SISTEMAS LOCALES DE INNOVACIÓN:
LAS EMPRESAS PYMES METALMECÁNICAS DE TANDIL (1995 ¿ 2005)

SISTEMAS LOCALES DE INNOVACIÓN: LAS EMPRESAS PYMES METALMECÁNICAS DE TANDIL (1995 ¿ 2005)

Sergio Farinelli

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3.2 Los shocks externos y el comienzo de la recesión

“La Argentina, durante la década del ‘90 tenía un alto grado de dolarización o una dolarización de hecho. Esta década fue un período de grandes e importantes cambios para la Argentina. El sector financiero fue uno de los que más cambios y transformaciones soportó a lo largo de estos diez años”. (Schvartz, 2004).

Para comenzar a desarrollar el análisis sobre el sector financiero en los años noventa, podemos afirmar que es promediando la década cuando los depósitos de divisas comienzan a crecer en nuestro país. Sin embargo, hacia finales de dicha década se produce un período de recesión que sería el principio del fin del tipo de cambio fijo.

Los cambios estructurales que se impusieron en el ámbito del mercado eliminaron la identificación del modelo económico argentino con el esquema adoptado por otras economías emergentes. Con el impacto que tuvo la devaluación mexicana, el Banco Central abandonó la actitud pasiva que había tenido hasta entonces y se dispuso a establecer regulaciones de tipo prudencial y mecanismos de supervisión bancaria. La gran mayoría de esas medidas estuvieron orientadas a mantener un elevado grado de liquidez en el sistema y fueron de gran ayuda para evitar una fuga de capitales similar a la ocurrida en 1995. (Katz, 2004)

Sin duda fue la pérdida de confianza en los mercados, producto de la devaluación de la moneda mexicana y su crisis la que produjo una corrida en contra de los depósitos de gran magnitud ante el temor de que sucediera lo mismo en nuestro país. Como sostiene, Schvartz, (2004):

“…el sistema financiero se transformó en un canal de propagación de los efectos adversos de la crisis mexicana. Dado que la economía argentina era vista de la misma manera por los inversores, razón por la cual la salida de capitales que ocurrió en ese país se trasladó al nuestro”. La crisis financiera precipitada por la devaluación mexicana tuvo un fuerte impacto en la economía argentina. Si bien ello no resultó en una crisis en el sentido de una devaluación cambiaria como vislumbraron muchos, la economía registró una caída del PBI del 5 % y una disminución de la inversión del orden del 16 %.”

Otras crisis importantes que se sucedieron en esta década fueron la crisis asiática de 1997 y la crisis rusa en 1998. Sin embargo, estas crisis no repercutieron significativamente en el sistema financiero argentino. “Los cambios estructurales que se impusieron en el ámbito del mercado eliminaron la identificación del modelo económico argentino con el esquema adoptado por otras economías emergentes.” ( Damill; Frenkel y Juvenal, 2003).

Continuando con el análisis en esta década y ya sobre el final de la misma, es importante señalar el shock externo que afectó la Argentina a partir de la devaluación de la moneda en Brasil (Real).

En relación a lo anterior Fresner (2003) expresa que:

“la crisis brasileña sorprendió de forma importante al sistema financiero argentino. A pesar de los temores de que la historia se repita, el sector afrontó y soportó el shock externo con un comportamiento solvente y diferenciado: inició un proceso dolarizador de sustitución de activos. Una gran mayoría de agentes decidieron incrementar su cartera de depósitos en dólares reduciendo la tenencia de fondos en moneda nacional para protegerse ante el posible riesgo de una devaluación al considerar al dólar una moneda más segura que el peso argentino”.

Este proceso dolarizador encuentra su causa en la aversión al riesgo de los agentes económicos. Dado que los depósitos en dólares se encontraban menos expuestos a riesgos cambiarios e incertidumbres, muchos individuos optaron por iniciar un proceso de sustitución de activos cambiando la moneda de sus ahorros para así asegurar sus carteras de inversión. “En definitiva, el grado de dolarización de la economía argentina, es inversamente proporcional al nivel de confianza de los agentes económicos respecto al mantenimiento del régimen monetario-cambiario.” (Conesa, 1999)

La economía argentina tenía un problema de moneda: una moneda débil, entendida como una moneda que no es aceptada como reserva de valor por ahorristas locales y extranjeros. Entonces, al permitirse la adopción del dólar como moneda fuerte e instrumento de intermediación financiera, se alimentó una exposición al riesgo cambiario a nivel sistémico que redujo significativamente el margen de maniobra económico en caso de shocks adversos. Argentina eligió ese camino como un atajo a la estabilidad monetaria.

En lugar de fortalecer el peso como reserva de valor (incurriendo los costos y riesgo asociados), adoptó el uso del dólar como solución a sus problemas de credibilidad, hecho este que terminaría siendo sumamente perjudicial a su economía. (Kampel, D., y Katz, S., 2003)

Un hecho llamativo y el cual debe tenerse en cuenta durante la convertibilidad es la salida de capitales, esta fue masiva paradójicamente en los años en donde el modelo económico mostraba su faceta más virtuosa. Este fenómeno tiene su explicación según lo manifiesta Yoguel, (2003) “…en los mejores años de la convertibilidad, los argentinos seguían fugando capitales porque, quizás, intuían o comprendían la debilidad de las bases sobre las que se pronunciaba el discurso de la paridad cambiaria con el dólar”.

La Argentina a partir del tercer trimestre de 1998 ingresaba en un ciclo económico negativo, a ello se sumaban numerosos indicadores económicos que reflejaban la depresión económica y el agotamiento de la confianza en la regla cambiaria del Plan de Convertibilidad. (Gutiérrez, 2003)