DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

Ricardo Contreras Soto

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Fronteras y desprecios

Lo indígena después del periodo de la colonia casi acallado, muerto, negado, peleaba su lugar en el territorio:

El zapote estaba demarcado por la salida de agua por la calle de bravo, allí en la calle 5 de mayo, había un puente que era una de las entradas de Celaya, dicho puente era de mampostería y los indios del zapote no dejaban entrar a los españoles y los españoles no dejaban entrar a los indios a Celaya (eso le platicaba su suegro Don Pedro Pérez), que cuando quería entrar un grupo u otro se agarraban a pedradas. (Luís Bonilla Reyes, 90 Años, Masculino, 4 Años de Primaria, Mecánico, Celaya).

Los grupos demarcados en razas polarizadas señalaban su distancia, fijaban su territorio, para la clase dominante es común, pero de los indígenas como resistencia no lo era tanto. Convocados por el enojo contestaban, en la frontera de la ciudad y la comunidad indígena del Zapote. La lucha de clases y castas era lucha de calles, con barricadas simbólicas y fronteras, balas frías en reproches duros, no había tregua.

No se dejen mientras sean discriminados, no se dejen mientras sean explotados, no se dejen hasta que la sensatez modifique las lágrimas y la sangre de todas las personas del pasado, que reconstruyan las risas de lo callado.

La lengua que muere con el grupo

Primero fue la palabra, para saber de la existencia de una identidad cultural que vivió en Celaya:

Entrevistador: Oye y tu abuelito ¿que edad tenia en esa época?

Josefina Estrada: Pues ha de haber tenido como, pues cuando yo me acuerdo unos 45 años.

¿De sangre otomí por supuesto?

Josefina Estrada: Si

Entrevistador: No recuerda usted si todavía hablaba alguna palabra

Josefina Estrada: si yo veía, hablaban otomí

Josefina Estrada: Pues yo me acuerdo con mi abuelito hablaban ñañu, Hablaban entre ellos, ellos se platicaban en otomí.

(Josefina Estrada Navarro 74 años Mesa de trabajo 9-agosto 2007).

La palabra que confirma la presencia, nos habla de los “otros”, de los que hace mucho fuimos.

Entrevistador: ¿Usted conoció personas que hablaban otomí?

Miguel: Otomí, mi madre era india, no me avergüenzo de decir que soy hijo de india; mi padre era indio y habla y hablaban uno (nombre de lengua) y el otro en otro idioma.

Entrevistador: ¿mexicano?

Don Miguel: Si. No pero no se le entendía, porque era del Barrio del Zapote, mi padre, era pariente de muchos que vivían por ahí, no se si todavía vivan unos ahí, unos se fueron para México.

Entrevistador: ¿Usted aprendió alguna palabra del tomite?

Don Miguel: Nunca, lo oía hablar, pero nunca lo aprendí.

Entrevistador: Pero su papá y su mamá ¿en qué se hablaban?, ¿en tomite o en la otra lengua de su papá?

Don Miguel: En castellano como nosotros ahorita.

Entrevistador: Y entonces; ¿pero su mamá hablaba tomite y su papá hablaba en otra lengua?

Don Miguel: Con su familia, cuando íbamos a Comonfort, que en aquel tiempo se llamaba Chamacuero, se llamaba Chamacuero, aquella parte que ahora se llama Comonfort.

Entrevistador: A ver, ¿su papá de dónde era?

Don Miguel: De aquí del Barrio del Zapote

Don Miguel: Del templo del Barrio del Zapote

Entrevistador: Todavía se habla otomí en Comonfort. ¿No tiene familiares en Comonfort?

Entrevistador: ¿No tiene familiares en Comonfort?. Su papá

Don Miguel: En, a Comonfort única, sólo una vez nos llevo mi madre; y nada más conocí a la mamá de ella, y jamás volvimos.

Entrevistador: ¿Ahorita no sabe si haya familiares?

Don Miguel: No conozco yo si vivan o no vivan

Entrevistador: ¿Por qué ya ve que cantaban muy bonito en otomí?

Don Miguel: Pos si oí que hablaban, pos si se oía que hablaban en otomí, pero que se les entendiera quien sabe.

Licenciado: Porque yo estuve como hace un año allá en Comonfort

Don Miguel: Yo no más un día.

Entrevistador: Y a ver, ¿usted conoció al papá o la mamá de su mamá?, ¿a sus abuelitos?

Don Miguel: ¿A mis abuelitos?. A mi abuelita, a mi abuelito no, ella se llamaba Jacobina, y era alta, delgada.

Entrevistador: ¿Y hablaban tomite?

Don Miguel: Ella también hablaba tomite, pero como yo, no vivía cerca yo a ella. Yo vivía en la Alameda y ella vivía en el Barrio del Zapote, cerca al templo.

(Miguel García Ramírez, 104 años, mesa de trabajo).

La lengua indígena se va perdiendo, agoniza en la resistencia de los días difíciles, se hace un código exclusivo solo para un grupo, para pocas personas, un lenguaje íntimo para quién entreteje y vivió esa historia dolorosa común, secreto que se diluye ante la incomprensión, la burla y el rechazo.

Lo curioso es que se borró en silencio a la generación posterior, y con ello la identidad.

Con el olvido de la palabra dejaron de ser indios Otomí. Para ser ciudadanos de tercera.