MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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3. Significación económica

La adhesión de Venezuela al MERCOSUR adquiere significación económica, no sólo por su PBI cercano a los US$ 133.000 millones y una tasa de crecimiento anual de un 9%, sino que en recursos petrolíferos tiene reservas de 79.7 mil millones de barriles12, representativas del 7% del total mundial, convirtiéndola en el principal productor de hidrocarburos de América del Sur. Ocupa el octavo lugar como productor mundial de petróleo -3 millones de barriles por díay uno de los mayores exportadores mundiales; sin embargo, el 60% de las exportaciones venezolanas de petróleo se concentran en Estados Unidos. En gas tiene reservas de 4.32 billones de m3, las más importantes de América del Sur, mientras que en la explotación únicamente alcanza al 28.9 miles de millones de m3, siendo superada en primer lugar por Argentina, seguida por México y Trinidad Tobago. Estos datos revelan que es el principal eje energético de Sudamérica.

En este sentido, desde ese país se proyectan dos líneas de acción.

Una impulsa la iniciativa de Petroamérica13, definida por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) como “una propuesta de integración energética de los pueblos del continente”, enmarcada en la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) y concebida como un “habilitador geopolítico” orientado hacia el establecimiento de mecanismos de cooperación e integración, utilizando los recursos energéticos de las regiones del Caribe, Centroamérica y Suramérica. Aquí confluyen las iniciativas de: Petrosur14, dirigida a establecer mecanismos de cooperación e integración a través de una alianza estratégica entre las compañías petroleras estatales de Brasil (PetróleosBrasileiros S.A. -PETROBRÁS-), Argentina (Energía Argentina S.A.

-ENARSA-), Uruguay (Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Pórtland -ANCAP-) y Venezuela (PDVSA); Petroandina, tendiente a impulsar “la interconexión eléctrica y gasífera, la provisión mutua de recursos energéticos y la inversión conjunta en proyectos” de los países de la CAN; y Petrocaribe, dirigida a los países de la región caribeña15. Otra línea de acción es la creación del Gasoducto del Sur guiado a abastecer a los países del MERCOSUR.

El liderazgo que va adquiriendo Venezuela en materia energética en el espacio sudamericano se ve corroborado por los más variados acuerdos que va logrando.

En el ámbito del MERCOSUR ellos son producto de condicionantes externas derivadas del incremento del precio del petróleo en el mercado internacional que lleva a los países consumidores a buscar un trato preferencial; a ello se agrega el interés demostrado por los productores y consumidores en los proyectos de gasoductos, pero también hay factores internos que inciden y se relacionan con los problemas domésticos de índole energética que afronta cada país.

En efecto, el panorama argentino no es muy alentador ya que tiene una matriz energética primaria que muestra una fuerte dependencia de los combustibles fósiles. Ella está configurada en un 45% por gas natural, un 43% de petróleo y le siguen en orden de importancia un 4% de hidráulica y el 3% de nuclear. Las reservas son acotadas en el tiempo de 12 años para el gas y 9 años en petróleo.

Argentina tiene reservas de petróleo de 2.3 mil millones de barriles las que son superadas por Brasil con 11.8 mil millones de barriles16. Brasil produce 1,718 millones de barriles diarios y Argentina 725 mil barriles diarios17. En cambio, en reservas de gas natural Argentina tiene 0.42 trillones de m3, Brasil, 0.35 trillones de m3.

Ambas son superadas por Bolivia con 0,74 trillones de m3 y Venezuela con 4.32 trillones de m318.

Brasil muestra una gran dependencia de Bolivia. Casi el 50% del gas que consume diariamente es boliviano y un 80 % del área industrial de San Pablo es abastecida por esta fuente.

En este marco, en ocasión de la XXVIII Cumbre Presidencial19 se acordó profundizar la integración energética por medio de los proyectos del “Gasoducto Sudamericano” y del “Anillo Energético” con el fin de crear una red que garantice independencia gasífera y de energía eléctrica en Sudamérica. Cabe preguntarse si estas acciones constituyen el eje de un proceso de integración sectorial virtuoso.

Respecto al Anillo Energético Sudamericano, es un proyecto lanzado desde la Iniciativa de Infraestructura Regional Sudamericana -IIRSA-, aunque la idea se origina en Lima -13 de junio de 2005- a propuesta de Perú, Argentina, Brasil, Uruguay y Chile con el propósito de conectar las reservas de gas peruanas de los yacimientos de Camisea con Chile, para luego empalmar con las tuberías existentes que llegan a la Argentina, Brasil y Uruguay.

Siguiendo el camino de la mentada integración energética se suscribe el Acuerdo20Marco sobre Complementación Energética Regional entre los Estados Partes del MERCOSUR y Estados Asociados -República de Chile, República de Colombia, República de Ecuador y República Bolivariana de Venezuela-, en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), cuyo objeto es contribuir a avanzar en la integración energética regional en materia de los sistemas de producción, transporte, distribución y comercialización de energéticos en los Estados Partes, con el fin de asegurar los suministros energéticos y establecer las condiciones para minimizar los costos de las transacciones de intercambio energético entre dichos Estados, asegurando una valorización justa y razonable de dichos recursos, fortaleciendo los procesos de desarrollo de manera sustentable, respetando los compromisos internacionales vigentes, así como los marcos regulatorios vigentes en cada Estado Parte (Art. 1). Por el Artículo 6 llama a establecer la integración energética entre las partes por medio de “acuerdos regionales, subregionales o bilaterales”, orientados a ampliar el intercambio comercial de hidrocarburos; la interconexión de las redes de transmisión eléctrica, de gasoducto y otros productos hidrocarburíferos; la cooperación “en la prospección, exploración, explotación e industrialización de los hidrocarburo” y para incrementar las reservas y evitar los eventuales problemas medioambientales, llevan a buscar fuentes de energía renovables y energías alternativas.

En esa ocasión y en el marco de la XXIX Cumbre de Presidentes del MERCOSUR, la Argentina, Brasil y Venezuela suscribieron un acuerdo de prefactibilidad técnica y económica y crearon el Comité Multilateral de Trabajo para la construcción del Gasoducto del Sur21.

También invitaron a otros países del continente a sumarse a la iniciativa en el marco de la empresa petrolera conjunta Petrosur.

La propuesta del presidente Hugo Chávez de unir Puerto Ordaz con el Río de la Plata atravesando el Amazonas brasileño, en principio es vista con interés por la Argentina22 y Brasil. Independientemente de los aspectos técnicos en cuanto a su extensión23, como pasaría por territorio selvático podría tener impactos ecológicos y quizá provocar daño ambiental. Si bien Venezuela tiene las reservas de gas más importantes de América del Sur y por ello ocupa el octavo lugar en el mundo, no tiene infraestructura para explotarlas. La construcción del “Gasoducto del Sur” implicaría entonces desarrollar la exploración del fluido también en los mismos yacimientos.

Pável Alemán24considera que este proyecto puede ser obstaculizado por la reactivación del anillo energético. En este sentido, considera que Bolivia es el único país que puede liderarlo porque Argentina, aunque posee mayores reservas de gas que Brasil y Perú, tiene un alto consumo, en cambio las reservas bolivianas, no obstante de ser menores a las venezolanas, no se encuentran afectadas por compromisos.

El 90% de las reservas venezolanas están asociadas a la extracción de petróleo y comprometidas por contratos ya firmados.

También se suma a lo anterior el hecho de que Venezuela tiene una cuota de explotación petrolera fijada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en consecuencia el megagasoducto sólo sería viable si descubriera nuevos yacimientos no asociados a la explotación de petróleo25.

La propuesta del Gasoducto del Sur causó malestar entre los países del MERCOSUR. Paraguay y Uruguay se consideraron excluidos y no tenidos en cuenta por parte de los países mayores de la región a la hora de tomar decisiones trascendentes para el futuro subregional, sin embargo participan en el proyecto del anillo energético.