THINKING ON DEVELOPMENT:
ENFOQUES TEÓRICOS Y PARADIGMAS DEL DESARROLLO

THINKING ON DEVELOPMENT: ENFOQUES TEÓRICOS Y PARADIGMAS DEL DESARROLLO

Francisco José Calderón Vázquez

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CAPITULO VI. ENFOQUES AMBIENTALISTAS

12.- De los límites del crecimiento al Desarrollo Sostenible

El despegue de los enfoques medioambientales y ecológicos del desarrollo se inicia en los países occidentales, particularmente en la academia estadounidense, en paralelo a la publicación del informe “Los Limites del Crecimiento” (1972) , elaborado por expertos del MIT y que va a tener un fuerte impacto tanto en los medios de comunicación como en la opinión publica occidental. A partir de aquí arranca un proceso todavía en acto de concienciación ecológica mundial y de preocupación por la ecología, sancionado por eventos a gran escala como la “Cumbre de la Tierra” de Río, el controvertido Protocolo de Kyoto o la inquietud mundial por el “efecto invernadero”, o el avance de la desertificación.

En el seno del paradigma ambientalista confluyen una serie de corrientes de pensamiento como el ecodesarrollo o el desarrollo sostenible que son claros deudores de los trabajos pioneros de la economía ambiental provenientes de autores como N. Georgescu Roegen, R. Daly o D. Pearce.

El proceso de generación del paradigma ambientalista ha tenido un componente institucional muy significativo por cuanto que la labor de Naciones Unidas y de sus agencias, en particular el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) han desempeñado un rol decisivo.

El proceso arranca con la Conferencia ONU de Estocolmo (1972) , de donde surge el PNUMA, esbozándose el concepto de ecodesarrollo, concepto ampliado y consolidado con las aportaciones de I. Sachs (1974) quien considera que el desarrollo tiene una finalidad ética y social, por lo que el proceso de desarrollo debe tener muy en cuenta los aspectos ecológicos, culturales y territoriales. La eficacia debe entenderse en términos macrosociales y no en términos exclusivamente macroeconómicos.

Durante los 80, el imparable y cada vez más observable deterioro medioambiental del planeta (deforestación y perdida de las selvas tropicales, avance de los desiertos, polución del agua, contaminación de los océanos, agotamiento de recursos naturales) va a crear en los países occidentales una fuerte corriente crítica contra el “progreso” y sus penosas consecuencias para el medioambiente, creciendo el tono y la intensidad de las criticas contra la industrialización y la modernización. Así, como un fuerte apoyo a las propuestas ecologistas y medioambientalistas, generándose un clima muy propicio a la configuración de lo que después se denomino “desarrollo sostenible”. La naturaleza, la ecología y el medioambiente, se conforman como nuevos ítems, ineludibles en la agenda internacional.

En su proceso configurativo, el desarrollo sostenible toma elementos conceptuales procedentes de antecedentes como el ya mencionado ecodesarrollo, y del denominado “otro desarrollo” (Fundación Hammarskjold, 1975) . Una primera aproximación al concepto de sustainable development, define a éste como "el crecimiento económico que no vulnera los ecosistemas" (UICN, WWF, PNUMA, 1980) presentando un carácter durable o permanente y de largo alcance, introduciendo el “conservacionismo” como eje de acción: No puede haber desarrollo si no se preservan, los recursos naturales. Otra cosa es cuales sean las vías de conservación.

De tales premisas partirá el Informe “Our common future” (1987) de la Comisión Brutland para definir al desarrollo sostenible en los siguientes términos:

“Un desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, para satisfacer sus propias necesidades"

Para el Informe el objetivo focal del desarrollo está en la satisfacción de las necesidades humanas, así como a dar respuesta a las aspiraciones de los humanos a una vida mejor. El informe considera fundamental promover niveles de consumo racionales, o si se quiere ambientalmente sostenibles. El informe trata de casar los aspectos puramente económicos (incremento del potencial productivo) con la igualdad de oportunidades en lo social.

En sus contenidos temáticos el informe se hace eco de lo que en el Report “Limites del Crecimiento” (Medows, 1972) se consideraba como bomba demográfica, es decir el incremento desmesurado de la población, subrayando que el equilibrio tierra / gente, solo podrá lograrse si la expansión demográfica corre paralela a la expansión de las potencialidades productivas de los ecosistemas. Adaptando de esta manera un tono un tanto maltusiano, ya que si la población no puede crecer por encima de los limites físicos de los ecosistemas, el Tercer Mundo podría quedar fuera de juego. De todas formas, plantear como limite material los recursos naturales no parece ninguna exageración.

Uno de los aspectos más sugestivos del informe es lo que podríamos denominar como enfoque intemporal-intergeneracional, abarcando no solo el presente sino las necesidades de la generación futura. Por ultimo, el informe plantea una critica demoledora hacia el mundo desarrollado al que tacha de “consumista” entendiendo que el consumo que realizan es una suerte de sobre exceso que supone una actitud depredadora de los recursos naturales. Por tanto, los países desarrollados no pueden ser un referente de actuación para los subdesarrollados, ni su experiencia es un camino a seguir, con lo que un postulado fundamental de las tesis modernizadoras queda (en teoría) abandonado.

La difusión mundial del paradigma ambientalista y de su vehiculo fundamental, el enfoque del desarrollo sostenible, se va a producir, urbi et orbe, con la “Cumbre de la Tierra (1992) celebrada en Río de Janeiro, una de las macro cumbres mas significativas de los 90, útiles para atraer y fijar la atención de la opinión publica internacional, al menos durante su celebración, y poco útiles de cara a resultados concretos o mejor dicho de cara a compromisos ciertos. Precisamente uno de los resultados más interesantes de la Cumbre fue la denominada Agenda 21, una especie de programa operativo del desarrollo sostenible que pretendía operar a nivel mundial a diferentes niveles de actuación territorial y con una interesante pluralidad de objetivos.

Por lo que respecta a los resultados de tan prometedores procesos, el panorama en líneas generales es muy dispar, porque de una parte, y esto es innegable, se ha conseguido una difusión y aceptación mundial de la sostenibilidad. Parece evidente que nuestro mundo no sería el mismo sin los conceptos de “sostenibilidad” o de “sostenible”, ideas o imágenes muy populares, si bien la popularización ha provocado paralelamente una cierta desvirtuación de sus contenidos, observándose una cierta “formalización” de los mismos.

En lo que se refiere a resultados materiales, incluso en foros oficiales de las Naciones Unidas se advierte que las tendencias observadas en el deterioro medioambiental son en nuestros días peores que nunca, las pruebas del calentamiento global y del cambio climático son ya mucho más que evidentes, por lo que la eclosión y divulgación del desarrollo sostenible no parece haber producido ese point of no return que sus creadores y propagadores planteaban, ni tampoco esa “nueva forma de hacer las cosas” que se pretendía.