FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

Francisco José Calderón Vázquez

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CAPITULO I. “Hispania en África”

I.1.- La difícil proyección africana de la Corona Castellano-Aragonesa

Comprender los porqués de la presencia española en tierras magrebíes supone retroceder en el tiempo a las circunstancias y acontecimientos de la Península Ibérica de la segunda mitad del siglo XV, cuando se inicia la expansión portuguesa en el continente africano, en la fachada atlántica del litoral magrebí. Este proceso tomará impulso con la conquista por los portugueses de una serie de puntos fuertes en el litoral atlántico como Ceuta, Tánger, Arcila, Mazagan y Agadir.

Una vez completado el proceso de unificación nacional, con la anexión del reino nazarí de Granada, la conducta expansiva de los lusitanos será imitada por Castilla, a través de la política norteafricana de los Reyes Católicos y del regente Cisneros. Política norteafricana, en el caso hispánico, de sesgo claramente defensivo, puesto que trataba de dar respuesta al peligro que, para la integridad del emergente reino castellano-aragonés, suponían tanto la actividad corsaria de los piratas berberiscos como la creciente expansión otomana en el Mediterráneo.

La piratería berberisca instrumentada a modo de guerrilla náutica por los turcos, desde su protectorado de Argel, constituyo un formidable quebradero de cabeza para los europeos, puesto que turcos, berberiscos y renegados infestaban el Mediterráneo con sus razzias y correrías, obstaculizando en gran medida la navegación y el comercio, saqueando las costas españolas y poniendo en entredicho, la seguridad de la emergente España.

Asimismo, los problemas interiores de configuración de la flamante monarquía castellano-aragonesa aconsejaban la intervención en África, ya que el poblamiento de las zonas litorales de Andalucía y Levante, se presentaba bastante problemático tanto por la constante amenaza de los piratas berberiscos, como por la presencia en suelo peninsular de numerosos contingentes de mudéjares y moriscos, grupos considerados mayoritariamente por los castellanos como una amenaza latente para el incipiente Estado Español, ya que podían significar una cabeza de puente, aliada de posibles invasores islámico-norteafricanos .

La empresa africanista tanto por su gran dificultad como por la enormidad de sus dimensiones, excedía con mucho las posibilidades castellanas del momento. Sirvan como muestra las palabras de Martín Galindo, uno de los informantes de los Reyes Católicos sobre la posibilidad de establecer un enclave en Melilla:

“El cual fue y como la vio tan asolada y destruida, y viese tanta multitud de moros alabares que moraban a la redonda, pareciole que si la poblasen antes sería carnicería de cristianos que población de ellos, porque contino nunca cesarían de les dar combate y ni podrán ser socorridos de las cosas necesarias….

Circunstancias que hacían desaconsejar la instalación del presidio español en la zona:

“ … pues era gastar dineros excusados en poblar aquel pueblo, porque gastados era imposible sostenerse según la multitud de moros que había a la redonda….”

Por ello, la vision dominante, en la proyección norteafricana de los monarcas católicos y de sus sucesores, consistió en promover una ocupación de enclaves, selectiva o restringida del territorio, mucho mas realista y plausible, si bien con grandes contradicciones.

La presencia hispánica se orientaba al dominio de los puntos focales litorales más significativos para el control de las rutas marítimas y de los bastiones de la piratería berberisca en el Mediterráneo Occidental. Mediante los enclaves hispánicos se pretendía establecer una línea de fortalezas litorales y puntos fuertes en la costa magrebí mediterránea que debían actuar como avanzada de la España peninsular. Constituyendo dichas fortalezas una primera línea defensiva de contención, línea denominada en ocasiones por las crónicas como “frontera africana”, contra posibles agresiones provenientes de la costas norteafricanas o del Mediterráneo Oriental.

La presencia castellana en los enclaves se complementaria con la constitución de una serie de reinos tributarios, aliados de los españoles (Ubieto, Reglá, Jover y Seco, 1970) . Paradigma de los cuales fue el Reino de Kuco , y en menor medida el reino de Tlemecén o Tremecen, o la ciudad de Mostagem, en diversas etapas, entre otros podrían incluirse en esta relación de “auxiliares”, destinados a actuar como estados tapones o bordes exteriores de los dominios españoles, aislándoles de potenciales enemigo