FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

Francisco José Calderón Vázquez

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I.2.- Los enclaves norteafricanos de España

El concepto de enclave presenta importantes connotaciones, puesto que aunque en términos estrictos hace referencia a una parte del territorio perteneciente a una determinada comunidad política que está completamente rodeado, enclavado, por territorio extranjero, su campo semántica se amplia hacia lo social y étnico, ya que también se entiende por enclave al territorio caracterizado por la presencia de un grupo étnico, político o religioso que está rodeado o enclavado dentro de otros grupos más extensos y de características diferentes a los primeros. Asimismo, en términos administrativos un enclave puede ser un territorio que está rodeado o enclavado dentro de otro, que bien puede ser distrito, municipio, provincia, comunidad autónoma, país, estado, etc.

Los enclaves norteafricanos hispánicos presentarían todas y cada una de tales características, puesto que significaban básicamente la presencia de grupos de población hispánica, europea y cristiana en un contexto de sesgo étnico cultural y religioso muy diferente como es el arábigo-africano-islámico-magrebí, constituyendo además de una frontera político territorial una frontera étnica y cultural, puesto que se trataba de contingentes de españoles que se trasladaban, como cabeza de puente en tierra de moros.

El termino “moro” designa genericamente en el idioma castellano a las gentes del Magreb. El origen etimologico parece provenir latin vulgar “morus”, contraccion del verbo latino clasico maures o maurus, derivado a su vez del griego “mávros” o “mayros”, cuyo significado basico es negro, oscuro (Dizionario Etimologico Online, 2008) .

Con la denominacion maures-maurus-morus se indicaba a los naturales de la provincia de Mauritania-Tingitania, los mauritius o mauritanos y de manera general a los bereberes. Siendo en lengua latina el termino maurus-morus un sinonimo de africano . En epoca medieval con la denominacion “moro” se designo en la Peninsula a todos los musulmanes de Al-Andalus y del norte de Africa. En el idioma italiano actual la palabra moro como sustantivo designa al color marron en sus diversas tonalidades, en el sentido originario de “oscuro”. Empleada como adjetivo es un antonimo de rubio o claro, con referencia al color del pelo o de la piel .

Los enclaves norteafricanos tendrían en la perspectiva castellana una doble funcionalidad: por una parte, debían actuar como torres atalayas, vigías de posibles actitudes hostiles hacia el territorio ibérico. Por otra, debían servir como cabeza de puente en tierra enemiga desde las que organizar e instrumentar en algún momento futuro, una posible dominación castellana del Norte de África.

La puesta en practica de tales designios, supondrá en la fachada mediterránea la conquista y ocupación de Melilla (1497), Mazalquivir (1505), el Peñón de Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509), Bujía, Trípoli y la sumisión de Argel (1510) ya en el reinado de Carlos I. En el litoral atlántico se tomará posesión de los enclaves de Santa Cruz de Mar Pequeña (1496) y de Villa Cisneros (1502) apoyadas desde Canarias. Posteriormente, en la primera mitad del XVII, caerán en manos españolas las fortalezas de Larache y la Mamora en la costa atlántica marroquí y la isla de Alhucemas en la costa mediterránea.

Vistas como agresiones desde el lado magrebí, la respuesta a las acciones hispano-lusitanas será inmediata, iniciándose toda una serie de cambios de mano constantes de tales posiciones. Así, tras la derrota de Alcazaquivir y la muerte del rey D. Sebastián, Portugal verá frustradas sus pretensiones expansionistas, perdiendo casi todas sus posesiones. Reduciéndose la presencia portuguesa a las fortalezas de Sebta (Ceuta) Tánger y Mazagán.

Más de lo mismo sucederá en el campo español, perdiéndose, uno tras otro los enclaves tan costosamente conseguidos. Así, se perderán durante el XVI el bastión de la Goleta, Túnez (1535-1569), Argel (1510-1529), Bujia (1510-1554) Trípoli (1511-1551) y caerán a su vez los aliados de Tlemecen y Mostagem en la fachada mediterránea. Mientras que en la fachada atlántica caerán las fortalezas de Larache y La Mamora en la segunda mitad del XVII. En todos estos cambios de mano, permanecerán bajo dominio español de forma continuada solamente Melilla y Alhucemas, puesto que tanto el Peñón de Vélez de la Gomera como el denominado “doble presidio” de Orán-Mazalquivir , conocerán algún que otro interregno.

La gran dificultad de la empresa africanista, su enorme costo y, muy especialmente, el descubrimiento de América, la noticia cierta de sus riquezas y la presumible facilidad de su obtención, va a desestimular casi por completo el impulso africanista en la Península, dando al traste con el sueño africanista de los Reyes Católicos y del Cardenal Cisneros. Abandonándose la idea de una expansión y conquista castellana del Magreb. Con ello, se perpetuará el modelo de enclaves y “torres atalayas” quedando fijada la presencia española en el área a los límites de dichos enclaves.

Una vez superado el peligro turco y pasado el momento álgido de las incursiones corsarias, la actitud fundamental de la metrópoli hacia estas posiciones, fue de desinterés y de práctica desidia hacía los mismas. Ello no es de extrañar, dada la existencia de focos de atención mucho más importantes (América, Flandes, Italia) en el panorama internacional de la España de los austrias y de los primeros borbones, combinada con la progresiva decadencia de la hacienda y potencia militar española, progresivamente mermadas. De ahí, la actitud abandonista hacia los enclaves en las etapas de crisis económica o política, y la reflexión en torno a la pertinencia o no de la presencia española en los mismos.

Esta combinación de circunstancias adversas, hizo que los presidios españoles tendieran a languidecer con el correr de los siglos, dada la “desconexión” real con la “distante” metrópoli, traducida en la ausencia de periodicidad en suministros, refuerzos, relevos y pagas para las guarniciones, junto a la incerteza sobre el socorro en tiempo de guerra.

Por ello, los enclaves sobrevivientes se mantendrán gracias al arrojo y decisión de las guarniciones y, curiosamente, a la capacidad relacional de las mismas y a su sintonía con los habitantes de su entorno más inmediato, los denominados “moros” quienes constantemente abastecían los enclaves. Todo ello, a pesar del marco genérico de acentuada hostilidad en las que a través de los siglos se desenvolvieron las relaciones hispano-magrebíes y las muy difíciles circunstancias que condicionaron la vida en los presidios, como veremos posteriormente.