FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

FRONTERAS, IDENTIDAD, CONFLICTO E INTERACCIÓN. LOS PRESIDIOS ESPAÑOLES EN EL NORTE AFRICANO

Francisco José Calderón Vázquez

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II.2.- El Presidio Norteafricano: Estructura y Configuración

La estructura del presidio norteafricano se articulaba, normalmente, en torno a un puerto natural , y a un notable recinto amurallado, tanto terrestre como marítimo, apoyado a su vez en un perímetro defensivo, susceptible de un cierto uso comercial o agrícola-ganadero (huertas) si las circunstancias lo permitían, habitual escenario de encuentros y desencuentros, tanto armados como pacíficos. En el caso de los presidios norteamericanos su estructura será mucho más simple , pareciéndose en mucho a los fuertes de muros de adobe de los filmes del FarWest, dados los menores niveles de hostigamiento y hostilidad ambiental existentes (Whitehead) .

En la composición del elemento humano de los presidios hispánicos norteafricanos, destacará sobremanera el elemento militar, a diferencia de sus homólogos norteamericanos y de los lusitanos en el litoral atlántico magrebí, puesto que ambos casos el elemento civil será el preponderante.

La denominada, en multitud de crónicas, como “gente de guerra” constituirá el componente central del grupo poblacional español en tierras africanas. La guarnición, en el caso de las plazas fuertes estará compuesta por compañías o regimientos, en el de los presidios menores por destacamentos o secciones. Junto al personal militar, propiamente dicho, solían establecerse sus familias cuando la localización lo permitía o la situación no era particularmente angustiosa.

Se entendía que la presencia de los militares y sus familias constituía la estrategia optima para la “continuidad” hispana en dichos territorios, al generarse una comunidad de intereses que articulaba la presencia del grupo humano español en tierra extraña y hostil, la defensa del presidio contra viento y marea, verdadera casa o espacio vital para los españoles allí destinados y los intereses estratégicos de la corona (Alonso Acero, 2003). La presencia de sus familiares imponía un plus de eficiencia y de eficacia a las guarniciones de los presidios, puesto que no solo luchaban por su “país” y su “rey” sino sobre todo por su vida y la de sus seres queridos.

Junto a la “gente de guerra” solían encontrarse elementos auxiliares y personal de servicio como personal de intendencia, carpinteros, ferreteros, herreros, calafates, ingenieros, constructores, etc. Igualmente, podían aparecer dentro del grupo humano mercaderes y comerciantes para atender las demandas de los contingentes allí acantonados, y de la población civil en su caso. También aparecían elementos como marineros, pescadores, religiosos y, finalmente, la dotación de confinados, desterrados y penados.

Los puertos, o mejor dicho, los fondeaderos de los presidios norteafricanos constituían el único medio de comunicación, si el estado de la mar lo permitía, con los restantes establecimientos norteafricanos y con la Península, personificada en los puertos andaluces y levantinos, por lo que constituyeron, en la historia de los presidios, verdaderos cordones umbilicales con la metrópoli y única salida de sus habitantes hacia el mundo exterior.

En el devenir de los reductos norteafricanos, las murallas y adarves de las fortalezas y reductos tuvieron un rol esencial, pues eran el único medio de salvaguardar, con muchas limitaciones la integridad de los enclaves. Las ciudadelas y recintos, construidas pacientemente por los ingenieros, maestres y arquitectos españoles, por una parte protegían y por otra aislaban, como si de un compartimiento estanco se tratase, al enclave y a su población del contexto físico, étnico y cultural en el que se encontraban insertos.

Los alcázares y recintos en su grandiosidad , se pretendían infranqueables e impermeables, puesto que eran el medio para posibilitar, en su precariedad, que la vida tras los muros tuviese muy similares características y cadencias a las propias de la metrópoli hispana. Ello hizo que con el paso del tiempo los presidios norteafricanos se convirtieran en verdaderas prolongaciones de la metrópoli, o proyecciones a pequeña escala de España. En este sentido, las murallas de los presidios tendían a actuar como verdaderas fronteras de exclusión, solo permeables para intercambios comerciales y actividades mercantiles en tiempo de paz.