DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD RURAL AL DESPUNTAR EL SIGLO XXI. ECONOMÍA Y POLÍTICA

DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD RURAL AL DESPUNTAR EL SIGLO XXI. ECONOMÍA Y POLÍTICA

Compiladora: Irma Lorena Acosta Reveles

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Introducción

Los enfoque y paradigmas teóricos desde los cuales hemos buscado aproximarnos al mundo rural a partir de los años setenta del siglo XX, y que eventualmente han sido el sostén de las políticas públicas para el desarrollo agropecuario, atraviesan desde hace más de dos lustros por un proceso de reformulación minuciosa. Esta reformulación se funda, desde luego, en la inevitable evolución del tejido social agrario; pero sobre todo, proviene de la incapacidad del discurso hegemónico para dar una respuesta cabal -y ofrecer soluciones- a los problemas de nuestro tiempo. Una evidencia contundente de esa incapacidad es que los campos latinoamericanos y de nuestro país sobresalen invariablemente por las carencias y conflictos que ahí confluyen.

La polarización productiva y social se ha consolidado, pero también en este terreno hay sucesos inéditos. Las tendencias globalizadoras han sido especialmente propicias para hacer aflorar en la dimensión laboral, productiva, mercantil y política, tensiones alimentadas por largo tiempo. Los temas que en esta ocasión nos ocupan son sólo una muestra.

I

El artículo que abre este trabajo tiene la función de ser el marco de referencia histórico en el que se inscriben los problemas concretos que serán abordados ulteriormente. Su objetivo es recoger los eventos y cifras macroeconómicas más relevantes del agro latinoamericano en las tres últimas décadas, y el punto de referencia obligado es la reorientación del modelo de crecimiento agropecuario. Una reorientación que compromete, desde luego, la economía rural mexicana. El propósito que guía de esta primera contribución es desnudar un cúmulo de sucesos críticos de índole social, laboral y ambiental, que no son suficientemente valorados cuando se pregonan los resultados positivos en materia de producción, productividad, balanza comercial y uso del suelo. Para llegar a este punto fue preciso poner en evidencia las razones para sacar adelante en la región un modelo agroexportador centrado en los negocios agrarios, y clarificar su sentido en este momento del desarrollo del capitalismo. Cabe decir que en esta apretada síntesis, se pone de relieve el impacto de las políticas neoliberales sobre los sectores sociales más vulnerables de los campos latinoamericanos, así como sus contradicciones en el rubro laboral, social y de soberanía alimentaria.

II

Situados en la historia reciente de México, Manuel García Hernández nos invita a acercarnos al proceso de Reforma Agraria desde la perspectiva de la economía política marxista. En su artículo propone dilucidar la razón de ser y “sello campesino” del fenómeno en el contexto del capitalismo nacional. En su análisis el autor adopta como eje articulador el concepto de mercado interno, y desde ahí nos lleva a deducir que las sociedades subdesarrolladas -supeditadas en su dinámica económica del mercado mundial-, están obligadas a moverse entre dos polos: el proteccionismo y el libre cambio. Posteriormente García Hernández aporta elementos para entender porqué en los países subdesarrolladas, incluso en un entorno protegido, el mercado interno no es el producto necesario de la madurez de las relaciones de producción hegemónicas, sino un resultado subsidiario, y en el mejor de los casos un subterfugio de las burguesías nacionales. Es en el marco de las políticas de reforma agraria que se da un trato diferenciado a los productores rurales: el campesinado viene a llenar los huecos que deja el agricultor empresarial, y por tanto, sólo se beneficia parcialmente de la bonanza agrícola de la época. Más adelante, con el giro de las políticas agropecuarias hacia el libre mercado, la tendencia es prescindir del campesinado como proveedor de bienes agroalimentarios.

III

En el trabajo Campesinado y control estatal en el neoliberalismo mexicano, José Turriza Zapata explica que en los años ochentas el corporativismo rural pierde funcionalidad en el esquema de control campesino en México, orillando a una redefinición de los mecanismos de control político partidario. Es así que las instituciones agropecuarias oficiales se reforman en pro del régimen y del grupo hegemónico, y tiende a organizarse en pequeños grupos en torno a la producción y circulación, fraccionando y dispersando a los campesinos y sus intereses inmediatos. Paralelamente –interpreta- se va erigiendo una nueva opción de control del campesino y no un neocorporativismo, porque en general las organizaciones campesinas emergentes son limitadas en sus objetivos, estructura e ideología. Entretanto, la lucha campesina se mantiene aislada y dentro de los límites y formas que marca el régimen, de ahí que el Estado acceda a darles apoyo económico y político. Desde esta visión se puede entender que en la actualidad el ejido deje de ser el espacio fundamental de las maniobras políticas estatales, y que en su lugar operen programas de subsidio al pequeño productor, que al mismo tiempo apoyan a la burguesía rural y dan legitimidad al régimen.

IV

A continuación encontramos el texto de Sonia Puricelli, quien analiza el desenvolvimiento y significado del movimiento El Campo No Aguanta Más (MECNAM), en el contexto de una crisis agrícola nacional exacerbada. Este trabajo tiene el mérito de incorporar el testimonio de algunos de los personajes que forjaron el movimiento, por considerar que sus experiencias y posturas tienen potencial para aportar una perspectiva crítica desde el interior mismo del proceso. Su planteamiento medular consiste en que éste suceso político constituye la máxima expresión del movimiento campesino en México durante el primer lustro de este siglo que comienza. Y sin embargo, desde su constitución misma, albergó contradicciones que limitaron el alcance de sus objetivos y determinaron su desintegración. Para llegar a este momento en la reflexión, la exposición se organiza en tres partes. Primero hace referencia al momento y condiciones históricas en que emerge el MECNAM; enseguida se ofrecen detalles sobre las coyunturas claves de su trayectoria, para evaluar posteriormente su desempeño como factor de cambio social en nuestro país. Finalmente, a modo de conclusión la autora reflexiona sobre el valor de este movimiento en el escenario político nacional, caracterizando sus reivindicaciones como contrarias al modelo económico en curso, pero sin las pretensiones de un movimiento antisistémico o anticapitalista.

V

La contribución de José Luis Hernández Suárez está dedicada a la economía agrícola del estado de Zacatecas. Su proposición central es que la migración laboral hacia diferentes puntos de los Estados Unidos desde nuestra entidad durante década de los noventa, obedece en primera instancia a la caída de la rentabilidad de las actividades agropecuarias; actividades en las que sobresalen los cultivos de frijol y de maíz, y en menor medida la ganadería de explotación extensiva. El desplome de los precios reales de estos bienes debido a la apertura comercial, la reasignación de subsidios públicos –adversos ambos la producción campesina-, así como el hecho de que no se han generado alternativas de ocupación a la población del medio rural son los factores esenciales de un proceso de expulsión acentuado. Con base a herramientas estadísticas, corrobora que la política económica reciente ha dañado sobremanera al sector agropecuario de la entidad, históricamente vulnerable y estancado en las formas de explotación extensiva. Una de sus afirmaciones concluyentes es que dentro del modelo agrícola actual no se avizoran posibilidades de crecimiento para la agricultura zacatecana, por lo que cabe esperar la población campesina siga emigrando, ahora sin perspectivas de regreso.

VI

El artículo de Irene Román Rodríguez nos invita a conocer sobre el trabajo infantil en los campos agrícolas del municipio de Calera Zacatecas para poner de relieve sus especificidades y conflictos. Como lectura de este fenómeno la autora comienza por llamar la atención sobre el carácter estratégico del trabajo de los menores en el orden social capitalista, en especial en los países subdesarrollados. Mas adelante afirma que este proceso -la incorporación de los menores al trabajo asalariado agrícola- esta íntimamente ligado a la pobreza de las familias en el medio rural, pues resulta de la necesidad de lograr las percepciones monetarias suficientes para cubrir las necesidades más apremiantes de los hogares. Un elemento que favorece esta incorporación en el municipio de Calera Zacatecas es la escasez de trabajadores adultos para las tareas agrícolas en temporada alta, ya que las faenas se concentran en algunos meses del año y requieren de un amplio contingente de mano de obra para llevarlas a cabo. La ventaja de emplear menores es que se trata de mano de obra “barata y sumisa”. Entre las conclusiones que arroja el estudio vale la pena destacar que los menores empleados en los campos de cultivo estudiados, no son víctimas regulares de los maltratos físicos o psicológicos que sí se presentan en otras áreas de explotación agrícola empresarial, como las del trópico. Lamentablemente, por la naturaleza de las tareas, los infantes sí están expuestos de continuo a riesgos de salud, accidentes o trastornos en su desarrollo físico mental. Otra consecuencia negativa del trabajo agrario infantil en la zona es el ausentismo y deserción escolar que propicia. Y en el largo plazo, los bajos niveles educativos y de calificación laboral marcan a estos menores de por vida, pues en tales condiciones estarán destinados a los trabajos de menores salarios, al desempleo, y muy probablemente, a la emigración.