

Comencemos el análisis del período de estudio viendo el comportamiento de la estructura económica. Parra ello se iniciará con un análisis del PIB estatal desde 1993 al 2001 tomando como base los precios de 1993.

El peso de las actividades primarias es muy alto en la entidad porque el sector agropecuario, silvicultura y pesca representa en promedio el 23.9% en el período. Si a ello se le agregan las cuentas del sector de la minería se tienen participaciones de entre el 26 al 29%. Se considera en el sector primario a la minería porque es ampliamente sabido que esta actividad no ha pasado de su fase primaria en casi su totalidad, igual que el sector agropecuario. La industria manufacturera es casi insignificante y con un comportamiento de ascenso y descenso pues en 1993 representó el 4.6%, subió lentamente hasta alcanzar el 5.8% en 1999 pero desde entonces al 2001 se fue a la baja para ubicarse en ese año en 5.2%. El sector de la construcción muestra un comportamiento similar y a los mismos niveles de participación. Cuatro sectores, el agropecuario, silvicultura y pesca, comercio restaurantes y hoteles, servicios financieros, actividades inmobiliarias y de alquiler y servicios comunales, sociales y personales aportan alrededor del 80% del PIB zacatecano.

En promedio el PIB creció 2.2% siendo el sector de la construcción y el de la electricidad, gas y agua los que más crecieron, a 6.1 y 5.9%; en cambio los servicios financieros, actividades inmobiliarias y de alquiler y los servicios comunales, sociales y personales lo hicieron a 0.9 y 1.7%.

Vista la situación a través de las series de tiempo se notan comportamientos muy irregulares. Los más espectaculares son los siguientes: El sector de la construcción cayó en 21.8% en 1995 con respecto a 1994 y en 1996 subió 21.8% con respecto a 1995 pero sin alcanzar los niveles de 1994, mientras que en el año 2000 volvió a caer 16.1% respecto a 1999 para crecer 5.3% en 2001 pero muy lejos de alcanzar los niveles de 1999. Servicios comunales, sociales y personales cae fuertemente en 1996, en 14.8% respecto de 1995, nivel de este año que no volverá a alcanzar; el sector agropecuario, silvicultura y pesca cae en 1994, 1997 y más fuertemente en 1999, y el nivel de 1998 apenas logra superarlo en 2001; el otro caso demasiado irregular y además grave es el de la minería, que alcanza su nivel más alto en 1997, todavía muy lejos de alcanzarlo en 2001.

Entonces Zacatecas cuenta con una economía débil que se destaca por la alta participación de las actividades primarias, poca actividad industrial, de bajo crecimiento y muy inestable.

B) MUCHO... PERO POCO

En el lapso de 1991 a 2002 los cultivos cíclicos representaron en promedio el 95.2% de la superficie sembrada y de ellos el frijol el 61% y el maíz el 27% en promedio; mientras que por su parte los cultivos perennes abarcaron el 4.8% de la superficie sembrada y de ellos el durazno el 39.7% y el nopal tunero el 22.9%. Esto es que en el primer tipo de cultivos al frijol y al maíz se les destina el 88% del total de la superficie sembrada y en los cultivos perennes al durazno y al nopal tunero el 62.6%. La participación de los distintos cultivos no es muy diferente en lo que se refiere a la superficie cosechada.

Ahora bien, si se compara lo que representa la superficie cosechada de la sembrada se observa toda una irregularidad porque aunque el promedio de todos los cultivos en el lapso 1991-2002 es de 84.9% los valores van desde 63.5% en 1999 hasta 98.5 en 2002, lo que refleja la variabilidad e inestabilidad que caracteriza a la producción agrícola. El valor promedio en los cultivos cíclicos es de 84.6% y en los perennes 89.5. Por cultivos los valores promedio son para el frijol 83.8, el maíz 81.5, avena forrajera 94.5, cebada grano 97.3, chile 97.8, durazno 90.3 y nopal tunero 87.9. Esto también refleja el mayor grado de siniestralidad de los cultivos que se siembran en mayor cantidad en superficie de temporal, como el maíz y el frijol, y que son los que ocupan casi nueve décimas de toda la superficie sembrada. Al observar las series de tiempo se encuentran casos dramáticos como por ejemplo el del frijol en 1992 cuando se cosechó el 61.1% y en 1999 sólo el 60.5% de la superficie sembrada; en 1992 del maíz se cosechó sólo el 71.4% de la superficie sembrada y el 68, 57.1 y 63.2% en 1997, 1999 y 2000 respectivamente. Los otros cultivos no tienen tanta siniestralidad pero tampoco están exentos de los malos años, tal es el caso del durazno, del cual en 1997 se cosechó sólo el 73.9% de la superficie plantada y en 1999 el 69.8%, y el del nopal tunero, que presenta los valores más bajos en 1998 y 1999, de 76 y 75.2% respectivamente.

En lo que respecta a la productividad los valores son realmente bajos. En el mismo período el frijol tiene un promedio de 459 kilogramos por hectárea, pero sus valores más bajos los tuvo en 1992 y 1999 con 232 y 249 kilogramos y los más altos en 1991 y 2002 con 642 y 709 kilogramos por hectárea. El maíz tuvo la más baja productividad en 1999 y 2000 cuando se cosecharon 646 y 695 kilogramos por hectárea respectivamente, aunque su promedio en el período fue de 852 kilogramos porque hubo años en los que los valores fueron más altos, como en 2001 y 2002 cuando pasó de la tonelada al registrar 1 002 y 1 166 kilogramos por hectárea. Y así se comportan los demás cultivos, inestables, la avena tiene un promedio de 5 570 kilogramos pero sus valores van desde los 2 676 en 1992 hasta los 7 707 kilogramos en 1994; la cebada tiene un promedio de 1 432 kilogramos por hectárea pero su valor más bajo lo registra en 2001 con 1 103 y el más alto en 1993 con 2 415; el chile también presenta mucha inestabilidad pues su promedio es de 3 418 kilogramos por hectárea pero en 1992 sólo se produjeron 2 003 mientras que en 1998 se alcanzaron los 4 505 kilogramos; el durazno es aún más incierto ya que su promedio fue de 1 351 kilogramos pero la más baja producción la tuvo en 1999, cuando sólo se obtuvieron 497 kilogramos, muy por debajo de los 2 565 que se cosecharon en 2002; el nopal tunero también es excesivamente inestable porque registra un promedio de 4 605 kilogramos pero la más baja producción la tuvo en 1998 con 1 134 kilogramos en tanto que la más alta en el año anterior, con 6 449 kilogramos por hectárea.

En términos de valor de la producción desde 1991 a precios de ese año hasta el 2002 la situación del agro zacatecano es realmente deprimente, pues en ninguno de los años siguientes el valor de toda la producción cíclica y perenne alcanzó el nivel del año de referencia, sólo en 1998 y 2002 se acercó, pero en 1993, 1994 y 1999 estuvo el valor sólo poco arriba de la mitad de 1991. El valor de la producción de frijol en 1992 representó en términos reales el 27.7% del valor de la que se obtuvo en 1991, y en 1999 el 28.5%, y sólo en 1996 alcanzó el 85.4%, pero en el 2002 el porcentaje fue de 61.4%; en el caso del maíz es también en 1996 donde alcanza un nivel más alto, esta vez superior en 60% a 1991, en 1995 en 26.4%, y en 2002 apenas arriba del año base, pero en 1999 sólo se logró el 62.4%. El valor de los demás cultivos muestra un comportamiento también muy irregular en el que predominan los niveles más bajos que el de 1991, lo cual muestra no un estancamiento del valor de la producción, sino su caída en términos reales.

En lo que respecta al valor de la población ganadera, en términos reales tomando como base también 1991 solamente en 1995 y 1996 estuvo por arriba, pero para 2002 sólo representaba el 60.3%, el nivel más bajo después de 1999, y por especie de ganado, en este año, el más importante, el bovino alcanzó solamente el 54.6% y en 2000 sólo un poco más. Los únicos años en que hubo recuperación fueron de 1995 a 1997. Realmente en ninguna de las otras especies hubo mejor suerte.

Comparados el valor de la producción agrícola total y el de la población ganadera total se observa que a lo largo de la serie este último se ubica por encima pero en los dos últimos años un poco por debajo.

En conclusión, la producción agrícola en Zacatecas fue muy inestable y errática en el período de estudio, especialmente en los cultivos mayoritariamente de temporal, aunque los de riego tampoco quedan exentos de problemas, tal como se pudo apreciar en las líneas anteriores.

C) MUCHOS Y POCO

Según INEGI, al 14 de febrero de 2000 la población económicamente inactiva representó el 62.1% del total de la población de 12 años y más, mientras que la PEA representó el 37.5% de la cual el 98.7% estaba ocupada. En 1990 los porcentajes estuvieron ligeramente más dramáticos, pero en el área urbana de Zacatecas los números cambian mucho ya que la PEA alcanzó 54.7 y 56.5% en 1994 y 1995 respectivamente, aunque la ocupada anduvo entre el 95.2 y el 94.8% en los mismos años, poco más abajo que en 1990 y en 2000.

El total de población de 12 años y más en 1990 fue de 852 021 personas y aumentó a 956 340 en 2000, pero las ocupadas sólo eran 294 458 en 1990 y 353 628 en 2000. Datos alarmantes son el hecho de que en 1990 de la población ocupada las mujeres fueron sólo 48 743, esto es sólo el 16.6% de todos los ocupados, pero de la población económicamente inactiva las mujeres eran el 72.8%. En el año 2000 las mujeres ocupadas eran el 28% de la PEA ocupada y el 67.9% de la población económicamente inactiva. Llama la atención la enorme cantidad de los clasificados en No especificado, quienes en 1990 representan poco más que la PEA desocupada y en 2000 poco menos, y también el hecho de que la mayoría de los inactivos se ubiquen entre las edades de los 12 a los 24 años de edad, como se aprecia al observar las estadísticas de INEGI.

Los datos anteriores muestran la poca capacidad que la economía zacatecana tiene para absorber a la población con más gravedad en el caso de las mujeres, con todo y que la clasificación de INEGI deja mucho que desear.

Por otra parte en el sector agropecuario, silvicultura y pesca se ocuparon 117 187 personas, el 39.8% del total de la PEA ocupada, pero para el año 2000 ya había bajado enormemente su capacidad de absorción debido a que ocupó al 20.7%. La capacidad de la minería para dar empleo a la población es insignificante y también bajó mucho en 10 años; las otras ramas con más capacidad de ocupación en 1990 fueron el comercio, la construcción, servicios comunales y sociales y la industria manufacturera con 10.1, 9.8, 8.8 y 8.8% respectivamente. Un poco más abajo estuvieron los servicios personales y mantenimiento con 6.6%.

En 1990 la población ocupada que no recibió ingresos alcanzó las 51 797 personas y representó el 17.6% del total de PEA ocupada; las personas que percibieron hasta el cincuenta por ciento del salario mínimo fueron el 8.8% y las que percibieron más de la mitad del salario mínimo pero menos de uno fueron 12.1%. Juntos representaron el 38.5%. Para el año 2000 los resultados fueron de 15.2, 3.5, 7.9 y 26.6%. Los que no recibieron ingreso alguno en el 2000 eran 53 729 personas. En su inmensa mayoría fueron remuneraciones de miseria, y si a los rangos anteriores se le suman los que percibieron más de uno y hasta dos salarios mínimos se tiene la alarmante cantidad de 214 084 personas en 1990 y 208 331 en el 2000 las cuales representaron el 72.7 y 52.9% respectivamente. Si la suma se amplía hasta los que percibieron más de dos pero menos de tres salarios mínimos las personas suman el 83.8 y 73.5%.