ESPACIOS REGIONALES FRONTERIZOS
Teoría, política y práctica del desarrollo y la integración fronteriza

ESPACIOS REGIONALES FRONTERIZOS TEORÍA, POLÍTICA Y PRÁCTICA DEL DESARROLLO Y LA INTEGRACIÓN FRONTERIZA

Nilo Meza Monge

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3.1. El tratamiento de lo fronterizo.

Las políticas de desarrollo regional, más allá de los límites de la Comunidad Andina, aparecen explícitamente en el discurso político y académico a partir de los años 40, bajo el influjo de la experiencia promovida por la Autoridad del Valle de Tennessee (TVA), organismo público creado por el Congreso de los USA en 1934.

La intención que subyace en los distintos esfuerzos realizados en esta materia fue la de promover el desarrollo de regiones deprimidas o explotar mejor los recursos naturales que poseían, aunque por lo general, respondían a la necesidad de hacer más eficientes las administraciones centrales, ampliar el área de influencia de metrópolis o “centros”, incluso hasta ocupar territorios marginales por razones de orden geopolítico. Era la puesta en marcha del Estado eficiente en lo que, en Estados Unidos, ya le llamaban desarrollo territorial.

En ese contexto se dieron diferentes intentos de tratar el problema regional. Aparecen por ejemplo , los intentos de regionalización en diferentes países de América Latina, con el propósito de una “distribución más homogénea” de los recursos ante la evidencia de procesos de concentración extraordinarios en sus áreas metropolitanas.

Paralelamente, comenzaron a proliferar distintos tipos de “autoridades regionales” que tenían como objetivo ejecutar programas con propósitos múltiples, orientados a generar procesos de desarrollo descentralizados o, en su defecto, a atender zonas declaradas en emergencia.

En esta misma línea, aunque con énfasis en propósito de estrategia militar y política, aparecen intentos de desarrollar regiones fronterizas, básicamente en el norte de México y los extremos sur y norte de Chile. Los resultados obtenidos muestran que, a pesar de las limitaciones inherentes a cada experiencia, es viable el crecimiento del producto de esas áreas, con repercusiones relativas en los ingresos de las poblaciones involucradas.

En la base de todas estas experiencias, especialmente desde finales de la década del 50 en el siglo pasado, aparece implícita o explícitamente el concepto de los polos de crecimiento en las estrategias que se elaboraron para tales experiencias de regionalización y desarrollo regional. Con excepción de la frontera de México, ciudad Guayana (Venezuela) y Arica (Chile), según Boisier, en el resto de países no se registraron logros significativos en relación a los objetivos que se propusieron en términos de desarrollo y ordenamiento urbano. Y mucho menos en las regiones fronterizas. En su lugar se implementaron políticas que privilegiaron los “objetivos” de “integración a los circuitos nacionales” y propósitos de orden geopolítico.

La noción de integración fronteriza, como posibilidad de desarrollo de sub-espacios nacionales que concurren formando un espacio regional fronterizo, solo comienza a debatirse a finales de la década de 1980, especialmente en centros académicos y de investigación liderados por la Asociación Latinoamericana de Integración y la Universidad de Los Andes en Bogotá Colombia. Tal esfuerzo, sin embargo, con excepción de avances sustantivos en algunos países en América Latina, no logra trascender dichos marcos hasta mediados de los años 90 del siglo pasado cuando el enfoque de desarrollo fronterizo e integración fronteriza comienza a ser incluido en el desarrollo teórico y en el ámbito de las políticas de Estado.