LA GESTIÓN DE LAS RELACIONES Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

LA GESTIÓN DE LAS RELACIONES Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

Emeterio Guevara Ramos

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10. Sistemas sociotécnicos

Para Bennett (1990) a partir de los ochenta empieza la muerte del hombre organización. El hombre organización hace referencia al término acuñado por William H. Whyte en 1956 en su famoso libro del mismo título. Whyte lo describía como un hombre colectivo, preocupado por su bienestar financiero, sus aspiraciones personales, su vida social y aún el carácter moral de la organización. Lo llamaba “la mente y alma de la gran auto perpetua organización”. En ese sentido, “todo comportamiento implica una selección, consciente o inconsciente, de determinadas acciones, entre todas las que son físicamente posibles, para el que actúa y para aquellas personas sobre las cuales este ejerce influencia o autoridad” (Simon, 1978, p5).

El comportamiento del hombre organización que puede ser un trabajador administrativo, contable o financiero de nivel medio o alto descansaba sobre las premisas de lo que obtenía de la organización a cambio de su trabajo. El hombre organización se sentía confiado acerca de la paternal benevolencia de la empresa, su trabajo lo creía sería a perpetuidad. Descansaba en la rígida estructura burocrática y jerárquica. La organización era para él su sistema social y sus propias costumbres, hábitos, sentimientos, entendimientos y cábalas.

Desde los sesentas hasta a finales de los setenta las organizaciones prometieron altos salarios, beneficios de por vida, prestigio social y seguridad. A cambio el hombre organización cedió parte de su autonomía, rindió su independencia a la organización por la lealtad corporativa. El trato faustiano que hicieron les proporcionó a cambio prosperidad económica (Bennett, 1990, p14-5).

En la dirección aprovechaban el comportamiento y las acciones que la interacción entre los factores de motivación y conocimiento provocaba en este tipo de hombre. La descripción del "hombre de la organización" debe enfocarse directamente a sus atributos como ser que toma decisiones procurando ser racional (March y Simon, 1981, p 149).

En ese contexto, las palabras "elección" y "decisión", tal como se emplean ordinariamente, encierran matices de selección consciente, deliberada y racional, para Simon, incluyen cualquier proceso de selección, con independencia de si los elementos indicados están presentes en algún grado (Simon, 1978, p5-6).

El entorno cambia, y como el objetivo de la organización no es, en modo alguno, estático, “los objetivos de la organización tienden constantemente a adaptarse a los valores cambiantes …” (Simon, 1978, p109).

Los ochenta fueron tiempos de cambio y las purgas de personal empezaron. Los recortes de personal decimaron las áreas del hombre organización: publicistas, contadores, planificadores, asesores de relaciones públicas, diseñadores y otros asesores. La reorganización fue dramática, el desempleo se incrementó, desapareció la seguridad en el trabajo, la lealtad dejó de ser el elemento más importante para ser sustituida por la eficiencia y los resultados. Todo ello provocó la muerte del hombre organización y del nacimiento del hombre moderno para quien el logro, el prestigio, el estatus y la remuneración económica empiezan a ser el móvil de sus vidas. (Bennett, 1990, p17-22)

En esas circunstancias, el “objetivo de la organización rara vez coincidirá exactamente con los objetivos personales incluso de aquellos participantes cuyo interés en la organización radica en la consecución de su finalidad” (Simon, 1978, p109).

El entorno económico y social estaba cambiando rápidamente. La competencia se torno despiadada y los productos norteamericanos fueron desbancados por los japoneses o europeos. Industrias enteras dejan de ser competitivas, el objetivo por bajar los costos de operación conducen a una lucha despiadada y brutal por la competitividad. Los efectos se reflejarían en la perdida de estabilidad de los trabajadores y la reducción significativa de sus paquetes de prestaciones (Bennett, 1990, p176-9)

El resultado fue el nacimiento del nuevo Hombre Organización, jóvenes ejecutivos que saben que la seguridad en el trabajo no existe, no pueden dar su lealtad a la organización y la desconfianza está siempre presente. Saben que el trabajo no será para toda la vida y buscan la experiencia y el entrenamiento que les sirva cuando sea necesario trasladarse a otra empresa. Sobre todo el nuevo Hombre Organización es independiente (Bennett, 1990, p254-7)

Ahora el criterio de eficiencia dicta, en tales organizaciones, la elección de aquella alternativa, entre todas las que dispone el individuo, que proporcione mayor rendimiento neto (en dinero) a la organización (Simon, 1978, p164).

La muerte del hombre organización –aquel ser tan apreciado por la administración clásica – fue, en muchos sentidos, claramente un perdida para la organización. Si el Hombre Organización era estrecho y no muy imaginativo, como sus críticos erguían, también eran habilidosos técnicos dedicados a su trabajo y orgullosos de su trabajo. Esas habilidades dejaron de ser apreciadas o valuadas y fueron sustituidas por las habilidades políticas defensivas y la supuesta autonomía en el trabajo –que a menudo no tienen nada que ver con el trabajo en sí pero protegen a los administradores del despido. (Bennett, 1990, p25-6)

Con la muerte del viejo “hombre organización” se pierden las bases psicológicas de la identificación con la organización, que implicaban por lo menos tres elementos: el interés personal en el éxito institucional, una transferencia a los organismos de una filosofía de dirección, y las limitaciones del área de la atención que no permiten permanecer en ella más que a una esfera restringida de valores (Simon, 1978, p207). En lugar de utilizar el concepto del hombre económico de la teoría clásica para explicar la toma de decisiones, Simon utiliza el término hombre administrativo.

Con respecto al Hombre organización, Bennis afirma que la tendencia hacia él es “también una tendencia hacia una organización flexible y no estructurada en la cual los roles pueden ser intercambiables y en la que nadie es indispensable. Para muchas personas esto puede ser una pesadilla monstruosa pero al menos no debe confundirse con la pesadilla del pasado” (Bennis, 1966, 24).

Los nuevos modelos organizacionales significan anonimato y homogeneidad pero no autoritarismo como en la visión clásica. La muerte del Hombre organización permite el nacimiento del Hombre profesional (Bennis, 1966, 25).

Aparece así, el hombre racional que pregonan March y Simon, cuyo “análisis del conocimiento encaja en el marco más amplio dé la teoría de la organización, no en sustitución de estos enfoques primitivos, sino como un complemento de los mismos” Estos enfoques intentaban “sustituir la fantasía por el hecho en la comprensión de la mente humana y el comportamiento humano en la organización (March y Simon, 1981, p 232-3).