MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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3.3.2. Ventajas potenciales

La creación de más comercio intrazonal es el leit motiv para iniciar un proceso de integración, toda vez que la práctica eliminación de las barreras al comercio regional lleva, generalmente, a incrementar los intercambios dentro de la zona, dadas las ventajas comerciales que resultan para la circulación y la venta de los productos originarios de los países implicados, en detrimento -en una primera época- de flujos comerciales existentes con terceros países y generándose, después, nuevos intercambios con el mundo. Y es que hoy en día no se conciben los procesos de integración como fortalezas aisladas47.

El MERCOSUR y la CAN son ejemplos expresivos en este sentido, conviene recordarlo, pues la Unasur se sustenta en ellos y en su convergencia gradual hacia una zona de libre cambio gracias a los acuerdos de libre comercio suscritos entre sus países miembros. En la época de su creación (1991), el comercio entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay rebasaba ligeramente la cifra de 5.000 millones de dólares y en 2005 alcanzó los 42.350 millones de dólares. El valor del comercio hacia el exterior en 1991 era de 80.000 millones de dólares y en 2005 llegó a 273.151 millones de dólares. En este mismo periodo el comercio dentro de la CAN ha pasado de 2.000 millones de dólares de un total de 51.000 millones de dólares en 1991 a 19.244 millones de dólares de un global de 171.382 millones de dólares en 2005. Y el alza del flujo de comercio entre los países miembros del MERCOSUR y la CAN no ha sido en detrimento del intercambio con otros países48. El crecimiento de la relación comercial es, pues, incuestionable, a pesar de que la tasa de participación del comercio intrazonal con respecto al mundo es baja (en torno al 16% en el MERCOSUR y el 11% en la CAN), por lo que deberían adoptarse medidas para su corrección.

Los datos comerciales relativos a las relaciones entre la CAN y el MERCOSUR antes analizados también reflejan el incremento progresivo de los flujos comerciales entre ellos en los últimos años. Y las cifras deberían ser mayores cuando la zona de libre cambio esté operando a pleno rendimiento, una vez finalizados los periodos transitorios previstos por los diversos acuerdos de complementación económica que vinculan a sus Estados miembros. De hecho, desde que se intensificaron las negociaciones para suscribir el ACE 59 en 2003 es sensible el alza registrada del comercio entre ambos socios, mostrando el dinamismo de la relación comercial. Ello está contribuyendo a la creación de nichos en el mercado de los nuevos socios que hasta ahora no estaban a su alcance y a desarrollar los que ya existían, pero sólo limitadamente, a pesar de contar con productos competitivos, como son -por ejemplo- el aluminio, el vidrio y los productos petroquímicos andinos para el mercado mercosureño o productos oleaginosos y carne mercosureña en el mercado andino.

Hay que tener en cuenta, en segundo lugar, que la creación de una zona de libre cambio puede servir para promover una diversificación de la estructura productiva que permita la exportación de productos no tradicionales, disminuyendo así la vulnerabilidad actual de sus intercambios comerciales a los cambios bruscos de los precios en el mercado mundial. El patrón de especialización de los países sudamericanos ha sido superavitario en bienes primarios y deficitario en bienes industriales, con consecuencias negativas para su desarrollo económico. En este contexto, la integración regional aparece como una alternativa para mejorar la calidad del comercio y desarrollar nuevas ventajas competitivas que permitan superar ese patrón de especialización, a través de una profundización de los procesos de diversificación que pueda producir un incremento de su comercio intraindustrial, ya que el intercambio predominante en los países sudamericanos se caracteriza por ser básicamente interindustrial y el desarrollo del comercio intraindustrial tiene la importancia de reducir la dependencia actual del superávit primario para financiar el déficit en bienes industriales, al tiempo que facilitaría el propio proceso de integración debido a los menores costes en los ajustes en la estructura productiva asociados con este tipo de intercambio49.

Más allá del comercio, la zona de libre cambio puede generar otros beneficios económicos para cada uno de los países que la integran y para la región sudamericana en su conjunto. Un estudio de 2005 evalúa el impacto potencial, tanto agregado como sectorial, del ACE 59 para el comercio y las economías mercosureñas y andinas implicadas, incluyendo a Bolivia. Los principales resultados ponen de manifiesto que este acuerdo debería tener un efecto positivo sobre el bienestar agregado (volumen de comercio, patrón de los intercambios, PIB y empleo) de cada país signatario, llevando a reducciones significativas tanto de pobreza como de desigualdad en la distribución del ingreso. Desde una perspectiva sectorial, habría países ganadores (sectores que aumentan la producción) y países perdedores (sectores que disminuyen su producción), de manera que la repercusión del ACE 59 en cada sector no sería la misma en términos de PIB, empleo, patrón de los intercambios y volumen comercial50.

A todo lo anterior hay que añadir, finalmente, que desde 2005 se están poniendo en marcha iniciativas que pueden redundar en otros beneficios económicos importantes para dinamizar la integración sudamericana, según fue expuesto en páginas precedentes, debido a los contratos de construcción.

En el mismo plano económico cabe esperar igualmente que se produzcan otros beneficios nada desdeñables porque la culminación de la Unasur debería servir para alcanzar un reparto más equitativo de la riqueza, lo que presupone una cierta estabilidad y convergencia macroeconómica, así como una inserción más armoniosa de los países y bloques regionales que conforman Sudamérica en la economía globalizada; y adicionalmente impulsar la inversión en capital humano (educación, particularmente).

Finalmente, del estrechamiento de relaciones en Sudamérica al nivel político pueden derivarse algunos beneficios no estrictamente económicos , como son la consolidación de la democracia y el fortalecimiento del sistema de protección de los derechos humanos o la mejora de la capacidad negociadora de sus países y bloques regionales de integración frente a Estados Unidos y la Unión Europea (por ejemplo, en futuras rondas de la ejecución del acuerdo marco interregional de cooperación de 1995 de la Comunidad Europea y el MERCOSUR, junto con sus Estados miembros, o en la negociaciones iniciadas en julio de 2007 con la CAN, en ambos casos con el objetivo de establecer una asociación estratégica que puede implicar, inter alia, la creación de una zona de libre cambio a ambas orillas del Atlántico, porque una voz común en política comercial que reúna a una buena parte de América Latina le daría más poder de negociación.