VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

Maximiliano Korstanje

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El placer y el displacer en Sigmund Freud

El psicoanálisis, cabe aclarar, fue creado como forma instrumental para el tratamiento de casos clínicos en parte asociacionista en el sentido indicado por Mead y en parte experimental; pero (por algún u otro motivo) fue rápidamente transformado en un elemento teórico. Parcialmente, heredero de las doctrinas económicas de la prensa hidráulica, las cuales sostenían que ciertos influjos o impulsos actúan por acumulación y una vez sobrepasada la barrera de contención se expresan exteriormente; parte también, producto de una era victoriana con una fuerte regulación de la moral en todas las esferas de la vida cotidiana incluyendo la disciplina y el trabajo. Consideramos, que por estos aspectos, es posible que en Freud el placer halla sido considerado como un aspecto oculto, negativo y sombrío al igual que los diferentes institutos sexuales (todos ellos plausibles de ser re-dirigidos y reprimidos según sus propias palabras). Sin embargo, los alcances freudianos en materia de la relación del sujeto con su entorno y las normas, fue de gran valía para otras disciplinas de las Ciencias Sociales como la Antropología, la Sociología y la Politología.

El mismo Malinowski, corroboró los hallazgos de Freud en las Islas Tobriand donde los nativos se regían por organización matriarcal. Al final de su excelente libro Estudios de Psicología Primitiva, el autor sostiene “nuestro análisis establece que las teorías de Freud no sólo corresponden a la psicología humana en sus rasgos generales, sino que se adaptan estrechamente a las transformaciones que las diferentes formas sociales producen en la naturaleza humana. En otras palabras: hemos puesto en evidencia la íntima relación existente entre un señalado tipo de sociedad y su correspondiente complejo nuclear.” (Malinowski, 1998: 217

Hechas las pertinentes aclaraciones, nos proponemos a discutir los contenidos, alcances y limitaciones propias del psicoanálisis clásico con referencia al placer y al principio de desplazamiento derivado de éste.

De esta forma, en Más allá del principio del Placer, Freud comienza señalando “en la teoría psicoanalítica suponemos que el curso de los procesos anímicos es regulado automáticamente por el principio del placer; esto es, creemos que dicho curso tiene su origen en una tensión dispaciente y emprende luego una dirección tal, que su último resultado coincide con una minoría de dicha tensión y, por tanto, con un ahorro de displacer a una producción de placer” (Freud, 1988:2508)

Cabe comprender el razonamiento freudiano, dentro del contexto social en el cual éste se desempeñaba. En ese entonces, se creía que los impulsos movían la psicología humana y operaban en analogía a una represa; por acumulación. Cuando cierta cantidad de placer era acumulado, se reducía en el mismo grado la cuota de displacer y viceversa. Las expresiones del agente con respecto a uno u otro, estaban estrechamente relacionados a como funciona una represa hidráulica.

Al comenzar a estudiar el tema, Freud se topa con una escasa bibliografía en referencia al génesis del placer; en consecuencia la construcción que el psicoanálisis hace sobre el placer obedece, según su autor, a observaciones clínicas directas basadas en las propias experiencias (dinámicas).

En concordancia con otro investigador, que toma como marco referencial , Freud asume que el placer y el displacer están vinculados con los impulsos. Tanto en el polo el placer como su contralor, existe una extensión de indiferencia “estética”. Las dinámicas de uno u otro, se vinculan a su vez, con el equilibrio o la inestabilidad del sistema psíquico. En otras palabras, el principio del placer se deduce por la constancia que conlleva la estabilidad del sujeto (postura estática). Pero, el dominio de éste sobre el aparato psíquico es una hipótesis que Freud descarta ya que en la observación empírica no todos los actos del agente llevan al placer. Al respecto el autor sostiene “existe, efectivamente, en el alma fuerte tendencia al principio del placer, pero a esta tendencia se oponen, en cambio otras fuerzas o estados determinados; y de tal manera, que el resultado final no puede corresponder siempre a ella”. (ibid: 2508)

Asimismo, el principio del placer funciona como elemento primario “del aparato anímico” pero es transformado, por los diferentes factores ambientales que lo obligan a retraerse dando lugar (así) al surgimiento del displacer. El yo asume un instinto de “auto conservación” y el placer puede quedar latente durante un lapso de tiempo manejando los destinos de los “instintos sexuales”, mientras es sustituido por “el principio de realidad”.

Los mecanismos de represión también ejercen presión sobre los instintos del sujeto, y en ocasiones, se genera lo que Freud llama satisfacción sustitutiva, lo cual implica un sentimiento de displacer. En este sentido el autor afirma “la mayoría del displacer que experimentamos es, ciertamente, displacer de percepción, percepción del esfuerzo de instintos insatisfechos o percepción exterior, ya que por ser esta última penosa, en sí o por excitar en el aparato anímico expectaciones llenas de displacer, y ser reconocida como un peligro por el mismo” (ibid: 2509-10). En consecuencia, reaccionar a estas inspiraciones instintivas y/o de amenaza puede ser dirigida por el principio de realidad directamente hacia el placer.

En una segunda etapa, Freud se decide a analizar el problema desde la óptica lúdica del juego infantil. Más específicamente, el autor interpreta al juego con la cultura y a ésta con la renuncia al propio instinto por medio del proceso de “sublimación”. Un niño convierte en un juego, a la vez que placentero, un suceso que por sí mismo es percibido como desagradable (postura dinámica).

En parte, los niños repiten en sus actos lúdicos todo lo que les perturba mientras que por le otro, se asumen en cuanto a un orden jerárquico que les antecede: querer ser como los grandes. Si el sujeto, a temprana edad, sufre una privación (de cualquier naturaleza) está será expresada por medio del juego pero invirtiendo ese displacer (experimentado) en el placer de hacerle lo mismo a quien lo ha generado. El origen mismo de la neurosis traumática se basa en el vínculo entre placer y displacer.

En palabras del propio Freud “de toda esta discusión resulta que es innecesaria la hipótesis de un especial institinto de imitación como motivo del juego. Agregaremos tan sólo la indicación de que la imitación y el juego artístico de los adultos, que, a diferencia de los infantiles, van dirigidos hacia los espectadores, no ahorran a estos las impresiones más dolorosas –así en la tragedia-, las cuales, sin embargo, pueden ser sentidas por ellos como un elevado placer. De este modo llegamos a la convicción de que también bajo el dominio del principio del placer existen medios y caminos suficientes para convertir en objeto del recuerdo y de la elaboración psíquica lo desagradable en sí” (ibid: 2513).

Pero lo expuesto hasta el momento, no resuelve ni responde a cuales son los elementos psicológicos que intervienen en el desplazamiento como forma de generar placer.; o en otros términos ¿que placer hay en desplazarse?.