HERENCIA Y CIVILIZACIÓN: UN ENFOQUE CRÍTICO A LAS HEGEMONÍAS IMPERIALES

HERENCIA Y CIVILIZACIÓN: UN ENFOQUE CRÍTICO A LAS HEGEMONÍAS IMPERIALES

Maximiliano Korstanje

Volver al índice

 

 

 

 

Una aproximación Final

Hasta el momento, hemos discutido sobre términos que comúnmente no muestran una relación académica directa como ser el desarrollo, el turismo y el otium; aun cuando como hemos visto, los tres se conjugan (articuladamente) a través de la cultura política. Con la antropología del desarrollo puede considerarse la hipótesis que la hegemonía de los Estados Unidos se ubica a mediados del siglo XX con los primeros discursos sobre ayuda económica a los países tercermundistas; y reforzado (un par de décadas más tarde) por el neo-liberalismo financiero. A ello se agrega, la conformación del Turismo (dentro de otras muchas industrias o actividades) como un fenómeno económico o instrumento de “desarrollo”.

Sin embargo, una posición revisionista sobre el tema sugiere que el problema es anterior a la “hegemonía de los pueblos anglo-sajones” como suponen los antropólogos del desarrollo. Para ser más precisos, los textos clásicos nos dan una pista sobre la influencia del Imperio Romano en la institución de la razón como el elemento discursivo central (ordenador del mundo) marcando las diferentes matrices de alteridad y mismidad.

Asimismo, el modelo del profesor Dumont, nos es ciertamente útil a la hora de explicar como una idea particular se auto justifica desde dentro para luego pasar a una cultura (exterior) dominada en forma universalista generando un doble juego de identidad global y reclamo local generando formas híbridas. En otras palabras, la difusión ideológica no es hegemónica para Dumont sino que permite a las culturas locales añadir elementos propios y singulares según por los cuales las ideas trascienden a través de los tiempos en similitud y diferencia.

El papel de la razón como forma discursiva, tanto para el turismo como para el otium adquiere una naturaleza jerárquica, discursiva y distintiva entre los hombres. Por lo tanto, el otium -al igual que el turismo- no sólo funciona como un reforzador (o desinhibidor) de los roles objetivados en la vida cotidiana dentro del propio grupo, sino además recuerda a los hombres ciertas “premisas o categorías” básicas para el funcionamiento de su propia sociedad, tales como: a) la existencia de una jerarquía necesaria que distingue a los hombres entre sí en el endo-grupo, b) la existencia de factores escénicos y de dramatización que refuerzan el orden social pre-existente, c) la creación de utopías y tópicos ideales como formas de dominación y control políticos, d) la marcación de una diferencia y/o igualdad entre el endo y el exo-grupo con la aplicación (planificación) racional como criterio selector y e) la creación de lazos identitarios y de solidaridad los cuales se orientan a mantener la cohesión grupal.

Las formas de ocio en Roma antigua variaron acorde a las épocas y a las costumbres de cada metrópoli. Hasta aquí hemos intentado reflejar, por medio de una fuente bibliográfica de alta credibilidad la relación que los gobernantes mantenían con su pueblo, y de que manera ser servían del ocio y del placer para la legitimación de su reinado. La posibilidad de estudiar al otium históricamente, nos permite comparar y trazar ciertas similitudes no sólo para analizar el ocio moderno, sino también para comprender la dinámica del turismo como forma socio-política constructora de mismidad y otreidad.