VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

VIAJANDO: UNA APROXIMACIÓN FILOSÓFICA

Maximiliano Korstanje

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Crítica de la Razón Pura en Immanuel Kant

La primera distinción que elabora Kant sobre el conocimiento versa sobre conocimiento puro y empírico. El primer término se desprende de los conocimientos a priori el cual se distingue por ser independiente de la experiencia. Por ejemplo, podríamos estimar que en cierta temporada y para determinado hotel no encontraríamos ningún tipo de disponibilidad aun cuando no nos hemos percatado de ello en base a nuestra experiencia.

Contrariamente, el conocimiento a posteriori o como también lo denomina Kant empírico, se basa en un conocimiento atado a la experiencia. Siguiendo el mismo ejemplo, sabemos que aquel hotel no tiene disponibilidad desde el momento en que hemos realizado una llamada telefónica y confirmado nuestras sospechas.

A diferencia de Leibniz, Kant no considera que uno u otra clase de pensamiento sea (in factum) plausible por sí de verdad o falsedad sino que ambos son estrictamente necesarios. Para el autor, la matemática que es parte del pensamiento puro, encierra el mismo problema que para Leibniz tenía el pensamiento simbólico en el lenguaje. Las causas primeras, por no estar basadas en la experiencia, pueden fundamentarse erróneamente.

En este sentido el mismo Kant advierte “es nuestro destino habitual de la razón humana en la especulación, el acabar cuanto antes su edificio y sólo después investigar si el fundamento del mismo está bien afirmado. Por entonces se buscan toda clase de pretextos para quedar contentos de su solidez o incluso para excusarse de hacer esa prueba tardía y peligrosa”. (Kant, 2004:37)

Asimismo, cuando por medio de la razón descomponemos el pensamiento en partes estamos frente a un juicio analítico, por ejemplo todos los turistas llegan emocionados. A este punto (en concordancia con Leibniz) Kant establece que el todo (universal) está enlazado con el predicado por medio de la identidad (o también llamados juicios de ampliación). Por el contrario, cuando afirmamos todo turista es hombre entonces el predicado es algo indistinto a su pensamiento y estamos en presencia de un juicio sintético. Entiéndase, pues, que todos los pensamientos basados en la experiencias son sintéticos (explicativos). (Kant, 2004:39)

En crítica directa a Leibniz, Kant señala “la proposición aritmética es, por tanto, siempre sintética y de esto se convence uno con tanta mayor claridad cuando mayores son los números que se toman, pues entonces se advierte claramente que por vueltas que le demos a nuestros conceptos, no podemos nunca encontrar la suma por medio del mero análisis de nuestros conceptos y sin ayuda de la intuición.” (Kant, 2004:41).

Adquiere el pensamiento una dinámica guiada por la intuición (síntesis) en Kant; un concepto en 180 grados con la lógica del pensamiento ciego en Leibniz. Empero el mismo Kant, se da cuenta de ciertas inconsistencias en el pensamiento puro. ¿Es posible un juicio sintético a priori?. Si por si mismos, los juicios sintéticos se basan en la experiencia, y está en los juicios a posteriori, ¿no encierra esto una contradicción?, ¿son posibles las ciencias puras (matemáticas)?.

En la crítica de la razón, encuentra Kant la respuesta a las preguntas planteadas. “La crítica de la razón conduce, pues, en último término, necesariamente a la ciencia; el uso dogmático de la misma, sin crítica, conduce en cambio, afirmaciones que carecen de fundamento, frente a las cuales se pueden oponer otras igualmente ilusorias y, por lo tanto, al escepticismo”. (Kant, 2004:45).

Para el autor existen dos categorías en su tesis de la representación. Por un lado, están las intuiciones que pueden definirse como los objetos que me son dados singulares e inmediatamente, pero por el otro se encuentran los conceptos, los cuales son representaciones generales referenciales mediatas. A diferencia de Leibniz, Kant sostiene que todo análisis es intuitivo y conceptual a la vez.

En cierto punto, los objetos no son presentados y somos nosotros seres simbólicos los que a través de la intuición los explicamos. Los matemáticos no pueden ni deben analizar los conceptos, esa es la labor de los filósofos. En uno de sus primeros párrafos afirma “Hay dos ramas del conocimiento humano, que quizá se originen en una raíz común pero desconocida para nosotros, y son a saber, la sensibilidad y el entendimiento. Por medio de la primera no son dados los objetos; por medio de la segunda son los objetos pensados. Ahora bien, por cuanto la sensibilidad debe contener representaciones a priori, que constituyan la condición bajo la cual nos son dados objetos, pertenecerá a la filosofía trascendental. La doctrina trascendental de los sentidos correspondería a la primera parte de la ciencia de los elementos, porque las condiciones bajo las cuales tan sólo son dados los objetos del conocimiento humano, preceden a las condiciones bajo las cuales” (Kant, 2004:48)

Primordialmente, el problema central en Kant no es (como lo era en Leibniz) construir un lenguaje universal sino por el contrario hacer una división entre las matemáticas y la filosofía. Llegado a este punto de reflexión, el autor establece dos sub-categorías para las intuiciones (a posteriori y puras) y dos para los conceptos (a priori y a posteriori). Dentro de la clasificación conceptual a priori Kant distingue aquellas que son dadas y las que son no dadas. A las primeras le asigna los pensamientos filosóficos, simplemente por ser analizables y en el caso de los segundos las matemáticas por ser construidos. Dentro de lo que Kant denomina los conceptos dados existe una nueva subdivisión: referencia objetiva, los cuales hacen referencias a esquemas o constructor expresables en categorías y referencia no objetiva, aquellas ideas de la razón como verdad, tiempo, Dios etc. De la síntesis entre ambas surge el conocimiento simbólico.

Cabe una pequeña aclaración, en los conceptos filosóficos, el esquema tiene la función de sensibilizar el concepto puro del entendimiento. Análogamente, la construcción hace lo mismo en el conocimiento no dado, sin ir más lejos a través de constructos como la matemática. Esta tesis es contraria a lo que se comprende por simbolismo Leibziano ya que considera que todo pensamiento vivo es intuitivo. Para Kant, la lógica formal como se concebía hasta ese entonces era simplemente pensamiento muerto.

Ahora bien, Kant nunca se planteó (como lo hizo Leibniz en el Arte combinatorio) el tema de la posición de los objetos. Por ende, lo novedoso y lo problemático de este artículo es poder integrar el pensamiento kantiano a la filosofía del desplazamiento.

Según nuestra propia interpretación, en Kant el sujeto no contiene al verbo como en Leibniz, sino que es el verbo el que contiene al sujeto. Una construcción como el turista realiza un viaje se trasforma en el viaje hace al turista. Por ende, si el viaje hace al turista su negación el no turista hace el no viaje. El viaje es un objeto dado a tal que cuando no es viaje el turista no es turista. Entonces, según la lógica kantiana el concepto de turista se construye intuitivamente.

Como una síntesis entre intuiciones y conceptos, el simbolismo no adquiere una dinámica análoga sino sintética. El ejemplo más representativo es que nos pensamos turistas en cuanto a un (hipotético) regreso. Si el regreso no se cumple no existiría una partida en cuanto a turista. En otras palabras, el accidente transforma la sustancia y no la sustancia al accidente. Al concepto (sustantivo) de turista le corresponde su intuición inmediata que le es dado en cuanto a su acción. Así, el ser (ontológico) se transforma en la acción, es decir en el viaje. Diríase, en la experiencia del viaje (una vez terminado) obtenemos la síntesis entre el concepto y la intuición que dan origen al pensamiento simbólico en cuanto dado y pensado.

¿Pero que papel juegan realmente el espacio y el tiempo en la obra kantiana?.