FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

Francisco José Calderón Vázquez

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III.2.- La Llegada del Protectorado

Toda esta serie de pasos en una misma dirección culminaran con la instauración del Protectorado Franco-Español (1912-1957) en Marruecos, establecido a raíz del Convenio Hispano-Francés de 1912, instrumento de aplicación de la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906, donde se le asigna a Francia y a España el conjunto territorio marroquí.

La zona de influencia española en Marruecos se dividía geográficamente en dos áreas territoriales, las zonas Norte y Sur . En términos económicos y humanos la zona de influencia hispana comprendía la zona más pobre, deprimida y primitiva de Marruecos, integrando las regiones montañosas de la Yebala, el Rif y la llanura de Quebdana, así como la vega de Axdir frente al Peñón de Alhucemas.

En cumplimiento de sus obligaciones internacionales como potencia colonizadora, con la instauración del Protectorado Español (una vez lograda la pacificación del territorio en 1927) España va a dar inicio a un proceso de modernización acelerado (1930-1955) del territorio rifeño.

Proceso modernizador orientado a la capitalización básica del área rifena caracterizada por sus acentuadas connotaciones primarias. Así, se van a poner en marcha a lo largo del territorio, toda una serie de obras públicas en infraestructuras de transporte, como construcción de carreteras y establecimiento de vías férreas, infraestructuras de comunicación como telefonía, redes telegráficas y servicio de correos, así como unas mínimas dotaciones de equipamientos básicos en materia sanitaria y educativa, inexistentes hasta la fecha en el área. Iniciándose a su vez actuaciones de introducción de la sanidad, la higiene y la enseñanza, que tenían por objetivo básico la atención de la depauperada población infantil.

Todo este tráfico económico, provocará un notorio crecimiento de la población , crecimiento cimentado en un claro despegue de las actividades productivas , intensificándose en gran medida la producción de minera , así como de un cierto incremento de las producciones agraria y ganadera.

Los Presidios Mayores, Melilla y Ceuta, van a ser, junto con Tánger y en menor medida Tetuán y Larache, los grandes beneficiarios del Protectorado, dada su condición de centros urbanos litorales. Toda una corriente inversora de dinero publico hispano se dirigirá hacia el territorio para la financiación y puesta en marcha de tales actividades, así como para la constitución de la administración conjunta Alto Comisariado Español y Majzen, estableciéndose una amplia dotación presupuestaria para el territorio.

Los receptores básicos de este flujo inversor serán Ceuta y Melilla , que en función de sus infraestructuras portuarias de la zona, actuaran como intermediarios, depósito y centro de distribución de bienes y servicios españoles en el área, y a la vez como puertos exportadores de las producciones (materias primas y minerales) rifeñas, lo que hará que las ciudades conozcan una etapa de florecimiento económico y de acentuado crecimiento poblacional, en abierto contraste con la deprimida situación de la España peninsular, especialmente del mediodía hispano. Ambas ciudades comenzarán su andadura como centro comercial y de servicios del hinterland Rifeño. Dotadas de lo que siempre habían carecido, un contexto territorial sobre el que ejercer la primacía en la correspondiente jerarquía territorial, Ceuta y, muy especialmente, Melilla conocerán una etapa de gran prosperidad, dándose todas la condiciones para la creación de un campo magnético en su derredor, atrayendo tanto importantes flujos de población como de inversión y sirviendo de soporte físico para el desarrollo de nuevas y crecientes actividades económicas.

Además de la expansión urbana de Ceuta y Melilla y del refuerzo del papel de tales enclaves en términos económicos, una constante del protectorado será la expansión del fenómeno urbano, produciéndose tanto la ampliación y mejora de los núcleos urbanos preexistentes (Tetuán, con su ensanche, Larache, Arcila y Xauen) como la generación de un nuevo tejido urbano, surgiendo nuevos núcleos habitacionales en derredor de las antiguas posiciones y puestos avanzados españoles (Villa Sanjurjo, Cabo de Agua, Puerto Capaz, las Torres de Alcalá, rió Martín, Villa Nador, etc.) que darán origen, con el tiempo, a nuevas y significativas ciudades marroquíes como las actuales Alhoceima o Nador. A esta expansión urbana no va a ser ajena, la fuerte corriente migratoria española hacia el área, cifrada la población hispana residente, para 1935 en 85.000 personas, sin incluir militares, habitando el 92,2% de los mismos en núcleos urbanos, si tenemos en cuenta que el 82,36 % de la población total del Protectorado (800.000 personas), residía en zonas rurales, se puede apreciar claramente la dicotomía campo, evidentemente rifeño, ciudad eminentemente hispánica.