SISTEMAS LOCALES DE INNOVACIÓN:
LAS EMPRESAS PYMES METALMECÁNICAS DE TANDIL (1995 ¿ 2005)

SISTEMAS LOCALES DE INNOVACIÓN: LAS EMPRESAS PYMES METALMECÁNICAS DE TANDIL (1995 ¿ 2005)

Sergio Farinelli

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3.2.1 Crisis y derrumbe del sistema económico argentino

Teniendo en cuenta lo expresado anteriormente, en donde se puede observar que la crisis del Real en Brasil agudizó aún más al sistema financiero argentino que comenzó a sentir los efectos ocasionados a través del retiro de depósitos desde el exterior, producto del desconcierto generado en nuestro país. Los bancos y empresas de primera línea se vieron impedidos de renovar fuentes de crédito externo. La crisis de liquidez afectó particularmente a entidades mayoristas. Esto produjo, a su vez, una generalizada desconfianza por parte de inversores y ahorristas locales sobre la solidez de las entidades, llevándolos a retirar sus depósitos y agudizar más aún el problema. (Frenkel, R, 2005)

Durante 1998, la economía argentina mostró dos comportamientos claramente diferenciados. En la primera mitad del año las tasas de crecimiento de la actividad fueron superiores al 7% interanual, reflejando gran capacidad de absorción de los problemas financieros mundiales que se habían iniciado a mediados de 1997 con la crisis asiática. En la segunda mitad, especialmente luego del "default" ruso, la incertidumbre que ya había alcanzado a algunos países de la región se propagó sobre la economía argentina.(Yoguel, 2002)

La suma de factores externos iba a influir a futuro en la economía argentina. Como sostiene Katz, (2003): “… El default ruso, los serios problemas fiscales de Brasil y la caída de los precios internacionales de los productos exportables, determinaron una fuerte desaceleración de la economía argentina”.

Los esfuerzos por mantener el cumplimiento de las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), sumado a las conversaciones iniciadas rápida y decididamente con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo a efectos de obtener financiamiento de ambos organismos, lo que se logró con éxito y en tiempo récord, permitieron que la Argentina vuelva a ser el primer país emergente en lograr el retorno a los mercados internacionales de deuda. (Gatto, 2004)

No obstante, en la devaluación de Brasil registrada en enero de 1999, las variables monetarias no reflejaron caídas en los depósitos bancarios ni en los préstamos al sector privado, que permanecieron estables. A pesar de su gravedad, en esta oportunidad este hecho externo no impidió que la Argentina siguiera obteniendo financiamiento del exterior. A diferencia de la crisis desatada por México en 1994, la solidez del sistema financiero argentino permitió enfrentar el escenario actual de sucesivas y graves crisis internacionales sin la necesidad de recurrir a medidas recesivas. Durante el cuarto trimestre de 1998 se sintió en los sectores productivos el efecto de la crisis que se había originado en Asia, que continuó con la devaluación rusa y terminó afectando a la economía brasileña.

Si bien, a principios de 1998 la Argentina había logrado evitar el contagio de la crisis asiática, ya no fue posible evitar el deterioro que el default ruso provocó en la situación financiera internacional y doméstica, con secuelas muy negativas sobre el sector real. Luego de crecer más del 7% interanual en el primer semestre, el PIB aumentó sólo 3,2% en el tercero y se contrajo 0,5% en el cuarto.” (Gatto, 2003)

Independientemente de sufrir estas sucesivas crisis externas, cuya magnitud registra pocos antecedentes, la Argentina siguió exhibiendo una situación financiera relativamente sólida. En esta oportunidad, la desaceleración de la economía está originada principalmente en factores exógenos, incluyendo una importante caída de la tasa de crecimiento mundial, una significativa reducción de los precios de los commodities y la devaluación de Brasil. En el segundo semestre de 1998 la economía argentina comenzó a sentir los efectos de la crisis internacional, provocada primero por la decisión de Rusia de no cumplir con sus compromisos externos, y luego, hacia fin de año, agravada por la devaluación Brasileña, principal socio comercial de la Argentina. (Quintar, 2003)

Esto se desarrolló en una coyuntura en la cual se produjo un pronunciado deterioro de los términos del intercambio, debido, fundamentalmente, a la baja del precio de las exportaciones de origen agrícola, en marzo de 1999 los precios de los commodities se encontraban un 35% por debajo de los del mismo mes de 1997.

Al mismo tiempo, se produjo una revaluación del dólar, y por ende del peso. Ambos factores afectaron fuertemente la competitividad de los productos locales. Todo esto produjo una caída de las exportaciones (-25% interanual en febrero) y de las importaciones (-19%), conllevando a un aumento del déficit de comercio exterior (-432 millones de dólares en Febrero). (Aspiazu, 2003)

Este punto fue muy importante, pues diferencia claramente esta coyuntura de la crisis del “tequila”. Durante la crisis mexicana los precios de las exportaciones se encontraban en niveles muy superiores y el volumen de las exportaciones se hallaba en crecimiento. Así, la crisis “mexicana” produjo un shock eminentemente financiero, mientras que las crisis posteriores afectaron profundamente a la economía “real”, a los precios de los bienes transables, perjudicando fuertemente la competitividad internacional de la Argentina lo cual complicaría severamente su situación a futuro. (Yoguel, 2002)

Esta claro que Argentina, no aprendió de la lección mexicana de 1994 y fue más lejos aún dentro de su sistema económico. Lo antes expresado se puede observar a través de los famosos teso-bonos (obligaciones contraídas en pesos pero pagaderas en dólares) que nuestro país tomaba sin los correspondientes márgenes de control, lo cual con el transcurrir de los años durante la convertibilidad estas obligaciones comenzarían a ser eclosión dando como resultado una crisis y el consecuente derrumbe del sistema económico argentino.

El economista Joseph Stiglitz, (2002) ha señalado que:

“En un mundo de tipos cambiarios volátiles, fijar una moneda a otra como el dólar es muy arriesgado. Hace años que se debía haber aconsejado a Argentina que abandonara ese sistema cambiario. La globalización expone a un país a enormes sacudidas. Las naciones deben enfrentarse a esas sacudidas. Los ajustes de los tipos de cambio forman parte del mecanismo de globalización”.

Retomando el concepto “Crisis del Tequila”, podemos señalar que esta produjo posteriormente en Argentina un período de transformaciones dentro del sector bancario, signado por cierres, privatizaciones, fusiones y adquisiciones de entidades. Estos cambios se tradujeron en una fuerte caída del número de bancos y en un aumento en el tamaño promedio de los mismos, con la desaparición de entidades que típicamente financiaban a las PyMEs, a las familias y a las economías regionales. En consecuencia, los depósitos, al igual que los créditos, no sólo crecieron sustancialmente, sino que también tendieron a concentrarse en un grupo reducido de entidades. Todo esto no hizo más que acelerar el ritmo de los problemas económicos y de las urgencias fiscales. (Machinea, J. L., Bein, M., Dal Poggetto, 1996)

Desde mediados de los noventa, el sistema económico mostró que no tenía capacidad para atraer las divisas necesarias para el crecimiento. El abastecimiento de dólares fue cubierto en principio por los montos percibidos por las diversas privatizaciones y luego, en una forma creciente, por el endeudamiento público destinado a financiar el déficit fiscal. (Kosacoff, 2003)

Entre 1992 y 1999, la economía Argentina necesitó de 90.000 millones de dólares para lograr financiar el creciente desequilibrio en cuenta corriente y para acumular reservas necesaria para respaldar la paridad del peso con el dólar. Los efectos de la crisis del peso mexicano de 1995 y posteriormente de la crisis asiática y la moratoria rusa, terminaron por desarticular los objetivos de la convertibilidad. A ello se agregaban los bajos niveles de ganancias obtenidos de las privatizaciones que se habían considerado necesarias como componente interno del financiamiento de la convertibilidad. Desde ese momento el estado debió asumir el 68 por ciento del financiamiento que originalmente había provenido del exterior. (Gutiérrez, 2004).

Durante el año 1999 la economía cayó, el PBI descendió casi un 3,5%, no obstante los montos de las colocaciones bancarias se mantuvieron estables, aunque el nivel crediticio sí comenzó a descender, por falta de demanda de los individuos.

Llegamos así al año 2000 donde la recepción de depósitos se detuvo y, a partir de marzo del 2001, comenzó a caer irremediablemente. La crisis del sistema financiero argentino, había comenzado.