VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

Maximiliano Korstanje

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Perspectivas y problemas de la Antropología

El interés de la antropología por lo urbano comienza a definirse a través de los primeros pasos de la Escuela de Chicago en 1892 con la fusión de los departamentos de Antropología y Sociología. Uno de los trabajos pioneros en el tema fue The polish peasant de Thomas y Znaniecki; en donde se conjugaban las actitudes individuales de los inmigrantes (campesinos) polacos en Estados Unidos y las reglas que éstos encontraban en la adaptación a su nuevo destino. Los resultados de este abordaje van a influir notablemente en la Escuela de Chicago por algunas décadas. (Cambiasso; Grieco y Bavio, 2000)

Por otro lado, la diversidad en la formación de los integrantes de esta corriente coadyuvó en la aplicación de métodos ajenos a la sociología, como se el culturalismo boasiano, la etnografía o las “historias de vida” entre otros. Estos primeros investigadores observaban que la ciudad crecía desproporcionalmente en cuanto a los sectores que la integraban. La “teoría de las partes naturales” propugnaba una característica social sobre la cuestión física. Como resultado de esta postura, para 1940 surge la tesis “de la desorganización social” como producto del cambio y de las crisis institucionales. Se comienza a observar como los individuos pierden su lazo de solidaridad y se intenta explicar ese fenómeno por medio de la anomia, la desconfianza y la disgregación. (Wirth, 1964) (Beals y Hoijer, 1981) (Signorelli, 1999) (Korstanje, 2008)

La posición de la antropología con respecto a los estudios urbanos ha sido discutida en relación a su objeto epistemológico; un “otro” no tan alejado o diferente a aquellos quienes esta disciplina “colonial” estaba acostumbrada a estudiar. Por otro lado, tampoco había quedado clara la distinción entre el medio y el objeto. En otros términos, ¿es cualquier estudio urbano antropología urbana?.

En este sentido, la ciudad puede ser comprendida tanto como espacio social en donde se llevan a cabo ciertas dinámicas o como propio espacio condicionante de determinadas prácticas. Si se analiza el parentesco de los inmigrantes en la ciudad, no necesariamente se está haciendo antropología urbana; para hablar de antropología urbana, como bien sugieren Beals y Hoijer, el parentesco de los inmigrantes debe ser condicionado por ciertas dinámicas propias de la urbanidad (Beals y Hoijer, 1981:746) (Signorelli, 1999).

Ahora bien, el contexto urbano no sólo da forma a las actitudes humanas sino que además realiza una división del trabajo asociando vínculos de diversas naturalezas. Entre los aportes que la antropología urbana y la Escuela de Chicago han hecho a los estudios de dinámicas propias de la ciudad, se encuentran: la división conceptual entre lo rural y lo urbano, la etnografía como método de relevamiento y análisis de datos y la relación entre las estructuras de producción capitalista y la vida social entre otras.

Sobre el tema, de la concepción territorial para definir que es lo urbano y cuando un espacio se configura como tal, Wirth observó la vida urbana se caracteriza por una concentración importante de tecnologías, transporte y comunicaciones (Wirth, 1964). Empero, existen tres características principales las cuales sugieren se está en presencia de una zona urbanizada, a) número de habitantes, b) densidad de construcción y c) heterogeneidad de los habitantes. A medida que aumenta la complejidad de las relaciones en los actores urbanos, disminuye la solidaridad entre ellos. Esta disminución en la solidaridad aumenta los casos de delitos, consumos de drogas, suicidios y violencia social (desorganización). Sin embargo, al igual que la teoría del desorden existen algunos puntos que deben ser puestos en consideración. (Wirth, 1964)

Según la posición de Castells, la escuela de Chicago ha tomado una posición “romántica”, al suponer ingenuamente que las diferencias entre lo rural y urbano se deben a ciertos procesos culturales de desorganización, disgregación y anomia social en vez de enfocar la causalidad hacia los procesos estructurales capitalistas. (Castells, 1999). De todos modos, la perspectiva de Castells también demuestra algunas limitaciones debido a su marco marxiano, el cual presupone que los efectos disgregadores de la ciudad son producto de la lógica capitalista. El culturalismo, para el autor, sólo refuerza una ideología dominante urbana la cual supone que un pobre es pobre por pertenecer a una cultura específica.

En este sentido, la teoría de Castells no puede explicar los procesos de urbanización en los países socialistas como así tampoco las conductas desviadas en esas sociedades (alcoholismo, violencia y adicciones). A nuestro modo de ver, el problema radica en la concepción y la operalización de lo que se comprende por capitalismo. De alguna u otra manera, las sociedades socialistas son tan capitalistas como las occidentales si comprendemos con Weber al capitalismo dentro de una lógica legal-racional con arreglo al control de resultados y “no al fetichismo de la mercancía marxista”. Dentro de este contexto, los procesos de urbanización sugieren la idea de una super-estructura condicionante que explica como Kiev y Moscú se asemejan (en cierta forma y dinámica) a Washington o Chicago. A tal punto, la tesis de Castells no es menos romántica que aquella a la cual critica (Weber, 1985) (Berger, 1989).

Por el contrario, en Richard Sennett lo urbano amerita ser re-interpretado a la luz de una nueva posición. La abundancia (económica), no conlleva al conflicto desintegrador (como pensaba Marx), sino a un conflicto de tipo comunicacional. El autor, considera al desorden propio de las ciudades como una forma profiláctica la cual disminuye la violencia. Se plantea así un dilema: la opulencia sirve para enfrascar a los hombres en una eterna adolescencia, y les permitirá una plenitud en su crecimiento. En otras palabras, Sennett sugiere la idea de que la proximidad, la pluralidad normativa y convivencia en la diversidad disminuyen el poder coercitivo e influencia de las instituciones; en consecuencia libera al individuo. Los conflictos, que pudieran sucederse, lejos de ser caóticos (precisamente por su gran número y menor intensidad) implican cohesión (Sennett, 2001).

La tesis de Sennett parece algo original al revertir la noción marxiana de concebir la acumulación del capital como un factor desencadenante de la lucha o el conflicto; no obstante, ya esta idea se encontraba presente en Coser (varías décadas antes) cuando sugería que la densidad del conflicto era más sana en su cantidad. A mayor cantidad de conflictos, menor es la intensidad de todos ellos y en consecuencia su efecto disgregador (Coser, 1961). Análogamente, para Sennett el anónimato y la pluralidad del mundo urbano, implica un orden nuevo de conflicto y reconciliación. El problema con esta construcción teórica, es que no puede aplicarse a ciertos problemas específicos en la ciudad como la drogadicción. En efecto, el problema del consumo y abuso de drogas químicas parece ser un fenómeno social que apunta a la opulencia y urbanidad en lugar de la vida rural. (Rodríguez-Cabello, 1986) (Romaní, 1992)

Desde nuestra perspectiva, consideramos que existen ciertas inconsistencias teóricas (ya expuestas) por parte de los autores citados, las cuales nos llevan a tomar una posición intermedia en el tema de las normas, las prácticas sociales y los espacios geográficos.

En primera instancia, la concentración tecnológica no necesariamente implica un sistema social normativo, y dentro del mundo urbano existen innumerables afinidades y pertenencias institucionales, como observó Sennett. No obstante a ello, (segundo) suponer que la pluralidad institucional aumenta el potencial liberador humano parece algo ingenuo. Los procesos de desintegración pueden variar de un grupo a otro, pero se encuentran con mayor presencia en los ámbitos de aceleración y crecimiento industrial como podría serlo una ciudad (Cambiasso; Grieco y Bavio, 2000).

Por último y lo más importante, si creemos que un individuo está sujeto a las pautas de su grupo en cuanto a espacio físico específico, debemos suponer que una institución regula la acción del agente en forma hegemónica. Así, las instituciones urbanas regularían la vida urbana y las instituciones rurales la vida rural. Pero, ¿qué pasaría cuando el agente decide desplazarse voluntariamente de un medio a otro?, ¿qué normas rigen su conducta?

La eterna discusión entre el ego y la norma, se resuelve (en este caso) a favor del primero. Cuando un individuo emprende un viaje hacia un destino no habitual, lleva consigo las normas de su propio grupo y no las del lugar que visita. En primer lugar, ello se debe a que no las conoce y segundo por falta de costumbre (hábito). Si un viajero urbano se desplaza al mundo rural, es posible que le cueste dormir la siesta (aún cuando todos lo hagan). En estos casos, el hábito y la costumbre se conforman como integradores de las prácticas sociales.

Empero, ¿que aplicaciones o problemas supone el viaje en el tratamiento de las adiciones?