CONTRATACIÓN ELECTRÓNICA INTERNACIONAL
UNA MIRADA DESDE EL DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO

CONTRATACIÓN ELECTRÓNICA INTERNACIONAL UNA MIRADA DESDE EL DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO

Sara Lidia Feldstein de Cárdenas y otros

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II. EL ORDENADOR, EL ROBOT

El ordenador reconoce sus orígenes en el primer instrumento de cálculo llamado “ábaco”, que data del siglo IV antes de Cristo. Se trataba de un utensilio de madera dividido en columnas por unidades, decenas, utilizado como contador por las antiguas culturas china y babilónica.

La primera máquina de calcular fue denominada “Pascaline” por haber sido atribuida a Blaise Pascal (francés, 1623-1662), quien diseñó una máquina destinada a operar en sumas y restas, mediante la combinación de ruedas dentadas.

Posteriormente, el matemático Gottfried Wilhelm von Leibnitz (alemán, 1646-1716) construyó una capaz de realizar otras operaciones aritméticas, como multiplicar, dividir y extraer raíces cuadradas.

Otro matemático, Charles Babbage (inglés, 1791-1871), desarrolló los primeros principios de los “ordenadores electrónicos” diseñando lo que él denominó “máquina diferencial, capaz de imprimir tablas matemáticas”, a la que luego le agregó “la máquina analítica” estructurada para realizar cualquier clase de operación aritmética.

Pero el acelerado desarrollo que se observa en el ámbito de la moderna tecnología data de la década del cuarenta del siglo veinte, cuando el científico Howard Aiken (estadounidense, 1900-1973), da los pasos decisivos en tal sentido, para que en 1945 se construyera en la Universidad de Pennsylvania el ENIAC (Computador e Integrador Numérico Electrónico), diseñado en 1946 por John P. Eckert y John W. Mauchey, para cubrir estrictas necesidades impuestas por la segunda guerra mundial. Esta máquina ocupaba ciento cuarenta metros cuadrados, pesaba treinta toneladas, contenía dieciocho mil válvulas de vacío, setenta mil resistores, diez mil capacitores y seis mil llaves. Tan lejana ha quedado en la historia de la civilización, esa primera computadora, que sin haber logrado ocultar su origen bélico, tenía una potencia aproximada, equivalente a una PC mediana actual (personal computer, computadora personal), y ocupaba un edificio entero, cuidadosamente climatizado a una temperatura constante, para evitar que sufriera cualquier alteración térmica, la que por mínima que fuera, podía producirle fallas, hasta llegar a paralizarla. Tal ha sido el progreso científico y tecnológico en este campo que Carlos Ferré allá por 1983 llegó a afirmar, que si la industria automotriz hubiera seguido un ritmo similar, un automóvil Rolls Royce debería costar no más de dos dólares con setenta y cinco centavos y recorrería un millón de kilómetros con un litro de combustible.

Cabe recordar a la sazón, que la “Robótica” es una ciencia que estudia el diseño y construcción de máquinas capaces de desempeñar tareas realizadas por el ser humano o que requieren del uso de inteligencia. Las ciencias y tecnologías de las que deriva podrían ser: el álgebra, los autómatas programables, las máquinas de estados, la mecánica o la informática. Una definición puede ser: “El conjunto de conocimientos teóricos y prácticos que permiten concebir, realizar y automatizar sistemas basados en estructuras mecánicas poli articuladas, dotados de un determinado grado de inteligencia y destinados a la producción industrial o a la sustitución del hombre en muy diversas tareas”.

Un sistema robótico se puede describir, como "Aquél que es capaz de recibir información, de comprender su entorno a través del empleo de modelos, de formular y de ejecutar planes, y de controlar o supervisar su operación". La Robótica es esencialmente pluridisciplinaria y se apoya en gran medida en los progresos de la microelectrónica y de la informática, así como en los de nuevas disciplinas tales como el reconocimiento de patrones y de inteligencia artificial.

Su historia ha estado unida a la construcción de "artefactos", muchas veces por obra de quienes trataban de materializar el deseo humano de crear seres semejantes a nosotros que nos descargasen del trabajo.

Ahora bien, si algún autor ha influido fundamentalmente en la concepción del universo de los robots de ficción, éste ha sido Isaac Asimov, a quien precisamente se le atribuye la invención de la palabra robótica. Este autor a la edad de veintidós años, escribió su cuarto relato corto sobre robots y uno de sus personajes planteó lo que consideraba axiomas básicos para el funcionamiento de un robot. Asimov fijó en un supuesto Manual de Robótica (56 edición, 2085 d. C.) las famosas tres leyes que debían regir a los robots en su relación con los humanos:

- Un robot no puede lesionar a un ser humano ni permitir por inacción que le sobrevenga daño alguno.

- Un robot debe obedecer las órdenes que le den los seres humanos. Salvo que tales órdenes vayan en contravención de lo dispuesto en la Primera ley.

- Un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando tal protección no suponga contravenir la Primera o la Segunda Ley .

Por ende, más allá de la actualidad o no de tales reglas, ellas nos inducen para que indaguemos si INTERNET, una creación del hombre, que conecta máquinas y redes que se conectan su vez entre sí, es un área regulable, una zona donde impera el derecho, o es un espacio ajurídico.