COOPERACIÓN Y CONFLICTO EN EL MERCOSUR

COOPERACIÓN Y CONFLICTO EN EL MERCOSUR

Coordinadora: Noemí B. Mellado

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1. Marco referencial del nuevo regionalismo

Los procesos latinoamericanos de integración de la década de los sesenta eran congruentes con las figuras de la unión aduanera y la zona de libre comercio como excepciones a la cláusula de la nación más favorecida consagrada en el artículo XXIV del GATT.

Además se caracterizaban por instrumentar aranceles más altos, por fijar excepciones a la liberalización, reservas y políticas sectoriales.

Ellos respondían al pensamiento de integración de esa época3 y se los concebía como un complemento regional a las estrategias nacionales de desarrollo de la industrialización sustitutiva, protegiendo a los mercados de las exportaciones de los países desarrollados con el fin de reducir las presiones propias del desarrollo hacia adentro.

Algunos autores lo han llamado regionalismo defensivo frente al regionalismo abierto u ofensivo acuñado por la CEPAL,4 caracterizando al primero por su carácter cerrado y excluyente, frente al segundo, que permite múltiples relaciones interregionales5.

A partir de los noventa, en un marco ideológico neoliberal, los países latinoamericanos tendieron a buscar nuevas alianzas.

Se produjeron dos tipos de fenómenos: por un lado la reactualización de antiguos agrupamientos, casos como el Pacto Andino que devino en Comunidad Andina .CAN-; por otro, se generaron nuevos, tales como el Grupo de los Tres -G3-y el MERCOSUR.

Estos nuevos regionalismos responden a nuevas concepciones en materia de política económica tendiente a acelerar los ritmos de integración y otorgar un mayor protagonismo al sector privado, en función de una nueva articulación entre las elites políticas y empresariales, identificadas con el neoliberalismo6.

A este regionalismo, derivado de la política comercial estratégica aceptada por la nueva Teoría del Comercio Internacional, que utiliza a la integración regional como mecanismo para promover los intereses de esta original alianza entre Estados nación y empresas transnacionales o empresas nacionales, se lo ha denominado regionalismo estratégico7.

El desplome del bloque soviético arrasó consigo la confrontación Este-Oeste que caracterizó al sistema bipolar de guerra fría.

En este marco, EEUU lanzó el proyecto estratégico de la Iniciativa Bush para las Américas8, poniendo énfasis en el comercio y la inversión atada al plan Brady de renegociación de la deuda externa, tendiente a crear las condiciones necesarias para adquirir una mayor competitividad en el mercado internacional y formar un espacio económico ampliado en el ámbito hemisférico.

De este modo logró un acuerdo con los países del MERCOSUR conocido como .cuatro más uno., cuyo propósito era compatibilizar la integración subregional con la Iniciativa Bush y extender sus relaciones comerciales con los países de la Cuenca del Caribe, agregando su vinculación con México a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte .TLCAN-, en el que se incluyó también a Canadá.

A través de una mayor vinculación comercial, EEUU trató de integrar bajo su égida a treinta y cuatro países del hemisferio, excluida Cuba, convocando a la primera Cumbre de las Américas en Miami.

En ella se acordó crear el Área de Libre Comercio de las Américas .ALCA-.

En la misma época la CEPAL incorporaba el regionalismo abierto en el debate teórico latinoamericano mediante la publicación de su tesis sobre el tema.

Entendía por tal el .proceso de creciente interdependencia económica a nivel regional, impulsado tanto por acuerdos preferenciales de integración como por otras políticas en un contexto de apertura y desreglamentación, con el objeto de aumentar la competitividad de los países de la región y de constituir en lo posible un cimiento para una economía internacional más abierta y transparente.9 , por tanto se trataba de conciliar la interdependencia emergente de los acuerdos de carácter preferencial y la impulsada por el mercado resultante de la liberalización comercial.

La integración sería un complemento de las políticas aperturistas tendiente a promover una mejor inserción en la economía mundial.

De allí que los actores privados pasarían a formar parte de esta estrategia con el fin de otorgar legitimidad a los procesos en un contexto de tendencias globalizantes y aperturistas, sosteniéndose una mayor participación .de actores no-gubernamentales...en el diseño e implementación de las políticas.10 .

Las economías nacionales emprenden así el camino hacia sistemas económicos abiertos e interdependientes en los que se destaca el protagonismo del capital trasnacional, conformando un espacio capitalista universal que lleva en la lógica de su desenvolvimiento la intensificación de la competencia entre países, regiones, sectores y actores sociales, inmersos todos en una disputa por el dominio de los mercados.

De este modo, recrudecen las prácticas de actuación monopólica y oligopólica de los grandes grupos económicos trasnacionales y locales, generando un mercado mundial discriminatorio.

Estas políticas de apertura convirtieron al mercado regional en un área de expansión del comercio y las finanzas de las economías desarrolladas.

Estas transformaciones se desarrollaron en el contexto de los procesos de globalización y regionalización.

Independientemente de que ambos fenómenos fueran objeto de estudio por parte de diversos analistas, con distintos juicios críticos o de aceptación, se convirtieron en centro de debate con implicancias para las políticas específicas en torno a su articulación.

Como señalan algunos autores, el énfasis en las variables globales tiende a subestimar las variables regionales o las especificidades de la dinámica regional11.

De allí que resulta necesario distinguir entre la regionalización, como tendencia o proceso a conformar regiones, y el regionalismo, como disposición explícita de crear acuerdos e instituciones regionales.

En este sentido el ALCA es comprensiva de los dos conceptos: regionalización porque pretendió crear un esquema de producción regional favorable para las ETN estadounidenses y regionalismo porque buscó establecer un marco institucional y legal limitado al Hemisferio, conforme a los intereses de Washington12.

Se generó así un esquema estratificado de relaciones mundiales cuyo centro está constituido por aquellas regiones de mayor dinamismo económico y es, entre estos ejes, donde se desarrollan las corrientes de comercio, transferencia de tecnología, servicios y flujos financieros.

En torno a estos polos se incorporan nuevas regiones a los procesos globales y configuran espacios económicos que dan lugar a tres grandes bloques: el de América Latina y el Caribe bajo la égida de Estados Unidos, el europeo en torno a Alemania y el bloque asiático encabezado por Japón13.

Ello ha llevado a que algunos autores sostengan el carácter .trilateral” del sistema internacional14 , otros su .unipolaridad.15 o.unimultipolaridad.16 en cuya cumbre se encuentra EEUU.

La dinámica de las fuerzas globalizadoras llevan a la regionalización, al obligar a las naciones y sectores a fortalecerse localmente para poder competir en el mercado mundial, no obstante, de propiciar una nueva división del trabajo hacia su interior y un crecimiento de los flujos comerciales entre sus integrantes.

Los acuerdos regionales se convierten en una etapa de trayectoria hacia el libre comercio general.

Independientemente de las tensiones que pudieren existir entre los procesos de globalización y regionalización y la discusión que pudieren generar, la regionalización se configura como una estrategia defensiva contra el exterior sobre la base de la cercanía geográfica, la participación de diversos actores, la convergencia de intereses y la voluntad política en crear un mercado más amplio, incrementar el comercio, inversiones y transferencia tecnológica y aumentar la competitividad.

La multidimensionalidad de los procesos de globalización y el de regionalización se asocia con una dinámica de niveles múltiples que, como lo expresa Tomassini, articula la interacción de diversos actores en ámbitos diversos que se organizan, tanto a nivel global, como regional y nacional, sin que se pueda evaluar la dinámica doméstica dejando de considerar los factores domésticos, regionales y globales.

No obstante, la simultaneidad de negociaciones y de acuerdos comerciales demuestran no ser obstáculo a la coexistencia con el multilateralismo cuyo orden jurídico se configura por el art. XXIV del GATT -en cuanto a zonas de libre comercio y uniones aduaneras-, el art. V del GATS -respecto a los servicios-y en la Cláusula de Habilitación -acuerdos preferenciales entre países con diferentes niveles de desarrollo-.

A diferencia de los acuerdos originales de integración, los actuales se distinguen por su contenido, en cuanto a los temas que incorporan -comercio de servicios, regulaciones de la propiedad intelectual, compras gubernamentales e inversiones-y el alcance de la materia regulada que, como expresa Halperín18 , en el pasado habían pertenecido a la órbita exclusiva de los gobiernos nacionales.

Estos temas inicialmente fueron contemplados en el TLC entre EEUU y Canadá y luego pasaron a engrosar la materia negociada en la Ronda Uruguay del GATT de la que surgió la OMC.

Así, la multiplicidad de acuerdos de libre comercio .de última generación., tienden a conformar un mapa de articulaciones económicas múltiples que ha dado en denominarse .spaghetti bowl.

El nuevo regionalismo va mucho mas allá de los acuerdos de liberalización comercial e incluye aspectos económicos, sociales, pol
íticos y culturales, en el marco de una voluntad política orientada a establecer una coherencia regional.

En el ámbito latinoamericano, la multiplicación de acuerdos de integración y de libre comercio, responden al mismo tiempo a una lógica económica y a una voluntad política.

Sin embargo, ignoran la dimensión cultural e histórica, más allá de lo retórico.

De la misma manera, es común en los gobiernos impulsar la integración sin tomar en consideración la participación de los diversos sectores de la sociedad civil, afectando su legitimidad.

Además se asiste a una propensión de extender geográficamente los procesos subregionales de integración llegando a tener una dimensión continental e interregional.

El nuevo regionalismo como proceso se expande simultáneamente en dos niveles: intrarregional e interregional.

El primero apunta a la conformación de bloques económicos basados en la cercanía geográfica, a diferencia del segundo que se desarrolla entre bloques o países que no tienen contigüidad geográfica, así los acuerdos MERCOSUR/UE.