THINKING ON DEVELOPMENT:
ENFOQUES TEÓRICOS Y PARADIGMAS DEL DESARROLLO

THINKING ON DEVELOPMENT: ENFOQUES TEÓRICOS Y PARADIGMAS DEL DESARROLLO

Francisco José Calderón Vázquez

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CAPITULO IV. EL ENFOQUE HUMANISTA

10.- La génesis de un nuevo paradigma

Una de las interpretaciones más “recientes” del desarrollo ha sido la “lectura” humanística o en clave humanística del mismo, el lugar común del paradigma que se repite en todas sus manifestaciones es que el crecimiento económico entendido como medio y no como fin, se considera bueno siempre que sirva para un mayor desarrollo humano. En resumidas cuentas, el crecimiento es un medio o instrumento, el fin son los seres humanos, lo importante es que el crecimiento económico sirva para mejorar la existencia humana. En palabras textuales:

“El objetivo de los esfuerzos a favor del desarrollo es proporcionar a todos los seres humanos la oportunidad de vivir una vida plena, la incumbencia fundamental del desarrollo son los seres humanos y sus necesidades” (Streeten, 1986)

Dentro de las diversas corrientes de pensamiento que confluyen en el paradigma humanístico, habría que destacar con nombres propios a la teoría de la satisfacción de las necesidades básicas, el denominado desarrollo a escala humana, la corriente “no consumista” y, la mas actual y reconocida mundialmente de las corrientes el denominado “desarrollo humano”.

Sería necesario precisar que la eclosión del paradigma humanitario y de sus distintas corrientes de pensamiento vino precedida y, posiblemente, impulsada por el cambio en la orientación de la estrategia y actividades del Banco Mundial, lo que generó un enorme debate en torno a cual debería ser la política del BM si continuar promoviendo la modernización industrializadora-urbanizadora del Tercer Mundo o si por el contrario promover la satisfacción de las necesidades básicas de las poblaciones de dichos países. En este sentido, un ítem fundamental en el camino de la reorientación de las actividades y finalidades del Banco Mundial y en líneas generales de la AOD, está constituido por el denominado “Informe Pearson” (1969) que va a ejercer una enorme influencia en el sesgo de las actividades del BM, puesto que a partir del Informe MacNamara (1972) se aceptaran en el devenir del Banco, las recomendaciones y directrices del Informe Pearson.

El citado Informe partía del análisis critico del periodo (1949-1969), es decir de las dos primeras décadas de AOD. Entre sus conclusiones mas significativas destacan la critica a los modelos “desarrollistas” impulsores de la industrialización a ultranza como vía al desarrollo de las naciones subdesarrolladas, modelos fundamentados en los postulados teóricos de la “Modernización” y sus adaptaciones al mundo en desarrollo como la denominada “sustitución de importaciones”, promoviendo una reivindicación del papel fundamental de la agricultura y de la educación en el proceso de desarrollo de los países del tercer mundo.

Asimismo, el Pearson Report (1969) consideraba imprescindible reforzar la débil AOD internacional recomendando, tanto la implantación del hoy famoso 0’7%, como la orientación de la CID hacia la cobertura de las necesidades básicas de la población.

La primera y, posiblemente, más consistentes de las corrientes, la “satisfacción de las necesidades básicas”, cuyo autor central es Streeten, surge y madura al calor de la polémica citada en los campus norteamericanos.

La satisfacción de necesidades se refiere esencialmente a la educación y a la salud, dado que estos factores constituyen el soporte fundamental sobre el cual edificar buenos niveles de productividad laboral y organizativa, factor crítico en el proceso de desarrollo económico. Puesto que si lo que se pretende es maximizar la abundancia y minimizar la escasez para el conjunto de la población, el producto y la productividad tienen que crece exponencialmente en un tiempo histórico sobre los posibles incrementos de población. Esta ha sido la evidencia empírica de las experiencias occidentales y asiáticas de desarrollo, por lo que para muchos constituyen el punto de partida.

En el diseño original, las necesidades básicas se estructuraban en cuatro grandes bloques, lo que podríamos considerar como “mínimos necesarios”, relativos a insumos materiales para el consumo individual y familiar, desde los alimentos al espacio vital. En segundo lugar, el acceso a los servicios esenciales para la vida (transporte, energía, sanidad, educación, etc.) seguidos de un trabajo remunerado correctamente, y, por ultimo, lo que podríamos considerar insumos cualitativos, referidos a un entorno positivo para que el ser humano pueda desplegar sus potencialidades: posibilidades de participación en los asuntos sociales y comunitarios, derechos humanos, etc.

Una polémica interesante surgida al calor del despliegue de esta corriente teórica, es lo que Streeten considera opción preferencial por la satisfacción de las necesidades con preferencia a la reducción de la desigualdad, o mejor dicho de las desigualdades, opción preferencia para el sector marxista. Para Streeten, la apuesta por la cobertura de las necesidades básicas es algo concreto, mientras que la reducción de las desigualdades es algo abstracto e indeterminado que no “sirve” como referente para el diseño de políticas económicas concretas.

La segunda de las grandes corrientes de pensamiento que concurren en el enfoque humanista es la que hemos denominado como “no consumista”. Corriente tributaria de los trabajos del economista anglo-alemán “Fritz” Schumacher (1973) , cuyo pensamiento condensado en el ensayo “Lo pequeño es hermoso”, plantea un muy sugestivo cuestionamiento del modelo de la sociedad urbana, industrial y de consumo, poco respetuosa con el medio y la calidad de vida, todo ello tratado desde un acentuado humanismo. Obra muy de su tiempo, que debería ser entendida en el marco de la preocupación por las relaciones entre la economía, el modo de producción y la sociedad en sus relaciones con el entorno medioambiental. Preocupación que en el mundo occidental y, en particular en los campus anglosajones, empezó a despegar a raíz de la publicación del informe “los Limites del Crecimiento” (1972) del Club de Roma, que tuvo una difusión ciertamente espectacular y de la que arrancan tanto la critica al consumismo y al modo vida consumista y postindustrial como la orientación hacia el ecologismo, la conciencia ecológica y la ecología política.

“Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial” (D.L. Meadows y otros, 1972)

La tercera de las corrientes, imbricada directamente a las anteriores va a ser el denominado “enfoque de las capacidades”, corriente que se sustancia en lo esencial en las aportaciones teóricas de A. Sen. Para éste el desarrollo no puede estar referenciado simplemente al incremento de la oferta de bienes y servicios, planteamiento que para Sen no es más que una forma de reduccionismo economicista:

“Aunque los bienes y servicios son valiosos, no lo son por sí mismos. Su valor radica en lo que pueden hacer por la gente o más bien, lo que la gente puede hacer con ellos (Sen, 1982) ”

Por tanto, el eje y piedra angular del desarrollo para Sen radica en el incremento de las capacidades de los seres humanos, por lo que la “vara de medir el desarrollo”, es precisamente la gente. Desde esta perspectiva se concibe al desarrollo como un proceso para acrecentar las capacidades de la gente, individuales y colectivas. Capacidades que constituyen el soporte del “hacer” de las personas. Precondiciones de una vida feliz son para este autor que las personas puedan ser y que las personas puedan hacer, en un marco de libre elección, lo que en la terminología de Sen se consideran como functionings.

La concesión del Premio Nobel en 1998 a Sen, ha contribuido de manera relevante a la difusión y aceptación de sus teorías, que en la actualidad forman parte integrante del arsenal de instrumentos de desarrollo de cualquier estudioso o institución. De igual manera, los trabajos realizados en colaboración con Anand y Ul-Haq para el PNUD, así como los diversos estudios y desarrollos realizados para la configuración del índice de desarrollo humano han hecho de Sen y de sus teorías un lugar común, de gran aceptación en la actualidad.

Como ultimo estadio del proceso de configuración del paradigma humanista y, recogiendo en gran medida aportaciones de las distintas corrientes surge en el marco de ONU y en particular en su agencia especializada de desarrollo, el PNUD, el denominado “Desarrollo Humano” que se presenta por sus impulsores como un nuevo paradigma de desarrollo del mismo calado de la modernización o de la dependencia. Si bien se trata de un paradigma alternativo a los economicistas, un paradigma que propone el índice de desarrollo humano como alternativa al PIB.

Se define al “Desarrollo Humano” (DH) como:

“El desarrollo humano es un proceso mediante el cual se amplían las oportunidades de los individuos, las más importantes de las cuales son una vida prolongada y saludable, el acceso a la educación y el disfrute de un nivel de vida decente. Otras oportunidades incluyen la libertad política, la garantía de los derechos humanos y el respeto a sí mismo…” (PNUD, 1990).

“Proceso por el que una sociedad mejora las condiciones de vida de sus ciudadanos a través de un incremento de los bienes con los que puede cubrir sus necesidades básicas y complementarias, y de la creación de un entorno en el que se respeten los derechos humanos de todos ellos”.

El “Desarrollo Humano” (DH) utiliza como cantera de materiales las diversas corrientes del pensamiento económico humanista, su planteamiento es integral. Como en la teoría de la satisfacción, el ultimo fin del desarrollo es el bienestar de las personas, por lo que el bienestar económico tiene una consideración meramente instrumental.

Un aspecto muy significativo es que el DH es un iter in facendo, por lo que progresivamente los diversos Informes sobre el DH van aportando nuevos aspectos a la construcción, perfeccionándose los anteriores. Así, se han añadido nuevas dimensiones a la formulación original, como la participación, la sustentabilidad o el género. Tal y como lo formulan sus propulsores el DH parece consistir en una especie de software que puede aplicarse dentro de cualquier modelo económico (Hardware) porque de lo que se trata es de acrecentar las potencialidades de los individuos y colectividades humanas.