FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

Francisco José Calderón Vázquez

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2.- Territorialidad, Fronteras, Identidad y Conflicto

La Territorialidad y su consecuencia mas sustantiva la demarcación territorial, suponen la exclusividad del espacio o zona delimitado por los “titulares” “propietarios” que tenderán a controlar el acceso al mismo mediante la fijación de lindes o líneas fronterizas que delimitaran no solo el territorio propiamente dicho, sino también el ámbito de influencia política, sociológico-antropológica y cultural de la comunidad adscrita y “titular” a dicho territorio. Al marcar su espacio físico con fronteras visibles o invisibles la condición de los que están mas allá de los confines será la de extranjeros, extraños a la comunidad. Extranjeros que en caso de traspasar los lindes sin autorización previa serán considerados intrusos o invasores, quedando sometidos a la respuesta, normalmente agresiva, de los naturales, que puede derivar en advertencias primero y agresiones y enfrentamientos físicos con posterioridad, al ser considerada su actitud como invasiva o violadora de la integridad de su territorio.

La territorialidad conlleva, por tanto, la fijación de limites y fronteras. El hecho fronterizo, tiene una importancia critica puesto que conlleva implícita la separación nosotros-ellos, que con el fluir de la historia ha conducido hacia construcciones como el estado-nación que han llevado hasta el paroxismo durante buena parte de las ultimas centurias la idea de las fronteras como líneas de separación-exclusión y la idea del territorio como espacio perfectamente delimitado, homogéneo, hermético e impenetrable, soporte y límite de la unidad-comunidad política-social sobre el que se asienta y vive.

Las fronteras han constituido uno de los elementos centrales en la liturgia del estado nación, si no el más importante. Considerándose la inviolabilidad de las mismas como directriz básica, y de carácter casi sagrado, en cuanto que expresión sustantiva de la noción de “soberanía nacional”, que debe ser defendida a toda costa.

Siguiendo a Cairo (2001) el concepto de frontera en el campo de la geopolítica ha evolucionado desde las ideas arcaicas de la frontera como limite entre lo conocido y lo desconocido, las ideas decimonónicas de la frontera como línea de delimitación o separación, boundaries, limite entre dos unidades-comunidades políticas diferentes y contiguas. O bien, la idea más moderna de frontera, como espacio de transición o zona de intersección e interacción, borderland, entre comunidades fronterizas adyacentes que suelen compartir un mismo espacio físico, con variadas vinculaciones entre si . Como tal línea de exclusión o compartimentación, entre diferentes unidades políticas espacialmente soberanas, su característica decisiva es la discontinuidad o diferencial entre los diversos ordenamientos políticos-jurídicos limítrofes en sus diferentes dimensiones.

Dentro de las fronteras surge una comunidad “nacional” de individuos, comunidad que comienza con el paso del tiempo a generar una determinada “identidad”, es decir la condición o cualidad que compartida o condividida por todos los miembros del grupo identifica y distingue a los mismos frente a los restantes grupos e individuos. La identidad tiene mucho que ver con la idiosincrasia del grupo o comunidad y su forma de percibir, interpretar y construir la realidad y que es transversal al grupo, imbuyendo a todos sus miembros, diferenciándolos de los miembros de otros grupos o comunidades y en este sentido, haciéndolos “únicos” y distintos a cualesquiera otros seres humanos.

La identidad se construye y afirma entorno a una serie de criterios que pueden ser singulares o múltiples: raciales, étnicos, confesionales, culturales, nacionales, geográficos, económicos, etc. Al ser un elemento diferenciador, la identidad “marca” indeleblemente a los individuos integrantes del grupo con un “sentido de pertenencia grupal”, es decir los integrantes del grupo o comunidad están vinculados entre si por una serie de hilos invisibles que los hacen pertenecer a dicha comunidad aunque estén físicamente muy lejos. Por ello la identidad grupal plantea la creación de una suerte de confines o fronteras interiores, invisibles pero ciertas que condicionan las relaciones de los miembros de la comunidad de pertenencia con otros individuos y otras comunidades.

Por tanto, la delimitación de fronteras conlleva la generación de comunidades y la afirmación de identidades grupales y comunitarias que pueden ser a su vez muy definidas y que pueden marcar o acentuar mucho las distancias con otros grupos o individuos que no comparten o condividen dicha identidad, actuando por tanto como fronteras interiores.

Cuando el hecho diferencial, esencia de la identidad grupal, es decir las características que nos distingue (y a la vez nos separa de los otros) se sitúa como criterio restrictivo de actuación que condiciona o influencia las relaciones del grupo y de sus miembros individuales con los otros grupos e individuos, se estaría produciendo de facto, lo que podría considerarse como afirmación excluyente de la identidad, conducta que puede conducir en determinadas circunstancias a la rivalidad y a la hostilidad intergrupales, dándose lugar al conflicto y en definitiva al choque, que puede ser cruento o incruento, latente o evidente.

El conflicto supone la progresiva despersonalización de los rivales, que devienen enemigos, a los que hay que vencer y dominar, y en su caso eliminar, incluso físicamente, como en el caso de las limpiezas étnicas o de las persecuciones políticas o de los progroms religiosas. De tal manera que el otro deja de ser persona y se convierte en una especie de cosa. Parece claro que la negación o renuncia de los otros, nos empequeñece, nos empobrece, porque en definitiva cuando, por la razón o circunstancia que sea se produce una situación de exclusión somos menos personas, tanto si somos exclusores como si somos excluidos, nuestra condición de personas de seres humanos cotiza a la baja. Como si la negación de los otros supusiera, simultáneamente, la negación propia.