VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

Maximiliano Korstanje

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La noción de Caracteristica en Leibniz (su obra madura)

La idea de caracteristica está fundamentada en el Leibniz maduro, ante la posibilidad de que cada cosa pueda ser expresada en números. (Leibniz, 1982:184)

Para el autor todo conocimiento debe ser considerado ciego. En parte, por provenir de su división inadecuada. Leibniz establece dos categorías principales para analizar el conocimiento: a) oscuro, b) claro. Dentro de la segunda clase, se divide en confuso cuando la idea puede ser expresada por obtención (ejemplo del color o paisaje) o en distinto, cuando la idea puede ser definible en conceptos más simples (ejemplo oro u hotel). A su vez, dentro de esta clasificación surgen dos nuevas, adecuados que son aquellas puramente definibles y inadecuados, las cuales pueden ser sólo definibles en forma difusa (aún el mismo concepto de hotel si alguien no conoce previamente un hotel es difícil de explicar). (Esquizabel, s/f: 1-15)

Finalmente, surgen dos últimos tipos de conocimiento: simbólico, al cual Leibniz hace referencia como la idea que sustituye una más compleja e intuitivo los cuales son plausibles de expresarse en forma racional como por ejemplo un número.

Para una mejor comprensión del conocimiento simbólico, debe entenderse por aquel que sustituye la idea por un signo pero que por sí mismo es incapaz de concebir la idea concreta (cogitatio caeca o cogitatio symbolica). Si pensar es igual a conocer en Leibniz, entonces conocer es tener pensamiento representado simbólicamente. Si todo pensamiento racional es conocimiento este puede muy bien ser expresado matemáticamente sin necesidad de ser pensado. (Esquizabel, s/f: 8)

“Aunque las lenguas son sumamente útiles para razonar, están sometidas sin embargo a innumerables equívocos y no pueden cumplir la función de un cálculo, esto es, no pueden revelar los errores de razonamiento a través de la formación y construcción de las palabras, como ocurre con los solecismos y los barbarismos”. (Leibniz, 1982: 190)

Leibniz descubre que el pensamiento simbólico encierra fallas sustanciales. Por ejemplo, los turistas vuelan o el circulo cuadrado, son pensamientos erróneos pero que simbólicamente pueden ser expresados. El cálculo y la aritmética, por el contrario, sólo pueden expresar aquello racionalmente verdadero. En este punto, un concepto es tan factorizable como un número y analógicamente puede se descompuesto en partes. He aquí el hallazgo fundamental de Leibniz que por algunos es considerado (incluso) el precursor del lenguaje analítico que dio origen a la computadora personal.

En Escritos Filosóficos, el autor, no escatima esfuerzos en señalar: “Así pues tal es aquello que finalmente descubrí en mis muy diligentes meditaciones. Por tanto, ahora se requiere solamente que se constituya la característica que persigo, en cuanto pueda satisfacer la gramática de una lengua tan admirable y el diccionario de la mayor parte de las palabras más usadas, o lo que es lo mismo, que se consideren los números característicos de todas las ideas” (Leibniz, 1982:169)

Desde nuestra perspectiva, podemos afirmar que Leibniz estaba orientado en descubrir un lenguaje universal que compuesto por vocabulario y conceptos primeros formulara operaciones aritméticas. Precisamente, por no ser pensamiento dirigido lo ha llamado cogitatio caeca (pensamiento ciego). En ese sentido último concluye, que las expresiones de un nominativo (nombre) en el número está contenido en su significado expresivo. Surge (así) el cálculo en el lenguaje y la tradición de lógica como la concebían los aristotélicos. (Leibniz, 1982:171)

En Leibniz el concepto de idea proviene de la mente; no como huellas impresas como las concebía Aristóteles (némicas) sino como separado de la sustancia del cerebro. Dice textual “en efecto, para nosotros la idea no consiste en un acto de pensamiento sino en una facultad, y se dice que tenemos idea de una cosa aunque no estemos pensando en ella si podemos pensar en ella siempre que se presente la ocasión, porque tenemos la facultad de recibir a éstas. Por lo tanto la idea postula cierta facultad próxima o facilidad de pensar en la cosa.” (Leibniz, 1982:179)

En este sentido, una fotografía tomada en el Epcon Center por un grupo de turistas canadienses puede ser considerada una idea o una forma de conocimiento adecuado. Por el contrario, la transmisión oral de la experiencia del mismo viaje debe ser comprendido como una especie de conocimiento inadecuado simbólico.

¿Cuál es la diferencia entre haber viajado a un destino turístico o haberlo soñado?, ¿qué diría Leibniz al respecto?. “Juzgo, por lo pronto, que existe sin prueba, por simple percepción, o sea, por experiencia, aquello de que soy consciente de mí, a saber: primero, yo que pienso una variedad de cosas, después los diversos fenómenos mismos o sea las apariciones que existen en mi mente. En efecto, estos dos aspectos pueden ser objeto de comprobación porque la mente los percibe inmediatamente sin intermediario alguno y es tan cierto que en mi mente existe la representación de la montaña de oro o del centauro cuando los sueño, como es cierto que yo, que sueño, existo … ateniéndonos al fenómeno mismo, lo juzgamos real si es vívido, múltiple, congruente…el fenómeno será congruente cuando esté compuesto de numerosos fenómenos, de los que se puede dar razón por la relación que guardan unos con otros, o por alguna hipótesis común bastante simple …en caso contrario los fenómenos serán sospechosos.“ (Leibniz, 1982:266)

El problema central en Leibniz se suscita cuando debe distinguir entre lo que considera conocimiento genuinamente natural y arbitrio humano. Ante la misma fotografía, un grupo de personas puede reaccionar favorablemente y otro grupo negativamente. Así, un hecho sucedido en una ciudad puede afectar la imagen de ésta como destino turístico pero a la vez atraer más turistas.

Que pensemos a la ciudad de Belfast como símbolo de terrorismo y violencia es un estereotipo que obedece al conocimiento simbólico. Realmente, nunca hemos estado presencialmente en Belfast y aun cuando lo hubiéramos estado lo que recordamos de ella es nuestra experiencia (particular) y no la esencia de ese objeto, es decir lo que realmente la ciudad es.

Por otro lado, las transmisiones de experiencias a nuestros conocidos y familiares una vez retornados de nuestras vacaciones también deben ser comprendidas como conocimiento inadecuado simbólico. Pero en la fotografía se encuentra la prueba (esencial) de haber visitado el lugar (que decimos visitar). Si el razonamiento de Leibniz es correcto, la fotografía (como forma de conocimiento intuitiva) nos permite su resignificación simbólica de la misma forma que el número contiene a la palabra. Desde el momento en éste último se considera plausible de expresar ideas.

De la misma forma, en que el número puede ser factorizable a la misma medida que el concepto, la experiencia (simbólica) humana o el recuerdo podría ser sustituido por la fotografía. Pero a su vez, es la fotografía la cual se apoya en la experiencia para evocar el recuerdo. En calidad de tal, conocimiento intuitivo es todo aquel que se remite a los conceptos primeros (al hecho de que la sustancia existe). Si bien la fotografía no expresa la experiencia subjetiva la contiene temporalmente, la refuerza, la prueba y la sustituye.

Llevamos en nuestra experiencia mediata parte de todos los lugares que hemos visitado en nuestra vida biológica. Pero ella se va transformando acorde a nuevas vivencias y reconstruyendo nuestro mundo. Sin embargo, a través de la tesis de la complexión podemos probar que nuestro ser ontológico continúa siendo el mismo. Un viaje no comienza en la ilusión de concebir hipotéticamente el lugar con anticipación sino por el contrario una vez regresados.

A diferencia del turista, que regresa y comienza a construir sensiblemente todas sus experiencias, no como fueron sino como vividas, el inmigrante en raras ocasiones tiene la necesidad de construir su vivencia pasada. Su estar en el mundo se orienta a un futuro (siempre mejor que el presente).

En la fotografía (capaz de congelar un momento) se encuentra aquello que el sujeto quiere conservar. De la misma manera, que cuando nos alejamos extrañamos, regresamos a nuestra morada para construir simbólicamente nuestro viaje. Por este motivo sostenemos, que el mismo sólo comienza una vez finalizado; así como la sustancia (siempre) contiene al accidente (y de la misma forma que Dios ve venir a Cesar cruzando el Rubicón).