DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

Ricardo Contreras Soto

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La ciencia como magia

Las cuestiones tecnológicas son para muchas personas incomprensibles (desde sus saberes y límites), por ejemplo, la transmisión de voces (y posteriormente de imágenes) desde la lejanía. Esta interpretación va a estar presente: la tecnología como objeto mágico, como un referente subyacente de nuestra ignorancia, pero que el objeto fetichistamente funciona o sirve, para quien aprueba sus beneficios y cree en ellos, la burla como mecanismo de descrédito, entre los que creen en ella y los que aún no lo pueden interpretar lo que sucede:

“Un día se le ocurre a mi hermano el mayor...que todavía vive, fue a comprar un radio que en aquel tiempo los radios...estamos hablando del 45, 47; ya estaba la tienda del Cerrojo y comenzaban a vender muchas cosas ahí, era una miscelánea, y la gran novedad era que vendían unos radiezotes así como sinfonolas “westin house”. Éste con el muebles de madera muy bonitos así grandotes, entonces duramos casi un año, los hermanos, los primos juntando de a dos centavos, de a tres, nos daban de domingo tres centavos y cinco al más grande. Y fuimos ahorrando, no me acuerdo con exactitud la cantidad, pero me dijo mi hermano ¡ya completamos para el radio!, uyyyy era una algarabía tremenda, y pues ya le pusimos la mula al carro, y ahí vamos varios arriba del carro a comprar el radio, y paramos nuestro carro ahí afuera del Cerrojo, nuestro carro de mulas, y pues ahí hizo la gracia la mula; la gracia de siempre y dejo su recuerdo, y pues ya que hacíamos. Salimos todos los empleados y los chiquillos cargando el radio para subirlo al carro, era un cajón enorme, no era...bueno las cajas, los empaques de ahora son modernos y muy sofisticados, pero ahí era pura madera, cartón y hasta trapos como colchonetas, no se cuantos trapos traía ahí metidos para proteger el radio. Y ahí vamos con el carro de mulas, casi todas las calles eran empedradas, le dio vuelta la mula salimos a la calle que da al costado del templo del Carmen y agarramos todo Manuel Doblado hasta entrar a insurgentes, el pavimento nomás estaba hasta Insurgentes, por que Aldama ya estaba empedrada y allá en la calle de los Dos Ríos que se llamaba; hoy Manuel Doblado, de ahí para allá era empedrado, como la calle Insurgentes ya era todo empedrado y de terracería. Y pues ahí íbamos controlando la mula para que no se golpeara el radio. Una gran algarabía ese día, llegamos y le quitaron ahí una mesa a mi abuela, y ella muy enojada que su mesa. Pusieron el radio y quedaba un radiezote tremendo, y así pasaron dos, tres días y al cuarto día, tercer día llego por la tarde...partiando (trabajando) la tarde decía mi abuelo. Llegó mi abuelo y mi bisabuelo de trabajar las tierras, todavía de las que ya les había platicado, y preguntó a mi abuela y bisabuela: ¿bueno y los muchachos dónde están?, allá en el atrio no hay nadie, entramos por la puerta de la iglesia y no hay nadie, pues no se dice, yo nada más vi que alguien salió del cuarto grande. Pues todos estábamos escuchando el radio, la XEW que con 250 watts se escuchaba hasta acá, y para eso se tenía que poner un fierro clavado en el suelo, echarle agua y no se cuantas cosas más. Entonces pues llegó el abuelo y el bisabuelo, y el bisabuelo se metió, agarró y dijo: no hay nadie, están todos apilados, el abuelo si entró y dijo: ¡y eso que!, que, no pues es un radio; y ya al hermano más grande como le habían dado un instructivo, nos había explicado que eran las “ondas hercianas”, como se escuchaba la música, la voz y todo; llegó el abuelo y todos espantados porque oíamos allá afuera que andaba bravo buscándonos, y decíamos: ahora nos va agarrar a cuerazos. Se metió y dijo: ¿esto qué es?, no pues es un radio abuelito ya le explicó mi hermano el grande, y estaban dando la hora; me acuerdo muy bien estaban dando la hora, las 7 cincuenta y tantos, algo así. A mí no me hacen pendejo ahí esta un cabrón hablando adentro. Y exactamente como ahorita nosotros nos reímos, duró casi tres semanas que no nos habló a nadie de coraje. (Pedro Mendoza Álvarez, 76 años Mesa de trabajo 27 de septiembre).

La anécdota anterior nos arrebata la carcajada, la risa social muestra aún inseguridad en la comprensión del evento, pero afirma la complicidad en el descrédito, se dan cosas que aún no entendemos, mucho menos dominamos.

La ciencia y la tecnología como magia para el vulgo, se justifica así misma en un conjunto de campos exclusivos para los nuevos chamanes - científicos, todo esto distanciados de muchos procesos sociales en las periferias: desde la concepción, a la formulación e instrumentación de ideas ¿Cómo se generan esos conocimientos con ciertas bases racionales y empíricas?, la gente común ve a ésta nueva magia, en otro lugar distante, le basta con creer por ser ciencia (paradójico), algunos con ciertos conocimientos la aceptan, aunque saben que es un producto social y no divino. la mayoría excluidos (por no tener la formación y los espacios de práctica) y autoexcluidos (por conformarse al no buscar) se confinan como ciudadanos de segunda, al no manejar los códigos de esos saberes, los dan por hecho y gravitan enajenados de lo que sucede.

Ya Eco señalaba el efecto de magia de la ciencia, en el consumo distante y ajeno de las personas desconocedoras (2007: 125) señala: “La magia ignora la larga cadena de las causas y los efectos y, sobre todo, no se preocupa de establecer, probando una y otra vez, si existe una relación repetible entre causa y efecto. De ahí la fascinación que ejerce…”. Por todo ello, considero primeramente que la ciencia y la técnica son procesos culturales que se deben generar e instituir.

“No pues en ese tiempo nada más oía una estación (de radio) de Irapuato. Después eh aquí en la XNC de Celaya salía un programa que se llamaba “Va mi gallo pa ti” (serenata para ti), era lo único con lo que se entretenía la gente”. (Entrevista 70) (Hilario González García, 80 años).

Las estaciones de radio y posteriormente la televisión empiezan a ser medios de comunicación regional y nacional, sus alcances son también políticos, por muchas cuestiones: por sus orientaciones, por sus ordenamientos, por sus articulaciones, pero se parte de lo común (cultura popular), para después transitar en breve tiempo a la industria cultural. En los actos de la vida cotidiana, muy difícilmente se percibe la magnitud e importancia de los procesos sociales. El ciudadano se hace consumidor.

“Pues por ejemplo también te quiero platicar de alguna cosa que había ahí en más antes que se hacían fiestas en las vecindades, antes se hacían con sonido con unos tocadiscos de discos que eran grandes como de 30 centímetros de diámetro y que tocaban en una rockola, pues antigüita un tocadiscos y así decían va haber baile en tal parte, y ya llegaban con sus discos de esos grandotes, y a bailar bailes de esos antiguo de pasos dobles, danzón, chachachá, todo eso …” (Entrevista 51) (Rubén Galván Miranda, 60 años, masculino, contador publico).

Sin embargo, las productoras (cuando no es un esquema de monopolio), permiten la presencia de ciertas diversidades del gusto, expresiones de una nación, de una lengua, regiones, principalmente, subsisten en los espacios de la cultura popular, expresiones culturales, que se reducen posteriormente a expresiones estilísticas de los productos culturales, el efecto es que de alguna forma los músicos locales (cada vez son más pocos, y más interpretes que creadores), la réplica, la reproducciones culturales de sentido suenan y hacen soñar a una sociedad que se masifica en objetos y costumbres.

La diversidad cultural sólo son estilos. Los ciudadanos se transforman cada vez más en consumidores distantes y pasivos (diría Fromm). ¿La ciencia podrá explicar esos comportamientos?, ¿La ciencia podrá sospechar de los efectos de las tecnologías?