THINKING ON DEVELOPMENT:
ENFOQUES TEÓRICOS Y PARADIGMAS DEL DESARROLLO

THINKING ON DEVELOPMENT: ENFOQUES TEÓRICOS Y PARADIGMAS DEL DESARROLLO

Francisco José Calderón Vázquez

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13.2.- El paradigma liberal globalizador. El mercado como eje del desarrollo

A mediados de los 80 y, en parte, como respuesta inmediata a la crisis de la deuda externa, se empieza a plantear desde determinados foros y organismos internacionales una nueva perspectiva de los problemas del desarrollo económico internacional. Siguiendo a Dubois (2000) los fundamentos del nuevo planteamiento van a ser los siguientes:

“a) La consideración del mercado como el mecanismo clave para la asignación de recursos;

b) La intensificación del protagonismo del sector privado como el motor de la economía y la reducción del sector público;

c) la inserción en el mercado mundial, como objetivo de la estrategia de ajuste de las economías;

d) el rechazo a lo que se llamó la duoeconomía, es decir, negar una economía específica del desarrollo, y defender la aplicación de un mismo análisis económico a unas y otras economías”.

Este “nuevo paradigma” que podríamos denominar “liberal-globalizador” que tiene su origen en los campus académicos anglosajones, y que está en la base del denominado Washington Consensus, se va a expandir muy rápidamente a lo largo de la escena mundial durante la segunda mitad de los 80, alcanzando el rango de paradigma dominante en la mitad de los 90, constituyendo actualmente la referencia básica en términos teórico-prácticos, es decir como interpretar la realidad y como actuar en consecuencia. Evidentemente, la globalización constituye, desde esta perspectiva, el marco propicio y estimulador del crecimiento económico internacional, surgiendo una correlación directa entre ambos términos, es decir a más globalización más crecimiento.

Por ello, la visión de la globalización que plantea el paradigma liberal es extraordinariamente positiva, tendiendo a maximizar sus ventajas y a minimizar (o a ser muy indulgente) con sus desventajas. De ahí, su tendencia a plantear escenarios en “positivo” (tipo “tout va bien”) o favorables (tipo “progresamos adecuadamente en pos de nuestros objetivos”) o plausibles derivados del silogismo aristotélico (tipo si los gobiernos hacen esto, el resultado será aquello) En este sentido, el Informe Towards a New Global Age (OCDE, 1997), encarna con perfección este tipo de artificios.

En la fundamentación ideológica del paradigma liberal-globalizador se observa una actualización o puesta al día de los conceptos centrales de la teoría de modernización , si bien en el nuevo paradigma, el motor del cambio no es la industrialización, sino la inserción plena en los mercados mundiales y en los flujos comerciales y financieros globales. En definitiva, el acceso y participación al mercado global, o si se quiere, en términos oficiales “la integración en la economía global”. La expansión generada por este crecimiento traerá el desarrollo, conclusión ciertamente mecanicista y lineal.

Sin pretender abordar una crítica de dichos fundamentos, que excedería en mucho el marco de este modesto trabajo, la evidencia empírica observada en su momento y que acentúo el fracaso de la teoría de la modernización en los 60, no parece haber sido tenido en cuenta por sus reformuladores. Fracaso derivado de la excesiva simplificación estandardizadora de sus presupuestos ideológicos, combinada la ausencia de planteamientos sociales y culturales en los mismos, junto a, en el plano operativo, los escasos resultados obtenidos en el Tercer Mundo, donde efectivamente se consiguieron avances en el crecimiento económico, si bien, a costa de una aceleración exponencial de la desigualdad social y de la pobreza, lo que motivo el cambio al paradigma de la satisfacción de las necesidades básicas.

En sus presupuestos actuales, el paradigma liberal-globalizador sigue presentando un sesgo demasiado simplista en sus planteamientos básicos, junto a unas consideraciones demasiado mecanicistas y lineales de los procesos sociales y económicos. Consideraciones que no parecen tener reflejo en la evidencia empírica observada, al menos en el periodo 1990-2005, donde lo que parece haberse producido es la coexistencia de avances evidentes, en términos macro de crecimiento económico, si bien bastante concentrado espacialmente, con retrocesos preocupantes en términos micro y meso de pobreza y desigualdad.

Es decir, se ha observado un cierto crecimiento económico, bastante focalizado en tierras asiáticas, unido a una cierta estabilización con algo de crecimiento en zonas como Latinoamérica, junto a la impotencia de determinadas zonas del mundo para acceder a la economía global como grandes zonas de África, Latinoamérica y Asia.

En paralelo, se observa una tendencia evidente a la acentuación de la pobreza y desigualdad mundiales. Tendencia que parece alcanzar magnitudes preocupantes en el Tercer Mundo. Asimismo, comienzan a tomar cuerpo problemas de exclusión social de relieve dentro de los propios países considerados antaño como “desarrollados”, ya de los estados de la Europa occidental, ya de los países del fenecido “telón de acero”.

Por ello, una primera impresión sobre el crecimiento económico derivado de la globalización, sería que éste parece ser en términos territoriales, bastante discontinuo, generándose un mapa de “manchas de leopardo” en términos de distribución geoeconómica de la riqueza//pobreza, por cuanto que se superan los antiguos compartimentos estancos de países ricos y países pobres, o centros y periferias típicos del fordismo internacional, por los actuales puntos focales de riqueza y pobreza dentro de un mismo país o de una misma unidad continental. Este seria el caso, en términos peyorativos, de Rumania o del Mezzogiorno italiano, entendidos como zonas pobres dentro de unidades continentales ricas como la Unión Europea. Mientras que los casos de Bangalore (India), Shangai (China) y del área paulista (Brasil) serían de puntos focales o zonas ricas dentro de países “pobres”.

A niveles sociales, parece tratarse de un crecimiento muy desigual, en cuanto que parece acentuar las diferencias entre ricos y pobres en vez de mitigarlas, subrayando la ruptura entre bienestar y malestar. Por ello, parafraseando a J.Bhagwati podría hablarse de crecimiento socialmente empobrecedor.

Si bien, a niveles genéricos continúa dándose una notoria diferencia entre el Primer y el Tercer Mundo, la desactivación en acto del Welfare State en muchos países occidentales tenderá a crear condiciones, paulatinamente menos privilegiadas en dichos países con respecto al resto del mundo. Aunque este sea un proceso path-dependant que tardará todavía en manifestarse.

Evidentemente, el hecho de que los propulsores del paradigma liberal-globalizador fueran organizaciones internacionales multilaterales del prestigio y calado de la OCDE, o de entes de mucho menor prestigio pero de gran influencia y poder como el FMI o el BM, junto a grandes valedores como los principales agentes económicos internacionales (multinacionales, grandes bancos, grandes empresas) y contando, además, con el respaldo de importantes sectores de opinión del mundo occidental, especialmente anglosajón y del lejano oriente, explica el porque de su rápida difusión y aceptación internacional.