VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

Maximiliano Korstanje

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La conformación de la información en el desplazamiento

Los emperadores romanos, generalmente, emprendían largos viajes para reforzar su presencia y autoridad en las provincias bajo su jurisdicción, mejoraban los caminos para acelerar la presencia militar en las zonas hostiles a la civilidad y a “las buenas costumbres”. Varios siglos más tarde, los Imperios español, holandés, inglés y francés entre otros, se lanzaron al mundo en una búsqueda similar. El apogeo y final de las dos grandes guerras mundiales dieron a la humanidad un dominio tecnológico sobre su medio y tiempo sin precedentes y en consecuencia ayudaron a consolidar una industria orientada a la mercantilización de los viajes (Khatchikian, 2000) (Korstanje, 2007) (Korstanje, 2008a). El asombro, la necesidad de posesión y la dominación parecen haber trabajado juntas en los diferentes niveles de la hegemonía occidental. También, la escritura como ha sugerido Edward Said ha acompañado estos procesos de conquista, creando alteridad y diversidad a su paso. Dando también origen al archivo como elementos discursivo paradigmáticos del racionalismo capitalista (Said, 2004).

Sobre el porque los pueblos europeos se han aventurado hacia tierras desconocidas y semidesconocidas en el pasados, aún no existe un consenso cierto. Si tomamos el período de colonización desde el siglo XVIII y fines del XIX, existe tanto deseos de poder y expansión económica como también una necesidad de prestigio y estatus por parte de los países mercantilistas. (Duroselle, 1991)

En una instancia liminar es posible que tanto la necesidad de expansión como de prestigio se tornan secundarias a la hora de explicar los motivos que generaron los desplazamientos humanos occidentales; como así también la herencia mito-arquetípica de la sociedad helénica en el mundo europeo. Si bien parece innegable que todas estas variables han intervenido en la conformación identitaria de occidente y también en la Ciencia como forma moderna de conocimiento, no explican per se esta característica distintiva del pensamiento europeo: el deseo de viajar compulsivamente y su contralor el terror al viaje.

La eterna contradicción entre lo global o lo local se orienta también como una teoría sociologicista que supone sobre el problema cierta jurisdicción explicativa, como así también las famosas crisis de los sentidos; estamos inmersos en tramas simbólicas que dan un fin a nuestra vida, a nuestro “estar en el mundo” en el sentido de Geertz (2005), cuando surgen disrupciones o abruptos cambios institucionales, se dan estados generalizados de des-orientación. Los individuos asustados y deseosos de institucionalidad se entregan a diferentes mecanismos compensadores que les ayudan a nivelar la frustración de lo inconcluso. En este contexto, la tensión entre lo homogéneo y lo particular, junto con el advenimiento de la modernidad podrían explicar la compulsión y el horror al viaje.

Comprender la relación dialéctica entre lo global y lo local parece una tarea ardua y difícil. Sobre todo, en un mundo donde lo tradicional se encuentra con lo innovador, lo general con lo particular, la homogenización con la heterogenización, etc. Ahora bien, la modernización parece adquirir una forma masiva y selectiva a la vez. Como ha sugerido García Canclini “la modernización disminuye el papel de lo culto y lo popular tradicionales en el conjunto del mercado simbólico, pero no lo suprime. Reubica el arte y el folclor, el saber académico y la cultura industrializada, bajo condiciones relativamente semejantes.” (García Canclini, 1992:18)

Briones et al, nos habla de procesos de transnacionalización que globalizan y localizan selectivamente ocultando y resaltando diversos eventos a escala mundial. Por ejemplo, las imágenes de niños desnutridos en Somalia son repetidos por los medios de comunicación una y otra vez, silenciando (a la vez) la misma escena en otros países y/o regiones (Briones et al, 1996). En este mismo sentido, Turner explica que existen en la modernidad dos tensiones inherentes a la forma de comprender la cultura y la otreidad, a las que llama multiculturalismo de la diferencia y multiculturalismo crítico. ¿Pero en que consisten ambos términos?. El multiculturalismo de la diferencia tiende a resaltar y escencializar ciertas culturas o grupos étnicos como formas de identidad colectiva mientras que el multiculturalismo crítico ve y comprende a la diversidad como una forma reaccionaria hacia la cultura hegemónica. (Turner, 1993)

¿Es el viaje una creación de la imagen?; es decir, como ha sostenido el filósofo Jorge Santayana “la inteligencia es un aventura inconcebiblemente audaz y de éxito maravilloso. Es un ensayo, un ensayo feliz, de encontrarse en dos lugares simultáneamente. Ser sensible a las cosas lejanas, aunque acontezca, de nada sirve y nada significa en tanto que no haya órganos para soslayar o dar caza a tales cosas antes de que el organismo las absorba, y por tanto es la posibilidad de viajar lo que da significado a las imágenes de los ojos y a la mente, que de otra forma, serían meras sensaciones y un estado mortecino del propio ser” (Santayana, 2001:1)

La imagen, y sobre todo la imagen de los destinos o espacios ha sido un tema que ha desvelado por largo tiempo a los filósofos y humanistas en los siglos pasados. Su génesis ha estado históricamente vinculado a la trascendencia humana y a la perpetuación del recuerdo como forma de memorial social. El culto a los muertos, y las cámaras funerarias de los pueblos en la antigüedad nos hablan de una imagen proyectada por la carencia de la corporeidad. Sin embargo, la modernidad parece haber invertido ese orden, y ha generado cuerpos o medios los cuales subvierten la imagen despojándola de materia para su representación. En consecuencia, la imagen digital, como un espejo, se constituye en la utopía del hombre, al proveerle (al cuerpo) aquello que no es pero que de alguna manera anhela ser. El espejo, como medio captura la imagen y la devuelve según nosotros la percibimos. En otras palabras, hoy día diversos mecanismos y procesos forjan en nuestra mente una imagen mucho antes de poder estar allí. (Belting, 2007)

En esta misma línea, el etnólogo francés Marc Augé asegura que los viajes o movimientos turísticos modernos se originan idealmente por medio de las tecnologías disponibles en las sociedades de origen. La literatura y el arte, se conjugan como verdaderos mecanismos capaces de crear escenarios imaginarios los cuales terminan modelando los destinos turísticos. Imaginamos tal o cual espacio según la novela o el film de moda, y condicionamos nuestras prácticas una vez arribados a estos sitios en forma alienante generando un “verdadero” viaje imposible. Es el turismo un espejo que genera imágenes y de las cuales también este se conforma; una especie de espejismo (Augé, 1996) (Augé, 1998).

A diferencia de los vegetales, como pensaba Aristóteles, los animales poseen medios de locomoción definidos, pero también en diferenciación con éstos últimos los humanos poseen consciencia del viaje, y sus motivos. El viaje comienza por ser sentido y experimentado aún antes de llevarse a cabo (Santanaya, 2001). Pero esta imagen no posee un cuerpo que la soporte sino se comporta como antojadiza y volátil, manipulable pero inquieta.

En resumen, la modernidad, la crisis de (algún) sentido y la sobre-dosificación informativa o de imágenes virtuales funcionarían como espejos, embriagantes, aislantes y distorcionadores del príncipio de realidad. La supuesta fobia a viajar sería una respuesta coherente y racional a estas ilusiones. Sin embargo, en este desarrollo existen varias incongruencias y problemas metodológicos.

En primera instancia, el término modernidad, post-modernidad como también sus homólogos globalización, transnacionalización e internacionalización parecen polisémicos. En segunda, como observó Koselleck, todos los hombres en todas las épocas se han considerado modernos (Riccoeur, 2004). Por tanto, que factores hacen a un estadounidense actual más moderno que a un Romano de la Dinastía Antonina; ambos poseían la primacía de los medios materiales y tecnológicos disponibles en su era. El tercer obstáculo, es que existe un puente entre la ilusión y la realidad, aunque toda realidad es experimentada y en consecuencia ilusión. Tal que percibida por el sujeto y por su biografía, la realidad es sólo una proyección más de las ideas en el sentido de Schutz (1974), o producto de un juicio sintético en el de Kant (2004).

Si hacemos la prueba sería imposible, comprender o pensar una idea que no esté marcada por el lenguaje, y éste a su vez es un conjunto de iconos plausibles de generar ideas (Searle, 1997). Todo viaje tiene un “aquí” que se diferencia de un “allí”, no obstante estando aquí puedo pensar en el allí, o por estar allí retornar al aquí. Si bien esto parece un vano juego de palabras, no lo es, ya que encierra el origen de nuestro dilema. Viajar como forma de imaginar, e imaginar como forma de viajar.