MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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3.2. NAFTA

NAFTA, desde el punto de vista conceptual, es un proyecto muy diferente de la UE y del MERCOSUR. A primera vista, es un área de libre comercio. No tiene instituciones comunes, ni concede la migración entre los países miembros, ni tiene la intención de practicar políticas comunes.

Sin embargo, NAFTA no es un simple TLC, pues incluye además aspectos económicos y políticos importantes. Económicamente, el carácter del NAFTA se expresa en la liberación casi completa de los flujos de capitales y la realización del principio de trato nacional de inversionistas extranjeros (Canadá y EE.UU.). Este último punto es de suma importancia bajo las condiciones de la globalización, porque permite a las empresas transnacionales introducir redes internacionales de producción en toda la región y en países afuera del tratado. De esta manera es posible alojar a los recursos según las ventajas competitivas de México, Canadá y de los EEUU. Según Ethier (1998), la internacionalización o regionalización de la producción es una de las características centrales del NR. De tal manera, NAFTA se clasifica como una región que lleva importantes elementos de la integración profunda. La evidencia empírica sobre el NAFTA, tanto como los resultados de los modelos cuantitativos de equilibrio, reiteran la importancia de la liberalización de los flujos de capitales y de las inversiones directas extranjeras. Mientras se estima que los efectos de la liberación del comercio intra-regional sean muy moderados en el caso de NAFTA, los efectos del uso más intenso del capital aparecen como las principales fuentes del crecimiento económico adicional. Las inversiones directas, en particular, aceleran las transferencias
de tecnología y mejoran la colocación de los recursos.

De hecho, los flujos de inversiones directas hacía México han crecido substancialmente durante los últimos 12 años. Es interesante señalar cuales son los sectores en México que disfrutan del capital extranjero. Por un lado, son aquellos sectores que usan relativamente
mucho trabajo, como la industria de textiles y el sector de las maquiladoras (Preusse, 2004). Por otro lado, son los servicios modernos, como los bancos y la industria automotriz, los que han recibido mucho capital extranjero.

Hay que destacar que, en una sola década bajo el régimen del NAFTA, la industria de automóviles se ha integrado en la red norteamericana de producción. Como consecuencia de ello, hoy en día, los automóviles producidos en México son competitivos no sólo en el NAFTA, sino también en el ámbito global.

A ese éxito hay que valuarlo con referencia a la fe de la misma industria en el MERCOSUR: allá, los mismos productores, con las mismas capacidades de tecnología y gestión, no han levantado cabeza y aún producen ineficientemente.

¿Cuales, entonces, son las causas de estos desarrollos tan diferentes? Un candidato muy importante es el ámbito institucional. En concreto, las condiciones institucionales del MERCOSUR no permiten a la industria automotriz incluirse con éxito en la red global de la producción. Pero sin esta integración, la industria (y la región) tampoco tienen perspectivas atractivas.

A pesar de los ejemplos de desarrollos industriales favorables en el NAFTA, no todo va bien en México. Aparentemente, el sector “otras industrias“, en el que quedan muchas empresas pequeñas y medianas mexicanas, no ha recibido muchas inversiones extranjeras. Además, las empresas nacionales no tienen acceso a los mercados internacionales de capitales. Por eso tienen que financiarse por el sector bancario nacional, que ofrece condiciones menos favorables. Por lo tanto, esas empresas mexicanas tienen que sobrevivir en el difícil proceso de reestructuración bajo condiciones específicamente desfavorables.

Como ya he mencionado, NAFTA concede el flujo libre de capitales, pero no el del trabajo. Al contrario. Del punto de vista de los EE.UU., una de las ventajas más grandes del NAFTA es la disminución de los flujos de inmigrantes mexicanos.

Esta esperanza vive de dos convicciones distintas. Primeramente, se espera que los emigrantes amenacen a la economía, al empleo y a la identidad nacional americana. En segundo lugar, el NAFTA trabajará en contra de esa migración (mexicanos a los EE.UU.) y de las amenazas que cause.

Analizando el asunto económicamente, hay que diferenciar entre los efectos a corto y a largo plazo. A largo plazo, la inmigración, al igual que el flujo de capitales, contribuirá a la convergencia económica de los participantes del área de libre comercio, siempre y cuando el proceso de integración funcione bastante bien. Un aspecto importante es que la migración (que se realiza fuera del sistema NAFTA) provocará una reducción relativa de los sueldos (del trabajo menos cualificado) en los EE.UU. y una suba relativa y absoluta en México. Pero con el efecto de crecimiento continuo a largo plazo, el nivel de vida seguirá subiendo en toda la región.

Entonces, la perspectiva a largo plazo revela que los obstáculos de la inmigración que existen en el NAFTA son contraproducentes, porque interrumpen el proceso de convergencia y la disminución de la migración.

A corto plazo, el impacto de la formación del TLC es más complejo.

La liberación de los mercados internos da señales para una realocución de los recursos según las ventajas comparativas. Por eso hay que esperar que unas industrias vayan a crecer y otras tengan que re-estructurarse o sufrirán perdidas. De esta manera, durante el proceso de ajuste, el desempleo tiene tendencia a subir y las condiciones para subir los sueldos disminuyen. Al mismo tiempo, en la región integrada, las informaciones de la población en cuanto a la posibilidad de encontrar empleo en los países vecinos mejoran mientras que los costos de la inmigración bajan. Bajo estas condiciones, hay que esperar que la inmigración crezca a corto plazo. Los datos indican que esto realmente sucedió en el NAFTA2.

No extraña entonces que la percepción del NAFTA en los EE.UU. es ambivalente. Sí hay que reconocer que el NAFTA ha sido exitoso en el ámbito económico. Pero no parece contribuir a la solución del problema de la migración. Sidney Weintraub lo llevó al punto exacto, diciendo que el NAFTA en los EE.UU. se considera ‘a politically unpopular economic success’.

Finalmente, hay que destacar unos aspectos del ámbito internacional de la época en que se implementó el NAFTA. El tratado fue establecido durante una época de grandes turbulencias en el campo de la política económica internacional. En 1993, la UE implantó el mercado común que ya había anunciado en 1986. En esta época muchos observadores temieron que la UE regresara al proteccionismo.

El término ‘fortaleza Europa’ apunta bien al miedo que los países externos sufrieron en cuanto al futuro de Europa. Además, las negociaciones del GATT de la Ronda de Uruguay no progresaban y el futuro del modelo multilateral era puesto en duda. En este ámbito, los EE.UU. recurrieron al regionalismo como instrumento de avance en el proceso multilateral. México, a su vez, huyó hacía el NAFTA para asegurarse el acceso a su mercado principal. Al mismo tiempo, el presidente Mexicano, Carlos Salinas –al igual que Bush en los EE.UU.–, quería poner las reformas mexicanas en una base más estable por medio de un acuerdo regional. Así, se puede constatar que el NAFTA, igual que la UE y el MERCOSUR, nació en un conjunto de constelaciones internas y externas, políticas y económicas.

Resumimos: El NAFTA, con algunas pocas excepciones, no tiene objetivo de establecer instituciones comunes. Ni México, ni los Estados Unidos, ni Canadá, tienen la intención de compartir su autonomía política con los otros. Sin embargo, la liberación del comercio intra-regional ha sido muy eficaz. Hoy en día, casi todos los bienes pasan las fronteras sin barreras arancelarias. Las exportaciones e importaciones crecieron notablemente. Y además, la liberación de los flujos de capitales, de las inversiones extranjeras directas en particular, ha contribuido a cambiar la estructura productiva en la región, aumentando el grado de integración de manera significativa.

La experiencia del NAFTA indica que el proceso de integración regional necesita mercados abiertos de bienes y de capital para progresar.

Pero no parece mandatario que el proceso de integración de los mercados sea apoyado por instituciones políticas comunes de tipo europeo.