HERENCIA Y CIVILIZACIÓN: UN ENFOQUE CRÍTICO A LAS HEGEMONÍAS IMPERIALES

HERENCIA Y CIVILIZACIÓN: UN ENFOQUE CRÍTICO A LAS HEGEMONÍAS IMPERIALES

Maximiliano Korstanje

Volver al índice

 

 

 

 

El culto a los muertos

La mayoría de las tribus del planeta y a través de la historia han tenido un sentimiento de admiración o de temor para con las figuras de sus muertos y/o antepasados. El profesor Belting sugiere que aquellas sociedades iniciadas bajo una dinámica nómada o semi-nómada adquirieron un miedo sustancial hacia sus muertos, mientras que por el contrario aquellas sedentarias establecieron todo un sistema cultural acorde al respeto y valoración de los antepasados. (Belting, 2007)

En las sociedades nórdicas, existía un creencia bastante difundida en que el hombre además de su espíritu poseía un Macht (o segundo yo). Si éste tenía “la habilidad” de manejar su macht podía representarse a través de su filgia. Los sueños o la muerte, no parecían una barrera entre el mundo sagrado y el profano, desde el momento en que por el uso de la filgia una persona podía presentarse, mover objetos y hasta combatir. Por ese motivo y basados en una mitología netamente vengativa, los guerreros nórdicos no tomaban grandes cantidades de esclavos (vivos), y por otro lado, tomaban el recaudo de cortarle la cabeza a sus enemigos como modo profiláctico para evitar su regreso del más allá; a este culto se lo conoció como la “filgiur kultur”. Esta especie de estrategia de “exterminación” les dio mala fama a los suevos o sajones y sirvió para que Roma creara ciertos estereotipos ideológicos que resaltaban aún más su inhumanidad, no era más que una creencia sagrada; el enemigo vuelto a la vida, era sumamente peligroso para el hombre germano pues lo hacía con ansias de vengar su muerte. (Meunier, 2007) (Korstanje, 2008a) (Korstanje, 2008b)

Pero en Roma, el culto y el respeto a los antepasados se presentaban en posición de 180 grados si lo comparamos con el caso que acabamos de mencionar. Cada hogar poseía un “fuego” dedicado a la diosa femenina Vesta, tenía un sacerdote el cual en sus comienzos fue “el pater familae” (o padre de la familia); por medio de la manutención y el culto al fuego sagrado, el sacerdote imploraba la guía, el perdón y el asesoramiento de los antepasados. Las diferentes ofrendas puestas a disposición de los difuntos (por la misma gens) garantizaban e invocaba la protección en el mundo de los muertos. Por el contrario, si el fuego se extinguía la familia estaba obligada de disolverse y pasar a venderse como clientes en otras gens. (Coulanges, 2005) (Solá, 2006)

Sin embargo, las costumbres familiares y la devoción a los muertos fueron modificándose o cayendo en desuso con el transcurrir del tiempo; así Coulanges sostiene que “considerados los muertos seres sagrados, recibían los nombres más respetuosos, llamándolos buenos santos y bienaventurados y merecían toda veneración que el hombre puede profesar a una divinidad a quien ama o teme” (Coulanges, 2005:36).

Sin miedo al error y para la era imperial, al momento de iniciar un viaje con destino fijo o incierto, muchos romanos imploraban protección de sus “dioses lares”; los cuales no eran otra cosa que la modificación de los propios antepasados. Mercurio, dios de los lares, protagonizaban un papel fundamental en ayudar que los viajeros no se perdieran o resultáse sin ningún daño de la travesía; por lo general, entre los diferentes puntos geográficos de salida y llegada existían capillas dispuestas con un lararium, en donde el viajante podía dar sus ofrendas y gracias a los dioses por encontrarse en buenas condiciones. (Solá, 2006)

Empero, ¿que relación existe entre los aspectos analizados con las diferentes estrategias de dominación seguidas tanto por Francia, España o Inglaterra en América?, ¿realmente han influido estas variables en la forma de construir alteridad por parte de estos países?

Los avances técnico-instrumentales legados por Roma combinados por una “eterna curiosidad”, despertaron en Europa un “espíritu del mediterráneo” una forma específica mito-poiética de identidad. La cultura greco-romana ha estado presente (para bien o para mal) en toda Europa, desde Britania hasta Tracia, sin embargo es en España y en la Península Ibérica, donde sus premisas póstumas van a ser organizadas y articuladas políticamente. Luego de la invasión “vikinga” (S VI DC) y posteriormente la “musulmana” (S. VIII) la península se convirtió en un espacio de tensión entre el modelo europeo (romano-germánico) y el islámico. La resistencia (religiosa) y el patriotismo español se remitieron a la creación de estructuras míticas para crear una identidad común y una construcción cultural específica: La España de los Reyes Católicos (Ruiz Doménec, 2004:31-35). Esta compleja elaboración le permitió a España crear un puente (ideológico) entre su propia estructura y la Roma Imperial de la dinastía Julia. Conformada una identidad común, al igual que Ulises, se predispusieron a la exploración, creación e invención de nuevos mundos para legitimar su propia estructura administrativo-simbólica. (Ruiz Doménec, 2004:36)