VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

Maximiliano Korstanje

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Desarrollo académico (la personalidad y el placer)

El turismo se ha convertido en los últimos años en un fenómeno que crece a cada instante. No obstante, se requiere aún de teoría (y mucha) sobre todo con respecto a las motivaciones psicológicas que se ponen en funcionamiento a la hora de emprender un viaje. Fernandez Fuster nos explica que “si consideramos la existencia del Turismo como fenómeno visto desde la vertiente individual, particular, del turista, el concepto de la psicología se mostrará como necesario para la determinación de las motivaciones del viaje, las preferencias por los lugares elegidos, los cuandos, comos y porque. La vertiente individualista nos lleva derechos a una Psicología del Turista”. (Fernandez Fuster, 1967:18)

En su trabajo, Turismo y Transporte, Blanco sostiene “podemos afirmar que en general todo el mundo es turista potencial. Para dar el paso definitivo y poder convertirse en turista, es necesario que se cumplan dos condiciones: voluntad y posibilidad. Hablar de voluntad es referirse al deseo o curiosidad por viajar y conocer otros lugares, otras gentes, otras culturas.” (Blanco, 2001:15)

En efecto, el deseo o su análogo el placer parece influir en forma directa sobre la decisión de desplazarse y en consecuencia de hacer turismo. Si bien una de las primeras disciplinas interesadas en el placer fue la psicología, y sobre todo la asociacionista, la posición en su tratamiento sobre la conciencia y la acción estaba equivocada.

Uno de los pasajes escritos (hace un tiempo) por el padre del interaccionismo simbólico, hacen expresa referencia al hecho de que “toda la doctrina de la psicología que sigue a Hume fue predominantemente asociacionista. Dados ciertos estados de conciencia, se suponía que eran mantenidos agrupados por otros elementos similares. Entre estos elementos se encontraban los del placer y el dolor. Relacionada con este atomismo de estados concientes asociados, había una psicología de la acción basada en la asociación del placer y el dolor con ciertas otras sensaciones y experiencia. La doctrina de la asociación era la doctrina psicológica dominante: trataba la experiencia estática antes que la dinámica” (Mead, 1999:64).

En otras palabras, las sensaciones estáticas como el olor, el gusto y el color pueden no estar relacionados directamente con los estados de placer y displacer, sino más bien con la construcción procesual de la persona por medio de la comunicación, y cuya póstuma expresión se hallan en el juego y el deporte. (Mead, 1999:180-195)

Estos dos mecanismos asociados, se encuentran presentes en el proceso de socialización y en consecuencia internalizan en el sujeto las normas grupales y la posición del “otro” en él mismo (a través de la constitución del “mí” y su accionar sobre el “yo”). Es decir, que en la competencia deportiva, el sujeto sabe (concientemente) no sólo que su acción repercute en el juego sino además que re-conoce todas las acciones posibles de los “otros” en él.

Asimismo, para Mead, tanto el juego como el deporte representan la evidencia de que el ser se forma por medio de la interacción social.

En este contexto, aunque el autor no hace expresa referencia, tanto el placer y el displacer no funcionan como elementos individuales sino que se desarrollan en cuanto a otros externos pero presentes en la conciencia del sujeto. Aquello que le causa placer al sujeto, no necesariamente le cause placer a los demás también; sin embargo, para que el influjo pueda ser aprehendido debe estar internalizado como una posible forma de placer o displacer. Cuando alguien compra un regalo para otra persona, intuye que éste será de su agrado.

El placer que siente en regalarlo, no está vinculado al yo propio, sino a la internalización de aquello que le causa placer al otro; y viceversa. Pero para que este hecho social tan complejo se de, debe existir por parte de ambos una construcción común con respecto a lo que genera placer y displacer en ambos. En efecto, tanto el placer como su contralor, son parte de los estados afectivos primarios del agente cuya función es controlar la conducta y dirigir la acción en cuanto a “otros” quienes también se dirigen hacia el “yo”. Sin embargo, no sabemos el motivo por el cual Mead no se preocupa por definir que se entiende por placer en toda su obra. Entonces, ¿qué es el placer?.

En ocasiones, algunos confunden al placer con la sensación; y si bien es posible que se parezcan, caben algunos reparos antes de continuar. Para responder ontológicamente a la pregunta planteada, recurriremos al filósofo alemán Immanuel Kant. Para éste, en todo sujeto, existe una tensión entre el placer y el bien (deber). La moral culmina con la idea del bien. A su vez, el deber es una figura a priori de todo juicio (moral). La voluntad de hacer el bien es lo único que nos somete a la ley moral (Vleeschauwer, en Belaval, 2002:210-222). La moral, por lo tanto, es interna a cada uno.

La primera distinción que elabora Kant sobre el conocimiento se versa sobre conocimiento puro y empírico. El primer término se desprende de los conocimientos a priori el cual se distingue por ser independiente de la experiencia. Por ejemplo, podríamos estimar que en cierta temporada y para determinado hotel no encontraríamos ningún tipo de disponibilidad aun cuando no nos hemos percatado de ello en base a nuestra experiencia. ¿Pero como llega Kant a la sensación como construcción analítica?.

Pues, por medio del juego entre percepción e intuición. En los axiomas de la intuición, Kant hace expresa referencia a este tema cuando señala “no puedo representarme una línea, por pequeña que sea, sin trazarla con el pensamiento, es decir sin producir todas sus partes poco a poco, desde un punto, y así dibujar esa intuición. Lo mismo ocurre con el tiempo, por corto que sea. Pienso en el tránsito sucesivo de un momento a otro, por donde, mediante todas las partes del tiempo y su audición, prodúcese finalmente una determinada magnitud” (Kant, 2004:143)

En el momento en que la intuición se adelanta a la percepción, se está en presencia de la sensación (realitas phaenomenon), la cuál no es otra cosa que una forma de conocimiento empírico a priori. Pero Kant, sabe que la sensación no va de las partes al todo (como en el caso del tiempo o la música) sino que se halla en la aprehensión y no por medio de la síntesis. De esta forma, concluye que toda sensación posee magnitud intensiva (segundo axioma). Esta meditación, le otorga tanto al placer como al dolor (displacer) una intensidad y en consecuencia un punto de equilibrio. Ambos podrían distinguirse en grados con respecto a un objeto percibido e incluso (aquí el aporte del autor) revertirse. Por ejemplo, nuestro deseo de viajar a Córdoba para Navidad puede ir disminuyendo o aumentando su intensidad hasta llegar a 0 (vacío) y desaparecer o hasta hacerse contrario y transformarse en aversión. Esta idea estará presente en Freud cuando elabore su tesis sobre el placer y el principio de realidad.

Pero también lo interesante el pensamiento kantiano radica en la intuición como herramienta de conocimiento. Sin él, todo conocimiento es imposible. Mejor dicho, todo conocimiento (empírico) es sensible (ya que es dado al sujeto) y no racional.

Entonces, ¿estaríamos en condiciones de afirmar que el placer es un elemento clave en la conformación de la personalidad y ésta una forma de adaptarse al entorno?.

Desde un marco conceptual análogo al interaccionismo y la filosofía kantiana, el canadiense Eric Berne, desarrolló a principios de los 60 un modelo que según él explicaba las diferentes etapas en las que se constituía el ego. A diferencia de las edades del hombre de Eriksson (2000) para quien las etapas eran procesuales, en Berne estos estadios del “yo” coexistían en la personalidad adulta entre sí. Según el autor, nuestro aparato psíquico se construye en tres manifestaciones: padre, adulto y niño (PAN).

Cada una de estas fases, muestra características específicas. En la experiencia interna, el padre está vinculado a las normas, el cuidado, y nuestra certeza sobre la forma de conducirse en el mundo. La dinámica de esta esfera es netamente normativa premia por un lado, y castiga por el otro. Luego, viene el adulto, quien según Berne tiene la pauta de adaptación al medio y de respuesta según parámetros objetivos y analíticos. En esta etapa, el sujeto se comporta de acuerdo a su conveniencia. Por último, el estadio del niño hace referencia a todos esos sentimientos inductivos que nos permiten disfrutar, experimentar placer a veces en forma maníaca, distanciándonos de la estructura normativa del grupo. (Berne, 1974)

Aplicando los alcances de Berne a nuestro trabajo, podemos señalar que cada estadio guarda también semejanza con la forma de comportamiento que se manifiesta en la esfera laboral y en la del placer. En efecto, mientras trabajamos predomina los estadios padre y adulto según corresponda, mientras que iniciadas las vacaciones, surge el estadio niño como estructura de comportamiento dominante durante ese tiempo. Sin embargo, el placer no parece ser sólo un elemento presente en los períodos turísticos y Berne, en este punto no explica ni relaciona al placer con el desplazamiento geográfico. Por ese motivo, vamos a descartar (intencionadamente) el desarrollo de la teoría de Análisis Transaccional.

En esta misma línea, Anderson (1972) demostró según un estudio que durante el segundo o tercer año de vida un niño raramente se aleja de su madre más de sesenta metros antes de retornar. Si la pierde de vista, olvida la exploración ya que su deseo es volver con ella. Si el niño es pequeño atraerá la atención “haciendo berrinches” pero si es un niño de más edad emprenderá una búsqueda hasta dar con ella nuevamente. (Anderson, 1972)

En base a esta observación Bowlby intuye que “podemos entonces dar por sentado que la conducta que lo aleja de su madre hacia el vasto mundo- que se denomina correctamente conducta exploratoria- es incompatible con la conducta de apego y tiene menor prioridad. Así, sólo cuando la conducta de apego está relativamente inactiva, tiene lugar la exploración … a medida que un individuo se hace mayor, su vida continúa estando organizada del mismo modo, aunque sus excursiones se vuelven continuamente más prolongadas en el tiempo y en el espacio …Durante la adolescencia pueden durar semanas o meses, y es probable que se busquen nuevas figuras de apego … todos nosotros, desde la cuna hasta la tumba, somos muy felices cuando la vida está organizada como una serie de excursiones, largas o cortas, desde la base segura proporcionada por nuestra figura de apego.” (Bowlby, 1989:78)

En un ensayo teórico publicado en 2007, Korstanje infiere una hipótesis por demás atractiva. Si bien existen ciertas limitaciones metodológicas, es posible que la teoría del apego explique (en parte) la tendencia de ciertas personalidades a recorrer mayores distancias que otras en similitud de condiciones ambientales. Aun cuando, este trabajo no haya sido comprobado en forma empírica (aún) sugiere que las estructuras de apego entre el niño y su cuidador influyen, de alguna u otra manera, en los diferentes procesos en los que se forma la personalidad, y consecuentemente su apego al hogar (base). (Korstanje, 2007)

Sin embargo, la dinámica conductista de la teoría del apego fue seriamente criticada por ciertos sectores conservadores de la psicología tradicional, por considerarla una adaptación (sin fundamentos) de la etología (disciplina que le dio nacimiento). (Vemengo, 2005)

En el campo del turismo, un estudio empírico llevado a cabo por White y White (2006) en 27 personas (14 hombres y 13 mujeres) demostró que aquellos quienes se ausentan de su hogar como turistas en lapsos no convencionales (varios meses) tienen una disposición a estar conectados en co-presencia con su hogares, ayudados por los avances tecnológicos en comunicación e informáticos. Aún en las vacaciones, la necesidad de estar ligado a la base segura que representa el hogar y los vínculos emocionales parecen algo ciertamente observable.

Según la palabra de White y White “these findings are consistent with other work showing that the meaning of distance and being Hawai have tranformed by the ease, immediacy, and frequency of communication between tourist and their families, friend, or colleagues back home. People who are geographically dispersed can now reconstitute and maintain their small social worlds through the use of telephones and the internet”. (White y White, 2007:101)

Otro interesante estudio conducido por Lau y McKercher confirmó que los turistas, una vez en el destino visitado, tienen diversas formas de comportamientos que correlacionan con el tiempo de estadía. Según los autores, en una muestra seleccionada de veraneantes cuyo lapso de estadía es de un máximo de cinco días, se ha observado que entre los días 1 y 5 se realizan mayores visitas a centros cercanos a los hoteles donde se hospedan (como por ejemplo city tours o visita a museos), mientras que entre los días 2, 3, y 4 los turistas se predisponen a explorar otros sitios de mayor distancia geográfica con respecto al lugar donde se alojan. (Lau y Mc Kercher, 2006:48)

Lo cierto, es que la relación entre destino turístico y turista implica conocer la/s causa/s que llevaron a tal acto. Partiendo de la base, de que el turista se desplaza de su medio residencial en busca de la satisfacción de una carencia (Dann, 1981). Algunos investigadores han llegado a proponer dos dimensiones (factores) en los que se desarrolla el fenómeno.

Por un lado, el factor push hace referencia a ciertos los elementos internos e individuales que promueven el movimiento; mientras que por el otro, el factor pull se refiere a las facilidades ambientales externas que posibilitan la atracción. Los motivos específicos que permiten el desplazamiento son variados dependiendo de cada autor y van desde el escape, la necesidad de exploración, hasta la educación y el impulso por la novedad. (Crompton, 1979) (Loker y Perdue, 1992) (Goeldener y otros, 2000) (Castaño y otros, 2006) (Schofield y Thompson, 2007)

Sin embargo, la mayoría de estos trabajos desconoce el papel intra-psíquico que juega el placer y su contrasentido (el no placer) en la disposición del ego para comenzar con el desplazamiento.

Aun cuando, en ocasiones, alguno que otro autor haga mención sobre el tema, su tratamiento carece de la profundidad necesaria por consecuentemente de operalización y demostración empírica. En este sentido, el psicoanálisis como sub-disciplina propia de la psicología nos presenta un campo fecundo para el estudio del problema. Hasta el momento, el tratamiento sobre el placer, su relación con las dinámicas filo-genéticas y culturales han contribuido notablemente al tratamiento de patologías específicas.

De todos modos, la particularidad que presenta el psicoanálisis como herramienta terapéutica y la dificultad de sus términos, han hecho que pocos investigadores del turismo se dedicaran realmente a profundizar en los factores que generan placer dentro del sujeto. ¿Puede el juego compararse con el placer?