LA GESTIÓN DE LAS RELACIONES Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

LA GESTIÓN DE LAS RELACIONES Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

Emeterio Guevara Ramos

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CAPITULO I. DE LAS RELACIONES HUMANAS A LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

1. Introducción

Los objetivos del presente capítulo son describir y analizar los antecedentes remotos y las líneas causales y evolutivas que finalizan en la aplicación del concepto de la Responsabilidad Social Empresarial iniciando con las aportaciones de la “escuela, acercamiento o teoría” de las Relaciones humanas.

Sabemos que los acontecimientos sociales, económicos, políticos, tecnológicos y culturales que han dejado su huella en la historia en general, también han influido, al menos indirectamente, en la naturaleza, el desarrollo y las características estructurales de la teoría organizacional. La historia de las acciones y programas relacionados con los factores internos y externos a la organización son evolutivos, no revolucionarios; es decir, que los cambios que han ocurrido en este campo, han sido causados en su mayor parte por cambios económicos, organizacionales, sociales y culturales graduales y no por sucesos drásticos con rompimientos radicales.

El estudio del ser humano en el trabajo y en la organización ha sido objeto de investigación sistemática a partir de la segunda década del siglo pasado comenzando con un concepto centrado en las funciones bajo una óptica administrativa pasando luego al estudio de los grupos dentro de las organizaciones donde se hacen estudios sobre su comportamiento, sin dejar de lado la óptica productivista y funcionalista que privilegia la racionalidad y las estructuras verticales en las que queda claramente definida la autoridad y el liderazgo, hasta avanzar a las nuevas concepciones en las que se toman en cuenta los aspectos de aprendizaje, de innovación y las emociones del individuo en su interacción con la organización.

Toda empresa es un agente de continuo cambio social. Sus acciones tienen incidencia económica, social y cultural dentro de la organización y sobre todo en su entorno inmediato. En cada empresa están implicados los accionistas y directivos, los trabajadores, los usuarios y consumidores de sus productos o servicios, la comunidad en donde está asentada y las poblaciones afectadas en general por sus prácticas productivas y comerciales. No siempre ha habido conciencia que la empresa tiene una responsabilidad frente a todo este universo descrito. Incluso ahora que el concepto de Responsabilidad Social se ha desarrollado, una porción del empresariado aún considera que su deber, o Responsabilidad Social, se cumple en la medida en que proporciona empleo a la comunidad y entrega un bien o servicio a sus clientes. Esta es una visión estrecha de la Responsabilidad Social que debe ser modificada a través de la difusión del concepto y de las prácticas que empresas líderes realizan alrededor del mundo.

El estudio del ser humano en relación con la organización ha sido objeto de investigación sistemática a partir de la segunda década de este siglo comenzando con un concepto centrado en las funciones bajo una óptica administrativa (Fayol, 1949 y Weber, 1930) pasando luego al estudio de los grupos dentro de las organizaciones donde se hacen estudios sobre su comportamiento (Mayo,1945 Lewin, 1947) sin dejar de lado la óptica productivista y funcionalista que privilegia la racionalidad y las estructuras verticales en las que queda claramente definida la autoridad y el liderazgo, hasta avanzar a las nuevas concepciones en las que se toma en cuenta el aspecto emocional del individuo en interacción con la organización: como en la teoría Z y en los conceptos que abordan la parte subjetiva del individuo y como ésta afecta, al medio en donde se desenvuelve.

El concepto de Responsabilidad Social evolucionó a partir del interés de empresarios europeos y estadounidenses que, luego de la Depresión de 1929, buscaron generar un clima favorable entre los trabajadores con el fin de garantizar condiciones para el trabajo. Luego de la segunda mitad del siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial y con las aspiraciones socializantes de los trabajadores en pleno desarrollo, los empresarios vieron la necesidad política de integrarlos progresivamente a la gestión de la empresa. Su estrategia era obtener seguridad y estabilidad política en el ambiente laboral para mejorar las relaciones y contribuir a la humanización del trabajo. Con ello, la legislación laboral comienza a modificarse en diversos países. En Alemania, por ejemplo, se promulgó la Ley de Cogestión que buscaba establecer igualdad de derechos del capital y del trabajo en las industrias siderúrgicas y mineras.

Paralelo al interés político en crear condiciones laborales y sociales más favorables para los trabajadores, y para desarrollar una Responsabilidad Social incipiente, fue necesario ampliar la conciencia de los empresarios acerca de las consecuencias sociales de las acciones de las empresas. Ello aconteció en las décadas del 50 y 60 en Estados Unidos, cuando la acción caritativa individual del empresario evolucionó hacia la acción del conjunto de la empresa, incentivada por facilidades tributarias. Es en la década del 60 que aparece en el escenario de las grandes empresas una nueva visión de Responsabilidad Empresarial en la cual se reconoce que el poder que detenta una gran empresa conlleva una gran responsabilidad con el bienestar de la sociedad. Esta fue la visión de Thomas Watson Jr., entonces presidente de la Junta Directiva de IBM, expresada en una conferencia en 1963. Al año siguiente, David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank, sostenía que la propiedad de una empresa deriva necesariamente en ciertas obligaciones sociales.

El marco conceptual y las diversas formas en que se expresa la Responsabilidad Social Empresarial en la actualidad son el resultado de la evolución de estos procesos. Dichos procesos han repercutido en otros escenarios, como el latinoamericano, en donde lentamente se viene haciendo un cambio organizacional para adoptar políticas de Responsabilidad Social, aunque continúan predominando otras formas de relación de la empresa con su entorno social interno, externo y ambiental.

El tercer milenio está dando a luz cambios organizacionales no imaginados hace quince o veinte años. Dentro de la infinitud de cambios, existe una orientación que está siendo cada día más aceptada por las organizaciones en el mundo; en México, lentamente, las organizaciones de diversos tamaños y sectores están descubriendo los beneficios de hacer coincidir sus intereses empresariales con los intereses de sus trabajadores, clientes, proveedores, vecinos, comunidad, competidores, inversionistas y otros grupos afectados directa o indirectamente con las operaciones de la organización. Están desarrollando una visión moral para considerar estos factores como centrales para lograr el éxito organizacional. Los empresarios con esta visión desarrollan estrategias en la cúspide organizacional basados en la creencia de que en el largo plazo el desempeño de las utilidades financieras y la responsabilidad social corporativa no son sólo compatible sino que están inevitablemente relacionadas.

Desde hace tiempo en el país se viene hablando con insistencia de ética en los negocios y en las organizaciones, la empresa es vista cada vez más como espacio idóneo para la moral vivida y pensada. La evolución que se ha producido es evidente: hace tan solo unos años, hablar de ética en la empresa era considerado algo así como un juego de palabras e incluso como una paradoja; hoy, sin embargo, y aunque todavía hay escépticos que lo consideran una moda pasajera, no se puede negar que estamos asistiendo a la emergencia de preocupaciones que van más allá del puro beneficio económico.