HERENCIA Y CIVILIZACIÓN: UN ENFOQUE CRÍTICO A LAS HEGEMONÍAS IMPERIALES

HERENCIA Y CIVILIZACIÓN: UN ENFOQUE CRÍTICO A LAS HEGEMONÍAS IMPERIALES

Maximiliano Korstanje

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El otium como clasificador jerárquico

La mitología latina se ha regido por la fórmula muy simple: “te doy para que me des”. Esta forma de concebir a sus dioses, los ha transformado en uno de los Imperios más importantes de la historia de la humanidad. Sin embargo, este crecimiento trajo a la vida cotidiana de Roma diversos cambios de gran impacto. El apego por la tierra y el trabajo comenzaron a ser mal vistos por ciertos grupos, dando origen a lo que Thorstein Veblen denominó una clase ociosa. (Veblen, 1974).

La nueva situación ameritaba nuevas costumbres y el ocio (otium) se convirtió rápidamente en una forma ritual en donde las contradicciones o tensiones estructurales quedaban atrás; por tal motivo no es extraño observar las grandes sumas de dinero ofrecidas por “los patricios o los emperadores” para celebrar festines, o juegos públicos en honor al pueblo. La ostentación pasó a ser uno de los principales criterios distintivos de la elite romana. (Jiménez Sánchez, 1998) (Solá, 2004) (Kaerst, 1929) (Carcopino, 1956) (Robert, 1992) (Zanker, 1992) (Paoli, 2007).

Según Suetonio, el emperador Nerón llegó a gastar sólo para Tíridates unos ochocientos mil sestercios al día. “Al músico Menécrato y al gladiador Spículo les regaló muchos patrimonios… celebró funerales casi regios por el usurero Cercopiteco Panerota, al que había enriquecido con espléndidas propiedades en el campo … jamás se puso dos veces el mismo traje. Pescaba con una red dorada, cuyas mayas eran de púrpura y escarlata. Se asegura que nunca viajaba con menos de mil carruajes, que sus mulas llevaban herraduras de plata y que sus muleros vestían hermosa lana de Camusa” (Suetonio, Nerón, XXXI)

La sociedad romana estaba fundada alrededor de ciertos valores que sostenían su estructura social como por ejemplo la negociación y la adulación. El romano medio, sin poder y sin riquezas, para sobrevivir debía tejer una estratégica red de relaciones y alianzas. Muchas veces, intercambiando familiares en matrimonio para garantizar la paz, en otras por medio de la adulación y la amistad. Cada día por la mañana, el cliente (siervo) abrazaba las rodillas de su amo besándole las manos y el pecho como símbolo de lealtad. (Mehesz, 2003)

La imitación de aquellos sin estatus para con “la elite patricia”, era una de las formas de mantener el orden institucional. Las modas, ya sea los cortes de cabello tenían una estrecha relación con las prácticas de los emperadores. Así, cuando Adriano (por motivos personales) vestía “barba” está se impuso sucintamente a todo el Imperio. Hasta antes de Adriano, el hecho de llevar “barba” no era bien visto por las costumbres romanas (Paoli, 2007:169-174). Tampoco es lejana la idea de que Nerón, Domiciano o Calígula se hayan esmerado por tomar protagonismo en las fiestas públicas; Nerón César era comúnmente aplaudido en sus presentaciones líricas o poéticas; como así también en sus bochornosas participaciones en las carreras de caballos. A tal punto, la búsqueda de los gobernantes por la legitimación, los llevaba a verse también rodeados de héroes, guerreros, y eruditos filósofos en sus apariciones públicas. En perspectivas antagónicas, la erudición y la destreza física parecían valores culturales que inspiraban “respeto” en la Roma Imperial. El papel y la presencia de los expertos, también se conformaban como estrategias de dominación política.

Así, Nerón manejaba a la perfección la lengua griega y el latín; mientras conservaba al celebre Séneca como su consejero personal. El emperador, poseía una exacerbada admiración por la cultura griega. Con motivo de una reunión, uno de los comensales adulándole pidió que los deleitara con su prodigioso canto, Nerón respondió que “sólo los griegos sabían escuchar y eran dignos de su voz”. (Suetonio, Nerón, XIII). Es así que como actor en las tragedias griegas, Nerón representó a Edipo, Hércules, Orestes y Canacea. (Suetonio, Nerón, XVIII-XXV)

Dentro de un contexto en donde los lazos sociales se hallaban vinculados a la jerarquía, el control, la riqueza material y el poder; las “fiestas saturnalias” se convertían en verdaderos espacios rituales en donde los siervos se transformaban en amos, y los amos en siervos. Durante un lapso de tiempo, circulaban regalos por todas las ciudades y los esclavos parodiaban las actitudes de sus dueños (Solá, 2004). De esta misma forma, las arenas, los teatros y los baños se transformaban en verdaderos espacios de legitimación social, pero también de conflicto y disputa.

En ocasiones, si alguien intentaba un “golpe” hacia el poder político o si dos grupos se encontraban en pugna, quizás un anfiteatro o un circo eran los lugares perfectos para comenzar una revuelta. Cuenta Suetonio, como en épocas de Domiciano un hombre que increpó públicamente al emperador en el Circo diciendo que un Tracio podía luchar contra un Mirmilón, fue obligado a combatir en la arena contra dos perros con un cartel que decía “defensor de los tracios, impío en su palabras” (Suetonio, Flavio, X).

El mismismo Octavio, dio con una gran manifestación súbita cuando “confiando L Antonio por este tiempo en el consulado de que estaba investido y en el poder de su hermano, quiso suscitar disturbios … Ocurrió, en efecto, que en un espectáculo, un simple soldado tomó asiento en uno de los bancos de los caballeros; el hizo él arrojar por medio de un aparitor, y pocos momentos después sus enemigos difundieron el rumor de que le había hecho morir en los tormentos, faltando muy poco para que apareciese Octavio bajo los golpes de la turba militar que había acudido indignada, y sólo el presentar sano y salvo al que se decía muerto pudo salvarle entonces de la muerte” (Suetonio, Augusto, XIV)

En efecto, el otium más allá de su carácter lúdico, placentero y vinculante tenía características políticas y de competencia; ya sea por motivos particulares o intereses que eran expresados hacia el emperador; o por cuestiones de legitimidad de los gobernantes para con sus gobernados. En este punto, los juegos públicos como así otras formas de otium como el teatro y la literatura se convertían en verdaderos espacios de dramatización y/o transacción de poder.