ESPACIOS REGIONALES FRONTERIZOS
Teoría, política y práctica del desarrollo y la integración fronteriza

ESPACIOS REGIONALES FRONTERIZOS TEORÍA, POLÍTICA Y PRÁCTICA DEL DESARROLLO Y LA INTEGRACIÓN FRONTERIZA

Nilo Meza Monge

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2.3. Acerca de la Integración Fronteriza.

Si bien es cierto que en la mayoría de los casos de Latinoamérica se ha diseñado una serie de políticas orientadas a encontrar puntos de cooperación macroeconómica entre los distintos países, las zonas fronterizas no han tenido un tratamiento específico en términos de promoción de programas de desarrollo que atiendan las necesidades básicas de sus pobladores, aunque podrían darse algunas excepciones.

La integración fronteriza en los países que hoy forman la Comunidad Andina, adquiere personería propia recién en 1987 cuando los Presidente deciden incluir en el Acuerdo de Cartagena el artículo 144 estableciendo que los países miembros emprenderán “acciones conjuntas en las áreas fronterizas destinadas a impulsar el desarrollo integral de las zonas de frontera y vincular indisolublemente a los países miembros, así como robustecer la unidad geoeconómica entre ellos” .

Este acuerdo, muy parecido a una proclama, solo marcaba el inicio de un prolongado período de silencio y lenta maduración de los temas fronterizos.

Recién el 25 de mayo de 1999, el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores aprueba la Decisión 459 estableciendo la Política Comunitaria de Integración y Desarrollo Fronterizo, creando para ello el Grupo de Trabajo de Alto Nivel para la Integración y Desarrollo Fronterizo. Ese mismo mes, el XI Consejo Presidencial Andino decide darle impulso a la cuestión fronteriza, acordando que la Política Comunitaria de Integración y Desarrollo Fronterizo será dirigida por el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores. Los Presidentes establecieron directrices expresas señalando que “La Política Comunitaria de Integración y Desarrollo Fronterizo será dirigida por el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores y, según corresponda, contará con los aportes de la Comisión, el Consejo Asesor de Ministros de Hacienda o Finanzas, Bancos Centrales y Responsables de Planificación y de los órganos comunitarios pertinentes”, asimismo instruían a sus ministros para que, debidamente constituido, el “Grupo de Trabajo de Alto Nivel para la Integración y Desarrollo Fronterizo es el responsable de proponer al Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores los planes de acción que exija la ejecución de la mencionada política comunitaria y deberá promover la implementación de un Banco de Proyectos de Integración Física y Desarrollo Fronterizo, el cual deberá ser coordinado con el Grupo Consultivo Regional Andino y apoyado por la Secretaría General de la Comunidad Andina.

En ese renovado y positivo contexto político favorable a políticas y acciones de desarrollo e integración fronteriza, la vocación integracionista de los pobladores fronterizos vuelve a ponerse de manifiesto y se convierte en uno de los referentes andinos para la aprobación de la Decisión 501 que crea las Zonas de Integración Fronteriza para las que se adoptarán “políticas y ejecutarán planes, programas y proyectos para impulsar el desarrollo sostenible y la integración fronteriza de manera conjunta, compartida, coordinada y orientada a obtener beneficios mutuos, en correspondencia a las características de cada uno de ellos” y crea el Banco de Proyectos para la Integración y Desarrollo Fronterizo.

No pudo haber sido más explícita la norma andina. La integración fronteriza se convertía en la más clara oportunidad de buscar el desarrollo fronterizo, en un escenario donde los Países Miembros se ponían de acuerdo para iniciar acciones concretas en ese sentido. Una estrategia de esa naturaleza, sin duda, contemplará tres niveles de acción simultánea: el institucional, el económico y el social.

Si bien la integración económica y la institucional presentan dificultades en su implementación, la integración social y cultural se viene dando hace muchos años, especialmente en el ámbito de las costumbres, mitos, historia, etc., cuyos grupos humanos se remontan, en muchos casos, hasta los mismos orígenes del ser humano en Latinoamérica. Este es el caso de algunas comunidades nativas que, no obstante la despiadada “cacería” física y cultural de la que fueron objeto por la presencia colonizadora, aún existen y no reconocen la imposición de “fronteras” que establecieron guerras y conflictos a lo largo de estos últimos siglos. Es más, su convencimiento de que “su” nación no ha sido dividida, hace que no sea extraño encontrar en distintos lugares pobladores que, para mantener sus ancestrales relaciones, se vean obligados a adoptar una doble nacionalidad que les facilita mantener sus relaciones fronterizas. La Alianza Estratégica Trinacional de los “Aymaras sin Fronteras” de Bolivia, Chile y Perú, resulta emblemática y nítidamente coincidente con la Declaración de Quirama en lo que se refiere a las Zonas de Integración Fronteriza.

Aún cuando los instrumentos comentados requieren un mayor desarrollo, cabe avizorar que en el contexto latinoamericano los esquemas de desarrollo de áreas fronterizas están llamados a desempeñar un papel muy especial en el marco de la integración continental, de la misma forma y conforme a nuestras condiciones, como se desempeñaron en la integración supranacional europea.